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02 de Agosto de 2017

Colaboradora: Elizabeth Jerez

Muchos de ustedes conocen las tormentas que he vivido desde que fui diagnosticada con Neuralgia del Trigémino en 2011; condición que siguió empeorando a pesar de la radiocirugía GammaKnife que me fue practicada en el 2015, y cuyo costo, Dios en su misericordia, cubrió a través de ustedes mi amada IBI. En mayo de 2016, sufrí otra crisis muy similar a la anterior, por lo que decidí consultar con otro neurocirujano,  que como única alternativa, me recomendó la cirugía de Jeanetta, que consiste en abrir el cráneo y colocar un sten entre el nervio trigémino y la arteria que lo esté comprimiendo. Hablé con Cathy y el Pastor Miguel, y ambos me recomendaron tratar de no practicarme esa cirugía en Santo Domingo, ya que como la Neuralgia Trigeminal es poco común (sólo afecta a 1 entre 30,000 personas), la población dominicana afectada con esta condición no permite que los neurocirujanos acumulen una vasta experiencia.

Por otro lado, hacía mucho tiempo que me había dedicado a buscar en internet cualquier información sobre médicos, nuevos tratamientos, hospitales, etc., y fue así como encontré la web del Facial Pain Association de Estados Unidos; y además, un Grupo de Apoyo para personas con Neuralgia del Trigémino en la ciudad de Minneapolis, donde vive mi hijo Jeffrey. Sin embargo, lo que más captó mi atención fue el joven neurocirujano Dr. Andrew Grande, de la Escuela de Neurociencia de la Universidad de Minnesota, quien junto a otros colegas, se ha dedicado a estudiar el nervio trigémino y el dolor facial. No les niego mis hermanos que en aquel momento no confié en Dios, sino en mis recursos económicos, y mis primeros pensamientos fueron que yo no tenía la más remota posibilidad de tratarme en los Estados Unidos.

Sé que pequé porque sólo pensé en resolver por mí misma, y no conté con Dios, sino que traté de ponerle límites, olvidando que El es el único Dios Eterno, Omnipotente e infinito! También pequé de miedo, porque no quería someterme una cirugía tan riesgoza por temor a morir. Siempre le había pedido a Dios que me permitiera pasar por esta vida sin tener que operarme ni de apendicitis! Me di cuenta y reconocí que tenía mucho temor a la muerte, pues insistía en preguntarle al Señor por qué si siempre le había pedido no tener que operarme, El permitía no sólo que tuviera que someterme a una cirugía, sino a una tan delicada como ésta!

Pero, en Su misericordia, Dios me hizo entender porqué me mantuvo todo el 2015 y 2016 "rumiando" sobre este versículo que El traía a mi vida por diferentes vías y de maneras hermosas y oportunas: "Bástate mi Gracia. Mi poder se perfecciona en la debilidad."  Verdaderamente, sólo Su Gracia y Su fidelidad me han traído hasta aquí y sólo Su Gracia me ha sostenido. Dios me ha hecho entender que sólo El me basta y me bastará siempre.

Luego de 30 años fuera de EU, llegué a Minnesota y comencé a hacer muchísimas diligencias, pero todo parecía lento y lleno de obstáculos. Una tarde me sentí tan triste, abrumada, sola y desorientada, que me tiré de rodillas porque mi alma sólo sentía una inmensa necesidad de llorar y llorar. Estaba muy triste y me sentía muy sola.  Lloré y lloré, y clamé al Señor, y le pedí que me ayudara, que me guiara y me mostrara el camino, que abriera puertas, y que me sostuviera para seguir adelante, que me abrasara y me hiciera sentir que El me llevaba en sus brazos. Hermanos, en ese mismo momento, Dios trajo a mi mente el Grupo de Ayuda para personas con Neuralgia del Trigemino del que había leido, asi que contacte la coordinadora, y ella fue como uno de los tantos ángeles que Dios ha puesto en mi camino.  Me dijo que yo no estaba sola y me dio mucho aliento; me habló de las reuniones del grupo, y de cómo los medicos de la Universidad de Minnesota la habían ayudado a través de su operación, al igual que a otros miembros del grupo. 

Y qué lejos estaba yo de la gran sorpresa que me tenía Dios! Cuando recibí la invitación para asistir a mi primera reunión del Grupo de Apoyo, no pude contener mis lágrimas al leer que el médico invitado ese día era nada más y nada menos que el Dr. Andrew Grande!  Oh Señor, gracias porque tus pensamientos no son nuestros pensamientos, ni tus caminos, nuestros caminos! 

Fue una reunión de interacción, así que me presenté y dije de donde venía, hablé de mi caso, y le expuse al doctor mi preocupación porque las medicinas para controlar el dolor se me estaban agotando, y como aún no tenía seguro médico no podía comprarlas en EU.  El puso mucho interés en mi caso, pues le llamó la atención que viniera de tan lejos, así que al final de la reunión habló conmigo y me dijo que ese lunes llamara a su oficina porque instruiría a su enfermera para que me preparara una receta.  Pero no sólo eso hermanos, sino que cuando llamé, el doctor también había indicado que tomaran mis datos para registrarme como paciente en la base de datos de su centro médico, y que además me hicieran una orden para unos análisis de laboratorio.  O sea, aún no me había consultado con él, y ya Dios me había hecho su paciente!  Díganme si eso es o no un milagro? Gracias buen Dios porque sólo Tú eres nuestro amparo y fortaleza; nuestro pronto auxilio en la tribulación! Clama a mí, y yo te responderé!

Hoy puedo testificarles que estoy muy agradecida de que Dios me trajera a este lugar, del cual me he enterado que es considerado como "la Meca en EU" para tratar el dolor facial.  Te alabo Señor mío y Dios mío, porque me permitiste honrarte y glorificarte  cuando en mi primera consulta, le testifiqué al Dr. Grande diciéndole como Tú me habías permitido llegar a Minnesota, a pesar de mi incredulidad. Le dije cómo todas estas vivencias eran la voluntad de un Dios bueno, Poderoso y Soberano, que estaba permitiendo que como médico él también fuera parte de esto que el mundo llama coincidencias, pero que como hija de Dios, yo sabía que era un milagro que apuntaba a  un propósito mayor.  El doctor me miró fíjamente y sonrió, y dijo:  “Yo también creo en Dios, y sé que todo lo que El permite, lo permite con un propósito!“

Ese día firmé la solicitud para la cirugía, y antes de una semana recibí la confirmación de que me operarían el 2 de febrero.  Ante la inminente realidad de la cirugía, mi oración al Señor fue que me diera paz y que me permitiera glorificar Su Nombre en medio de mi debilidad.  Y como El es bueno y lleno de misericordia, sus promesas se hicieron realidad en mi mente y mi espíritu. Ya no volví a sentir temor, ni dudas, ni angustias y sólo pensaba que Dios siempre está a mi lado, que El me puso un nombre nuevo y que soy suya, que El es mi Pastor aún en medio de valles de sombra y de muerte, que El ayudaría mi incredulidad, y que ya fuera una apendicitis o una micro descompresión vascular, El me compró a precio de sangre, El sostiene mi vida y me tiene en la palma de Su Poderosa Mano. 

Dios en Su fidelidad me llenó de paz, confianza, solaz, y el día de la cirugía, oré con el doctor, y le pedí a Dios que lo dirigiera y le diera sabiduría y destreza junto a su equipo.  Mi operación fue complicada porque hubo que cauterizar 3 venas y separar una arteria que prácticamente estrangulaban el nervio. Sin embaro, el doctor le dijo a Miguel cuán sorprendido estaba de la facilidad con que pudo operar un caso complicado en sólo 3 horas, cuando otros más sencillos le han tomado de 4 a 5 horas. Así mismo, todo el equipo se había quedado asombrado de la manera en que se comportó mi organismo durante toda la cirugía.

Qué hice para merecer este trato tan especial de Dios para conmigo? Por qué si lo único que había hecho era pecar y dudar de ti mi Señor?  Pero, El que nos ama de una manera incomprensible para nuestra limitada mente humana, me hizo ver que ese es Su carácter! Que es por Su Gracia, Su amor, Su misericordia, Su fidelidad! Todo lo que he vivido me ha ayudado a entender, valorar y amarlo más, y a atesorar más Su Gracia.  Que no se trata de mí, sino de El! Que no hay nada que yo haga, haya hecho o pueda hacer para merecerla!  El la otorgar porque El es Soberano. A mí me toca amarlo, honrarlo, glorificarlo, obedecerlo, y dar de gracia lo que por gracia he recibido en Cristo mi Señor y Salvador.

Gracias mis queridos hermanos, mi amada familia en Cristo por el amor conque me han acompañado a lo largo de todo este proceso, por levantar mis brazos cuando ya no podía más, por haber sido instrumentos de bendición en las manos de Dios, y sobre todo, por todas sus oraciones, individuales y corporativas. 

Gracias Señor por mi esposo Miguel, que me ha cuidado tan bien.  Gracias por mis hijos, mis hermanos y por toda mi familia. Gracias por mi grupo de pareja, especialmente mis hermanas. Gloria por siempre a ti buen Padre! Gracias por ayudarme en medio de mi incredulidad. Gracias Señor porque haces que todo obre para bien de los que te amamos; de los que has escogido según tus propósitos eternos.  Gracias por proveerme, sostenerme, cuidarme, por abrir puertas. Aleluya a ti que eres el Alto! Gloria siempre a ti el Sublime! Eterno! Omnipotente! A ti Señor de todo lo creado, a ti Dios lleno de Gracia, Amor y Misericordia.  Aleluya a ti, único Infinito y Sabio Dios! Jehová de los ejércitos es tu Nombre! Aleluya! Aleluya! Aleluya!

Elizabeth Peña de Jerez

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