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06 de Octubre de 2017

El noviazgo de una joven consagrada (Parte 1)

Por  Katerine Fernández

Tengo 31 años. Mi espera en el Señor por el hombre que Él tenía para mí, duró un largo tiempo. No les puedo negar que hubo momentos de altas y de bajas pero hoy al mirar atrás y descubrir la misericordia de Dios para mi vida a solo meses de contraer matrimonio he entendido y valorado que “valió la pena la espera”. No soy perfecta y mi novio tampoco pero en nuestro noviazgo hemos procurado poner límites bíblicos para no caer en pecado. Recordemos que estamos luchando constantemente con nuestra carne la cual desea a toda costa hacer lo que no agrada a Dios. Por eso debemos obrar en sabiduría y sobre todo, orar sin cesar.

Un noviazgo cristiano debe ser un compromiso serio entre dos creyentes maduros de sexo opuesto, se trata de una relación normal, buena; ya que entre otros propósitos divinos, el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro, para casarse, para estar en compañía, la Biblia dice que  la mujer es la ayuda perfecta para el hombre. «Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea». Génesis 2.18 

Para los judíos, el noviazgo es un pacto matrimonial llamado “kidushín” = “santificaciones”, que debe perseguir que la pareja se santifique, se consagre y se aparten el uno para el otro previo a contraer matrimonio. Al empeñar su palabra ya están atados el uno al otro, por eso este paso también es llamado “erusín”, del verbo “aras” = “atar”.

¿Cuál debe ser el propósito del noviazgo cristiano?

1- Conocerse profundamente en lo emocional y espiritual, No en lo sexual.

2- Amarse con el AGAPE santo de Dios.

3- Disfrutar sanamente, compartir con las respectivas familias y con amistades cristianas.

4- Crecer juntos en los caminos de Dios buscando siempre honrarle en todas nuestras actividades.

5- Prepararse para el matrimonio, con ayuda de los mentores y luego consejeros en nuestro crecimiento como pareja.

En nuestro caso en particular mi novio no es de mi congregación, sino que es miembro de otra iglesia (gracias a Dios con buenos fundamentos bíblicos). Pero empezamos a conocernos en uno de los grupos pequeños del ministerio de jóvenes adultos de mi iglesia local donde asisten miembros de otras iglesias. Allí tenemos reuniones del ministerio completo así como de grupos pequeños donde se comparte la Palabra y se desarrollan lazos de amistad de forma más cercana. Esto me permitió ver su carácter como cristiano, su testimonio, forma de compartir y de relacionarse con los demás. 

 

Katerine Fernández

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