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07 de Noviembre de 2017

La única razón de mi temor

Por  Ysabel Andrickson

Confirma a tu siervo tu palabra, que inspira reverencia por ti.
Quita de mí el oprobio que me causa temor, porque tus juicios son buenos.

Salmo 119:38-39

 

En estos versículos encontramos al salmista orando al Señor con dos peticiones que podríamos hacer nuestras habiendo adquirido el correcto entendimiento bíblico (i) del carácter de Dios, (ii) de mi propia condición y (iii) de Su Palabra.

Por eso es saludable para nuestra condición espiritual que reflexionemos sobre qué tan lejos o tan cerca está nuestro corazón con relación a esas peticiones:

Primera petición: Que le confirme Su Palabra pues ésta le inspira a temerle:

¿Me acerco a Su Palabra con temor reverente?

¿Entiendo que al leer Su Palabra estoy acercándome al Dios vivo? ¿A su corazón? ¿Es algo que tomo con la seriedad que merece?

¿Su Palabra produce en mí un conocimiento más profundo de Su santidad? Y ¿Un anhelo por crecer en santidad?

¿Me hace entender mi propia pecaminosidad?

¿Me mueve al arrepentimiento?

¿Profundizo en conocerlo a Él, Su obra? ¿A conocer mejor Su carácter?

¿A través de Su Palabra he aprendido a distinguir entre lo sagrado y lo profano? O,

¿Tomo a la ligera las cosas de Dios y de Su Palabra?

Segunda petición: Que le quite la vergüenza que lo atemoriza pues Sus juicios son buenos:

¿Me avergüenzo de Su Palabra frente a aquellos que no la consideran buena?

¿No quiero identificarme como cristiana ante quienes rechazan a Dios?

¿Me avergonzaría que me llamen radical por Cristo?

¿Me atemoriza que otros se enteren que mis decisiones están basadas en Su Palabra?

Cuando otros critican los principios bíblicos ¿me escondo? ¿me callo? ¿o defiendo Su Palabra con mansedumbre?

¿Hay pasajes en la Biblia que me hacen cuestionar Su bondad?

¿He comprendido que Su Palabra refleja Su carácter? Es decir, que Sus Juicios (en este contexto, Su Palabra) son buenos porque provienen de un Dios bueno; y que Su Palabra es santa no en sí misma sino debido a la santidad de su Autor.

Habrás notado cómo en el versículo 38 el temor de salmista es hacia Dios mismo (Su Palabra le inspira reverencia por Dios) mientras que en el 39 parecería que se trata del temor al hombre, cuando se refiere a que el temor al oprobio (vergüenza) lo hace reflexionar que Sus juicios son buenos (como si el temor al hombre lo hiciera dudar de esa bondad).

Si todavía el temor a la gente, al rechazo de las personas, la búsqueda de aprobación de los demás, es un lazo a tu alma; si tus emociones son controladas por ese temor- te invito a que reflexionemos en los siguientes pasajes:

Eclesiastés 12:13 Todo este discurso termina en lo siguiente: Teme a Dios, y cumple sus mandamientos. Eso es el todo del hombre. (RVC)

Isaías 8:13 Santifiquen al Señor de los ejércitos, y sólo a él. Que él sea para ustedes la única razón de su temor. (RVC)

Mateo 10:28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien temed a aquelque puede hacer perecertanto el alma como el cuerpo en el infierno. (LBLA)

Lucas 6: 26-28 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque de la misma manera trataban sus padres a los falsos profetas. (LBLA)

Gálatas 1:10 Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. (LBLA)

1ª Pedro 1:17 Y si invocáis como Padre a aquel que imparcialmente juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor durante el tiempo de vuestra peregrinación. (LBLA)

1ª Pedro 2:17 Honrad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey. (LBLA)

Luego meditemos en los siguientes versículos enfocándonos los beneficios del temor santo, reverente a Dios, buscando de manera especial cuál atributo de Dios conocen o experimentan quienes tienen ese temor santo:

Salmo 25:12

Salmo 31:19

Salmo 85:9

Salmo 103:11, 17, 18

Salmo 145:19

Salmo 147:11

Isaías 50:10

Lucas 1:50

Hechos 10:35

Pidamos al Señor que sólo Él sea nuestro temor -un temor reverente no miedo a castigo sino reconocimiento de Su santidad, que Él es totalmente diferente a mí y merece adoración-  y no olvidemos lo que la misma Palabra nos enseña sobre Jesús (cuyas pisadas y ejemplo somos llamadas a seguir):

Cristo, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Hebreos 5:7

 

 

Ysabel Andrickson

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