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13 de Septiembre de 2017

¿Están vuestras vidas caracterizadas por Su gracia?

¿Están vuestras vidas caracterizadas por su Gracia?

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:4 - 7).

¿Qué es la gracia? A. W. Tozer la define como: “El buen placer de Dios que lo hace inclinarse a conceder beneficios a los que no lo merecen.” Lous Berkof dice que la: “Gracia es el inmerecido acto de Dios en el Corazón de los hombres, efectuado a través de la acción del Espíritu Santo”. El pastor John MacArthur define la gracia de la siguiente forma: “La libre y benevolente influencia de un Dios Santo operando soberanamente en la vida de inmerecidos pecadores.”

Para mí, la definición más simple es la siguiente: “Gracia es el favor inmerecido de Dios.” La gracia envuelve la idea del favor divino. Gracia no es sólo favor inmerecido, es favor concedido a pecadores que merecían la ira de un Dios tres veces Santo.

¿Te has percatado de que la gracia es un regalo invaluable, un favor impagable? La gracia de Dios es la que nos salva, nos santifica y lleva el alma a la Gloria (Ro. 8:29-30). Antes de recibir este regalo éramos simples seres humanos, pecadores y de camino al infierno; y fue este regalo, inesperado e inmerecido, el que nos sacó del carril que va camino al infierno y nos colocó en el carril que nos lleva al cielo.

¿Qué tanto has valorado, atesorado o apreciado este regalo?. ¿Has evaluado si tu vida está caracterizada por Su Gracia? ¿Cómo puedes saberlo? Si tu vida está caracterizada por Su Gracia te darás cuenta porque:

Hay un cambio en tu conducta:

En el libro de Romanos y en especial en el capitulo 6, vemos una extensa explicación del apóstol Pablo sobre la gracia de Dios sobre sus hijos y el impacto de la misma sobre su conducta terrenal. La prueba mayor de que nuestras vidas están caracterizadas por su gracia, es nuestra interacción y entendimiento del pecado.

El entendimiento del regalo que se nos ha dado, es decir la gracia de Dios sobre nuestras vidas, debe afectar mi caminar. La gracia que no afecta nuestro comportamiento, no es la gracia de Dios. Ese regalo asombroso nos debe llevar al asombro y humillación, y crea en el verdadero creyente un deseo genuino de agradar a Dios.

Ro.6:1-2 dice: “¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”;...v.4b “así también nosotros andemos en novedad de vida.”

Porque hemos sido libertad del pecado, y hechos siervos de la justicia (v.18).
El que entiende la gracia, quiere vivir una vida que sea agradable al dador del inmenso regalo, que es nuestro Dios: “que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4: 22 – 24).
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús, quien se dio a sí mismo por nosotros, para REDIMIRNOS DE TODA INIQUIDAD Y PURIFICAR PARA SÍ UN PUEBLO PARA POSESIÓN SUYA, celoso de buenas obras” (Tito 2: 11 – 14).
Pero aún para lograr esto, nos apoyamos en su gracia y el poder de su Santo Espíritu, pues solas, ni en nuestras propias fuerzas podremos nunca lograr estos cambios. Es permaneciendo confiadas y sometidas al Señor, creyendo en lo que ha hecho y nos ha prometido en su Palabra: “Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria, como por el Señor, el Espíritu” (2Corintios 3: 18).

No te excusas ni te conformas cuando pecas:

El que ha entendido la gracia de Dios, no menosprecia el regalo. Jesucristo tuvo que venir a morir en una cruz para otorgarnos la salvación y ese otorgamiento no se me dio por méritos, sino que se me dio como un regalo inmerecido. El entender que Cristo murió por mí y que su muerte me liberta del poder del pecado, no me da espacio para las excusas o el conformismo.
“sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con El, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado” (Romanos 6: 6).

“Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias; ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia” (vv. 12- 13).

El versículo 14 nos habla claramente de cómo el pecado ya no tiene dominio en nosotros. Una vida caracterizada por la gracia de Dios, reconoce con dolor la infracción cometida y busca no volver a cometerla más, porque entiende que el pecado ya no tiene poder sobre el creyente: “Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.”

La gracia no implica que tengamos permiso para hacer lo que queramos; la gracia significa que tenemos el poder de agradar a Dios. Los recipientes de la gracia no pueden seguir pecando. (Ro. 6:15-18). ¡Es por su gracia y por su amor que podemos vencer! Como dijo el apóstol Pablo: “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias a Dios por Jesucristo Señor nuestro (Ro.7:24-25a)

Reconoces que sin la gracia de Dios no puedes avanzar en tu proceso de santificación:
En el corazón del verdadero creyente hay un deseo de seguir avanzando hacia la meta que es nuestra santificación, tal y como lo anhelaba Pablo en Filipenses 3:14 “Prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Anhelando asi cumplir con lo que Dios espera de nosotros: “Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Tes 4:3a). Pero todo esto no es posible sin la gracia de Dios. La version de la NTV de 1 Cor. 15:10 lo expresa de esta manera: “Sin embargo,
lo que ahora soy, todo se debe a que Dios derramó su favor especial sobre mí, y no sin resultados. Pues he trabajado mucho más quecualquiera de los otros apóstoles; pero no fui yo sino Dios quien obraba a través de mí por su gracia.”

Piensen en lo siguiente: El creyente que busca vivir la vida Cristiana a través de sus propios esfuerzos, es como el hombre, que al intentar navegar a través del Océano Atlántico, encontró su bote calmoso por días. Finalmente, frustrado por su falta de progreso, trató de hacer mover su barco estancado empujando de su asta. A través de energéticos esfuerzos, logró que su bote se balanceara creando así pequeñas olas en el tranquilo mar. Viendo las olas y el balancear del bote, asumió que estaba progresando en su navegación por lo que continuó su esfuerzo. Claro, aunque se esforzó mucho no llego a ninguna parte. Así mismo es la vida Cristiana, la fuente de la Fortaleza del Cristiano reposa en la gracia de Dios, no en el ejercicio de mi fuerza de voluntad, o mis esfuerzos disciplinarios, o en ningún otro esfuerzo propio.

“Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos la gracia para la ayuda oportuna” (He.4:16).

Tomas de Aquino enseñó que la gracia es esencial para la salvación. El indicó que es imposible para el hombre tornarse del estado de culpa por el pecado al estado de rectitud ante Dios, sino fuera por la Gracia de Dios.

Reconoces que sin la gracia de Dios no puedes ser eficiente en el servicio a Dios y a los demas:
Como el apostol Pablo lo expreso en Hechos 20:24: ”pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mi mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibi del Señor Jesus, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios”

Que todo lo que es y lo que ha hecho es por gracia de Dios en el, recibida por medio de Jesús (1Col 15:10, Ro. 1:4-5).
La gracia le permite ser un buen soldado del Señor (2 Timoteo 2:1,3-4).
Dando de gracia a los demás lo que hemos recibido por pura gracia (Mateo 10: 7-8, 1Pedro 4:10-11; Ro. 12:3-8).
Hablando con gracia, con amor, amabilidad, con misericordia, siendo perdonadoras como Cristo lo hizo con nosotras (Colosenses 4:6, Efesios 4:29-32). Abundando en buenas obras, siendo dadores alegres (2Co.9:7-9).

No cansándonos de hacer el bien (Gálatas: 6: 2,9,10).

Reconoces tu necesidad y la suficiencia de la gracia del Señor en tus momentos debiles y en escasez, afliccion, persecucion..., Asi mismo le fue manifestado por el Señor al apostol Pablo (2 Corintios 12:9-10).

Permaneciendo aferrada a la palabra de fe y esperanza, segura de que el Señor usara esto para nuestro bien, para perfeccionarnos, afirmarnos, fortalecernos y establecernos para Su gloria (1Pedro 5: 10-11).

Es sólo la incalculable e impagable gracia de Dios la que me permite cambiar mi conducta, ver mi pecado, pedir perdon y crecer en santificación; servirle a Él y a los demás; y finalmente, recurrir y descansar en Él en los momentos de tropiezo, dificultades o aflicción.

¡Levantemos nuestros corazones, y entonemos este himno hermoso de reconocimiento a su gracia! :

“Sublime gracia del Señor Que a un infeliz salvó. Fui ciego mas hoy veo yo, perdido y el me halló. Su gracia me enseñó a temer, mis dudas ahuyento, oh cuán precioso fue a mi ser cuando Él me transformó”. (John Newton).

 

Charbela Elhage de Salcedo

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