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01 de Agosto de 2017

La dulce belleza de una mentora

Mi nombre es Iveth y soy esposa de Abel Sánchez pastor de la Iglesia Ministerios de Reconciliación en la hermosa ciudad de Querétaro, México. Fue en el año 2002 que nos casamos y a los pocos meses de haber contraído matrimonio y con el propósito de poder ayudarle más eficazmente en el ministerio, entré a estudiar en el Instituto Bíblico Nacional (hoy UCM), ahí Dios me enseñó cual era mi lugar dentro del cuerpo y la gran responsabilidad y privilegio de reflejar el amor de Dios y enseñar su verdad a las mujeres de la congregación. 

Los primeros años eran pocas las ocasiones en que convocaba a las mujeres a alguna reunión pues apenas me alcanzaba el tiempo para atender a mi esposo, mis dos hijos, el cuidado del hogar y mis estudios en el Instituto; no fue sino hasta el año 2007 cuando ya mis hijos estaban en preescolar que empecé a trabajar con las mujeres en reuniones más frecuentes, desde entonces y hasta el año 2015 nos reuníamos de forma semanal todos los viernes entre 30 y 40 mujeres para tener nuestros estudios bíblicos.

Durante esos ocho años no era relevante si éramos un grupo grande o pequeño, Dios me daba paz en cuanto a que lo que importaba era el crecimiento y madurez de cada una, y gracias a Él en la mayoría de las que integraban ese hermoso grupo, así fue.

Ahora, Dios nos ha llevado a otro nivel, hemos seguido creciendo de forma personal pero también ministerial, Dios nos mostró que es bueno que cada una sea discipulada y crezca, pero que es mejor y que ya era tiempo de ser sensibles a las necesidades de todas las mujeres que nos rodean.

Romanos 8:19 “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.”

Aunque parezca que no, sí hay un anhelo ardiente en hombres y mujeres por librarse de esta sociedad tan corrupta y perversa, en donde abunda la impureza, el caos y la maldad. 

La vida para la mujer actual no es fácil, tiene mayores exigencias y responsabilidades en el hogar y también en la sociedad quien a través de la cultura le impone ideas, patrones y estereotipos que nada tienen que ver con el diseño original y el plan de Dios para nosotras, dando como resultado mujeres afanadas, deprimidas, insatisfechas, abusadas, enfermas, confundidas, presionadas.

El Señor abrió nuestros ojos y nuestro corazón ante esta realidad y desde el 2015 los números sí nos importan, ya no queremos que más mujeres busquen sus respuestas y su paz donde no la hay, por eso, ese grupo de mujeres que durante ocho años nos formamos y crecimos en la Verdad y el Amor de Dios estamos haciendo el esfuerzo por tener varios grupos de estudio bíblico para las mujeres que se encuentran en cualquier etapa de la vida, actualmente estamos discipulando a grupos de mujeres de edad de más de cincuenta años, nuevamente solteras (mujeres que por viudez, divorcio o abandono se encuentran sin pareja), a chicas recién casadas; varios grupos con mujeres adultas, jovencitas, esposas de deportistas profesionales, chicas recién convertidas, mamás en la etapa de la crianza, mujeres profesionistas, extendiendo actualmente nuestro discipulado a mujeres de otros municipios del estado; cumpliendo así el mandato expresado por nuestro Padre en Tito 2 en donde se nos instruye a las ancianas, mujeres de Dios maduras en la fe, a enseñar a las más pequeñas.

Tito 2:3-5 “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.”

Tuve la bendición de que Azucena Aguilar, mi mejor amiga y a quien considero mi madre espiritual, modelara para mí lo que es ser una mentora, ella me enseñó lo que significa estar cerca, cuidar y enseñar a una mujer pequeña en la fe porque cuando me casé con mi esposo tan solo tenía yo un año de haberme convertido, pero para ese tiempo él ya tenía cinco años como pastor, entonces, como siempre digo, esos primeros años para mí no fueron nada sencillos pues significaron una capacitación intensiva de matrimonio, maternidad y ministerio, aunado a esto, provengo de una familia muy religiosa, practicantes de la religión popular de mi país y me tocó padecer el rechazo de los míos por seguir a Cristo y casarme con un pastor. Fueron días difíciles; pues recuerdo que en mi bautizo nadie de mi familia estuvo conmigo, a la boda sí fueron, pero todos con caras largas, y en mis partos también sola… pero Dios siempre estuvo ahí mostrándome su cuidado y tierno amor y lo hizo a través de esta linda mujer una exitosa científica, trabajadora, esforzada, paciente, cariñosa, guerrera de la oración, amante de la adoración y del estudio de la Palabra quien domingo a domingo acudía a nutrirse fielmente a la congregación pero también a fortalecer y respaldar la visión que Dios dio a este joven pastor y a su inexperta esposa.

Pienso que Dios le dio compasión y amor por mi porque ella tomó la iniciativa y un buen día me dijo: Te invito a mi casa a comer un pancito rico - Y sí, comí unos panes deliciosos acompañados de rico café, pero lo mejor fue el Pan de Vida y Amor que ella me ministró de parte de Dios- ahí en esas fabulosas tardes que atesoro con todo mi corazón ella se dispuso a escucharme, dejaba que desahogara mis frustraciones, me arrullaba a los niños o los entretenía jugando y haciendo experimentos para que yo descansara, me daba consejos prácticos para mi vida diaria, me preparaba alimentos nutritivos y deliciosos porque ella es muy gourmet. En ocasiones de mucho estrés se ponía a darme masaje en mis hombros y un día hasta lavo mis pies y siempre enseñándome la Escritura hasta terminar con tiempos deliciosos de oración llenos de la Presencia del Señor sin faltar nunca la recomendación de un buen estudio o libro para mujeres, matrimonios, etc., los cuales siguen siendo base en la enseñanza que damos como congregación.

No tuve cerca de mí a ninguna de las mujeres de mi familia que supuse me apoyarían, pero sí a una amiga, mentora y madre espiritual a quien Dios usó poderosamente para mostrarme la importancia de vivir Tito 2 y trasmitirlo ahora.        

Juan 15:8 “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”

Las mujeres damos la honra debida al Padre cuando nos ocupamos en ser mentoras, ancianas, maestras de nuestras hermanas más pequeñas en la fe; ni siquiera alcanzamos a imaginar la enorme bendición que trasciende de generación en generación cuando te decides a servir y a cuidar a una de ellas.

Es el tiempo de que las mujeres de nuestras iglesias despierten, abran su corazón y se edifiquen en amor unas a otras, pero sobre todo es el tiempo para que cada una de nosotras quienes tenemos mayor responsabilidad ante ellas reconozcamos, nos arrepintamos, confesemos y nos apartemos de la indiferencia, miedo, pereza, falta de fe, desanimo, egoísmo, rebeldía y desobediencia que pudiesen estar obstaculizando este propósito de Dios en nuestras vidas, si lo hacemos, estaremos siendo avivadas y en consecuencia podremos presentar delante de Él como excelente fruto a todas esas mujeres que amamos sin olvidar que en esta gloriosa encomienda no estamos solas, por eso, demos siempre gracias a Dios por Cristo, por Su gracia santificadora y Su Santo Espíritu de poder en nuestras vidas.

 

Yveth Sánchez

Esposa del Pastor Abel Sánchez del Ministerio Reconciliación y directora del ministerio de mujeres en Queretaro, Mexico. Madre de dos: Santi y Pablo. 

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