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02 de Agosto de 2017

¡Gloria al Espíritu de Verdad, quien nos revela la Palabra de Dios, y nos conduce por la vida conforme a sus principios!

¡Gloria al Espíritu de  Verdad, quien nos revela la Palabra de Dios, y nos conduce por la vida conforme a sus principios!

           “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

La verdad es uno de los atributos del Señor. Él lo dijo a Tomás cuando éste  no sabía a donde ir: “Yo soy el camino la verdad y la vida y nadie viene al padre si no es por mí” (Juan 14: 6).

En múltiples momentos de nuestras vidas nos encontramos en medio de situaciones difíciles, ante  las cuales pensamos  que al recurrir a la  mentira, esta  nos sacará y  nos librará  del conflicto o del impase en cuestión. Es el caso, por ejemplo,  de una madre que llora por un mal trato de su esposo,  y al  hijo preguntarle  qué pasa, la madre responde, que nada; todo eso  por no involucrar a su hijo en el problema. Tenemos también,  el jefe que instruye a su secretaria a que responda  que no está en la oficina, estando presente; el estudiante que hace  fraude, se copia o hace  “chivos” ( o sea,  saca  notas a escondidas  para contestar  el examen ,y poder así aprobar). Esto no es lo correcto. Lamentablemente muchos que se dicen creyentes caen en esas  trampas de mentira y engaño.

Es  justo  allí que el "Espíritu de  verdad" abre nuestros ojos  y  nuestro entendimiento; quita la ceguera  para que el corazón no regenerado,  o el que está en proceso de santificación  pueda ver la verdad. El limpia la mente nublada, de modo que pueda entender la verdad. El ayuda al de voluntad terca  para que responda a la verdad,  y  se decida a abrazar la justicia, desechando el error.  La verdad nos hace libres de toda atadura, mentira, confusión,  tinieblas o engaño.

Cuando no hablamos la verdad, la mentira se entroniza, y para poder sostenerla, tenemos que seguir mintiendo  cada vez más, y esto es insostenible. La Palabra dice: “El que  practica el engaño no morará en mi casa; el que habla mentiras no permanecerá en mi presencia” (Salmos 101: 7).

También dice que el mentiroso  no escapará, y  que perecerá (Proverbios 19: 5b, 9b).  El SEÑOR abomina la mentira (Proverbios 6:16-17ª, 19ª).

Por mentir al Espíritu Santo, Ananías y Safira fueron castigados con  la muerte instantánea (Hechos 5: 1-10).  El padre de mentira es  el diablo y   el  que ama la mentira y desecha la verdad, se hace hijo suyo; así lo declaró Jesús (Juan 8:44). 

El Espíritu de  Verdad  nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se la llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad.

El Espíritu de Verdad  está en el interior de cada uno de nosotros los creyentes, defendiéndonos de todo lo que nos pueda apartar de Jesús. Nos invita a abrirnos con sencillez al misterio de un Dios “Amigo de la vida.” Quien busca a este Dios con honradez y verdad, no está lejos de Él. Jesús dijo en cierta ocasión ante  Pilato, quien le preguntó si era rey: “Tú dices que soy rey. Para  esto yo he nacido y para esto yo he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz” (Juan 18:37). 

El Espíritu Santo de  Verdad revela la verdad sobre Dios, el hombre, el pecado, el juicio, la expiación, la salvación, la vida eterna, etc. Esta revelación especial es la obra del Espíritu de  Verdad. Sin ella  somos incapaces de conocer a Dios.Cuando recibimos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, recibimos  al Espíritu Santo que es  el "Espíritu de Verdad." Él es el Espíritu de Cristo que es la Verdad. Él exalta la verdad y glorifica a Cristo.

El Espíritu Santo no habla de sí mismo, pero siempre de Jesús. Todo lo que resta valor a la persona y obra de Jesucristo no es la actividad del Espíritu Santo. Él nunca se anticipa al lugar de Cristo en nuestro pensamiento. Él siempre exaltará a nuestro Señor. Él viene junto a nosotros para guiarnos a la verdad acerca de Dios el Padre y el Hijo.

Si verdaderamente el Espíritu de Verdad está en nosotros, Vivamos en la verdad, y hablemos verdad los unos a los otros. El Espíritu de  verdad nos guía a una comprensión más profunda de la persona y obra de Jesucristo, para que podamos ser mejores testigos suyos.

El salmista David oró pidiendo amparo, guía y perdón:

“Señor, muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti espero todo el día”

(Salmos 25: 4- 5).

¡Que esta sea nuestra oración también!

Escrito por Guadalupe Féliz de Gómez.

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