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30 de Julio de 2017

He decidido amarlo

Por  Omayra Pérez de Peña

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. Queridos hermanos, ya que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros” 1ª Juan 4:10-11

Llega el fin de semana y con él, también una lista larga de diligencias qué realizar, compromisos qué cumplir y pasatiempos por disfrutar. Estos incluyen ir al supermercado, afanar en casa, juntarme con amigas, llevar a mis hijas a clases de gimnasia y a “innumerables” cumpleaños, visitar a la familia, acompañar a mi esposo a reuniones hasta ir al parque, entre otras. Muchas cosas, poco tiempo, pero lo difícil es decidir.

Y es que decidir fue precisamente lo que hizo Dios con nosotros cuando Su juicio definitivo fue amarnos enviando a Jesús para salvarnos de nuestros pecados. De ese mismo modo como hijas Suyas, Él nos demanda que amemos a los demás, que amemos a nuestros esposos (v.11). Dios nos manda que elijamos amar a nuestros cónyugues.

Han sido meses durante los cuales pensar en silencio en esta verdad ha ocupado parte de mi tiempo y siempre termino cayendo en cuenta que Su mandato sigue siendo el mismo: "Ámalo como yo te he amado". Meses donde he sido confrontada y retada a que mi corazón determine amar. 

Es por esto que no tengo excusas delante de Dios, por más vueltas que quiera dar, no puedo escapar de Su mandato. Es por esto que he resuelto:

  • No desesperarme, más bien esperar con paciencia y sin irritaciones.
  • Enfocarme en vivir una vida agradable al Padre, que le exalte y ser justa al reconocer que soy igual o más pecadora que mi esposo, con un Dios que prefirió salvarme.
  • Creer que Dios tiene planes de bien y que mi esposo está esforzándose en parecerse al Rey.
  • No buscar lo mío propio, su felicidad debe ser la mía.
  • Sufrir con mi esposo.  ¿O no somos una sola carne?
  • Soportar sus días de "transición", días en los que quiere hacer lo bueno, pero no lo hace (…me pasa a mí por igual).
  • Someter mi voluntad a la perfecta, buena y agradable voluntad de Dios.
  • Decido amar, a pesar de mí, por amor a Dios, por adoración, por obediencia, porque ya no soy yo, es Cristo en mí.
  • Decido rechazar mis propios deseos egoístas, cómodos. Elegiré amar aunque mi esposo no lo merezca, aunque me rechace.

Resoluciones que serán imposibles de realizar sin la llenura del Espíritu Santo, sin intimidad con Dios en oración, sin la lectura y meditación de Su Palabra.

Sé que fallaré muchas veces; no obstante, me consuela y me da esperanza saber que Dios no es como yo y que ha prometido estar conmigo hasta el fin. 

Amadas, si estas “luchas internas” son reales en sus vidas, Su promesa es para ustedes también. Dios nos ayude a decidir amar, sobre todo, a nuestros esposos, para parecernos más a Él, para traer gloria a Su nombre.

 

Omayra Pérez de Peña

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