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30 de Julio de 2017

Una suegra que glorifique a Dios

Por  Nurys Llibre de Salcedo

¿Cuál ha sido tu reacción cuando tus hijos han anunciado sus próximas bodas? En esta página no cabría la multitud de reacciones diarias que no necesariamente son buenas. 

Reflexionemos sobre el caso de una madre que ha entregado su vida al Señor, teniendo el anhelo de glorificarlo en todo incluyendo en su rol como suegra.

Mucho se ha escrito sobre las suegras, quienes han quedado muy mal paradas en cuentos, chistes e historietas, siendo escasos los elogios a la madre de la persona con quien se pretende compartir la vida “hasta que la muerte los separe”, aquel príncipe (o princesa) cuyos defectos en ese momento ni siquiera se aprecian pues, solamente se presta atención a sus cualidades. Se olvida que fue la “suegra” quien llevó a esa pareja en su vientre.

Según el Diccionario de la Real Academia (RAE) la palabra suegra se define como sigue:

Rodete para llevar peso sobre la cabeza: Esta definición llamó mi atención –aunque no es el tema que tratamos- pues para muchos la suegra no es la madre de ese ser adorable sino la carga más pesada que se nos ha requerido aguantar.

He escuchado expresiones como: “mi matrimonio fuera maravilloso, si mi marido fuera huérfano” aunque parezca cruel, tristemente esa es la realidad aun de aquellas mujeres que ocupan un lugar en el banco de la iglesia cada domingo, o dirigen ministerios para mujeres. 

¿Cómo podemos aconsejar a una mujer que ama a Cristo y está interesada en glorificarlo en esta etapa de su vida? 

El primer consejo, es que debemos ir a las Escrituras. En el libro de Rut encontramos características que no pueden faltar en ninguna suegra cristiana, como son el amor, compromiso, devoción, intencionalidad en cada situación, cuyos resultados los encontramos en la respuesta de Rut en el capítulo 1 versículos 16-17 “Pero Rut dijo: No insistas que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada. Así haga el Señor conmigo, y aún peor, si algo, excepto la muerte, nos separa. 

¿Fue casualidad tal respuesta? Rut se encontraba frente a su suegra que la motivaba a rehacer su vida luego de haber enviudado al morir el hijo de Noemí. Esta era una relación al “estilo de Dios”. 

En Su Omnisciencia, Dios nos dejó este libro pues conocía las dificultades de las relaciones entre suegras y nueras –quienes en muchas ocasiones producto de su pecado se enfrascan en una disputa por el amor de la misma persona.

Podríamos pensar que esta historia es una falacia pues, en la vida real no se puede dar tal relación entre dos que aman profundamente a un tercero (a) y que llegue a ser un testimonio para otros que a la vez glorifique a Dios.

El segundo consejo, es que debemos asirnos de la oración. Si queremos ser victoriosas debemos percatarnos de nuestra impotencia y ejercitar la fe en la Gracia de Dios; recordemos Sus palabras en Juan 15:5 cuando nos dice que separadas de El nada podemos hacer.

Él está dispuesto a ser nuestra ayuda y nuestro soporte si renunciamos a nuestras actitudes pecaminosas de celos, envidias, y otras más. 

Finalmente, el tercer consejo es que no tratemos de cambiar a la otra persona pues, en el fondo queremos adecuarlas a nuestros intereses, lo cual restringiría su libertad de toma de decisiones y quitaríamos a Dios el crédito que solo le corresponde a Él.

Encomendémonos nosotras mismas a Dios en oración para que nos revele las áreas que debemos cambiar –no la otra persona, sino nosotras mismas- y rindámonos para que lo haga en Su tiempo. Así podemos disfrutar de Su Gracia.

Cuando seamos desafiadas, agredidas y hasta menospreciadas, debemos aferrarnos en oración del dominio propio y paciencia en la espera, asumiendo una actitud de respeto y aguardando el momento preciso para aclarar situaciones. 

Glorificamos a Dios, cuando:

  1. Pedimos perdón reconociendo que hemos provocado a la otra persona a ira; 
  1. Nos disponemos intencionalmente a amar a esa persona a pesar de cualquier situación;
  1. Ayudamos en la crianza y cuidado de nuestros nietos; y,
  1. Estando disponibles cuando nos necesitan.

Quizás te preguntes ¿cómo lograr esa actitud a pesar de lo que me han hecho? Dios no requiere que lo hagamos nosotras solas, sino que dejemos que Él lo haga a través de nosotras.  No resulta fácil, pero si diariamente practicamos el darnos intencionalmente a esa persona sin importar la situación, veremos que Él nos da la victoria. 

Si te encuentras luchando con una nuera o suegra difícil, reflexiona honestamente si estás poniendo tu fe en Dios, creyendo que solo Él basta; o si por el contrario, quieres hacerlo a tu manera, o la del mundo; en tu tiempo y no en el Suyo. De ser así, sacamos a Dios del centro de nuestras vidas y Su gloria jamás se verá reflejada.

 

Nurys Llibre de Salcedo

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