IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

02 de Agosto de 2017

El cuidado de Dios en tiempos de dolor

¿Por qué te abates, alma mía,
y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez.
¡El es la salvación de mi ser, y mi Dios!

Salmo 42:11

Fue hace unas semanas. Íbamos a nuestra primera cita pre-natal muy contentos de ver a nuestro bebe. Unos meses antes en el Día de las Madres nos enteramos que íbamos a ser padres otra vez, nos abrazamos con lagrimas de alegría y agradecimiento al Señor y le dijimos a Priscilla (nuestra hija) que iba a tener un hermanito/a. Teníamos mucha ilusión, Priscilla a cada rato me sobaba  la pancita y le daba besos y decía con una sonrisa “bebe!.” Michel mi esposo y yo le hablábamos al bebe todo el tiempo y orábamos los 3 juntos por nuestro bebe. 

Entonces cuando llegamos al doctor y me hicieron el primer ultrasonido estábamos juntos los tres, vimos al bebe y los tres señalamos la pantalla, felices, dando gracias a Dios y ensenándole a Priscilla su hermanito/a. Pero entonces la doctora se puso un poco nerviosa y dijo “no encuentro el latido del corazón probaré algo mas.” Después de varios intentos volvió al cuarto y dijo “lo siento muchísimo, el bebe no tiene latido del corazón, hace dos semanas falleció” En ese momento en mi mente solo habían pensamientos y sentimientos de shock, de “esto no puede estar pasando,” de dolor, mezclados con confusión y una profunda tristeza. Michel salió del cuarto con Priscilla para proteger su corazón y yo me quede llorando, gritando de la angustia que sentía. Un dolor desgarrador. Pensaba llorando “mi bebe, yo lo veo allí en la pantalla, yo sentí las nauseas, el cansancio agotador, mi cuerpo cambio y la ropa que me pongo.” “No puede ser, es mi bebe, yo lo sentí, yo lo tengo aquí adentro, yo lo veo grande, yo veo su cabecita y su cuerpecito, Señor esto debe ser una equivocación, no permitas esto Señor, por favor.”

Un tiempo de duelo

Los primeros días después de esta noticia yo no podía hablar estos detalles, en medio del llanto y de los días de reposo era Dios consolándome en su palabra. Era Dios llenando de paz mi corazón completamente destrozado. Y entonces lloraba y leía, leía Salmos, leía promesas de la Palabra  y oraba por el corazón de mi esposo, de mi hija y el mío, oraba por personas que conozco y no conozco que han pasado por esto o lo están pasando ahora. Oraba porque Dios sanara y restaurara mi corazón.  La iglesia fue un medio que Dios usó para llenar nuestros corazones de amor, un amor fuerte, un amor sincero que sufre con los que sufren. 

Me sentía muchas veces fuera de mi, reía con Priscilla para distraerla pero me sentía tan distante de la risa, del gozo y le  clamaba al Señor, “Señor me duele perder a mi bebe, no lo puedo explicar pero tu sabes mas que yo el dolor que estoy sintiendo,” “consuélame Señor” y sentía su abrazo, su calor y su amor.

No se si has pasado por esto o si conoces a alguien que esté pasando por esto pero quiero animarte a que en tu dolor sea cual sea clames a Dios. Nuestros sentimientos y emociones son reales, son fuertes, han sido dadas por Dios porque somos echas a su imagen. Siente el dolor, no lo ignores, y fija tus ojos en Cristo, clámale a El por su presencia, clámale a El por su Consuelo y refúgiate en El. Lee sus promesas incansablemente pues son las palabras de verdad que tu alma necesita.

Para todas las que estamos  en Cristo tenemos la certeza y el gran aliento que todo lo que vivimos, todas las pruebas dolorosas por las que pasamos tienen un propósito (Romanos 8:28-29), aunque no tenga sentido, podemos aferrarnos a esa verdad y poco a poco el Señor nos irá mostrando como por lo que hemos pasado podemos usarlo para consolar a otras que lo están pasando también (2 Corintios 1:3-4).

Quisiera compartir contigo algunas cosas que me han ayudado en este tiempo de duelo después de que mi bebe partió a la presencia de Dios.

  1. Rodearme de la iglesia: La iglesia, el cuerpo de Cristo, aunque nunca perfecta, esta compuesta de creyentes y entonces somos familia, somos familia en Cristo. Dos días después de nuestra pérdida caía un domingo. Mi esposo ya tenia su predica preparada y se titulaba “cuando nuestros planes cambian.” Ese sábado mi esposo me decía que el quería cuidarme y quedarse en casa conmigo, pero yo tenia la certeza que Dios quería que mi esposo enseñara lo que Dios le había hablado esa semana. Después de que mi esposo fuera a predicar la palabra a la iglesia como un torrente de amor recibimos cartas, llamadas, comida, mensajes diarios con versículos de consuelo y tantas otras maneras de mostrarnos el amor de Cristo. Nos sostenían día a día con sus mensajes de amor y sus oraciones y sentimos el cuerpo de Cristo literalmente rodeándonos y animándonos en este tiempo tan duro.  Ese martes después de lo sucedido las mujeres de la iglesia me preguntaron si podían llegar un ratito a visitarme. Casi todas las mujeres de la iglesia llegaron a mi casa, con desayuno y con un pasaje bíblico que cada una quería compartir conmigo. No fueron a darme consejos ni a responder preguntas, ni a decirme que no llorara que fuera fuerte, fueron simplemente a leerme la palabra de Dios  y a decirme cuanto me amaban y a mi familia y cuanto se dolían con nosotros. Ellas fueron para mi un descanso y un consuelo.
  2. Lee las promesas de Dios. Lee pasajes como: Salmo 71, Salmo 62, Isaias 41:10, Salmo 23, Salmo 18:1-2, Salmo 57, entre otros.
  3. Derrama tu corazón delante de Dios. El conoce tus pensamientos y lo que tu sientes, dícelo, háblale con toda franqueza, y pídele que El sea haciendo su obra en ti para que tu puedas darle gloria en medio del dolor.
  4. Acepta ayuda, acepta consuelo de otros. Mi esposo,  mi mama, amigos cercanos que oraban por nosotros, que nos enviaban recursos bíblicos acerca del sufrimiento, que nos cocinaban y amigas que venían solo a estar conmigo, a acompañarme y cuidar a Priscilla. Yo sentía nuevas fuerzas, sentía un gozo y una paz inexplicable.
  5. Pon todas tus ansiedades en las manos del Señor porque el cuidara de ti (Filipenses 4:4-7)
  6. Toma aliento y esfuérzate en el poder de tu Salvador para mantener tus ojos en Cristo y en las cosas que El hará en tu corazón y por medio tuyo. Dios usa específicamente el sufrimiento para obrar cosas en nuestras vidas que la comodidad y los tiempos difíciles no hacen. Poco a poco el Señor irá levantando esa tristeza inexplicable que sentimos y aunque el dolor y la pérdida de nuestro bebe siempre estará allí, el Señor ira dándonos gozo, paz, sanidad emocional y espiritual y esperanza en El.

 

Gaby Galeano

Gaby es esposa de Michel Galeano quien es pastor en la iglesia Gracia Sobre Gracia en Florida. Es madre de Priscilla y su mayor gozo es que otros conozcan de Jesus.

Visto 1014 veces