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08 de Noviembre de 2017

Aconsejando bíblicamente

Por  Vilma Mata de Méndez

Serie: Fieles al llamado de aconsejar mujeres

(1ª Parte)

¿Cómo inicia este llamado?

En el año 2006 nuestra familia llegó a la ciudad de Minneapolis y tuvimos la bendición de poder congregarnos en Bethlehem Baptist Church, donde asistimos al seminario con el pastor John Piper. Aún antes de que nos trasladáramos para allá, mi amiga Kari Lorence, me escribió y me dijo: “Cuando llegues, me gustaría que asistiéramos a la clase de Soul-Care (en español, Cuidado del Alma)” y sin siquiera saber de qué se trataba le contesté: “Claro que sí” y fue así cómo comenzó mi aprendizaje, sin saber siquiera que “Dios estaba comenzando ahí mi equipamiento para que más adelante pudiera ser ayuda de mi esposo en esta gran aventura”.

Esta serie de artículos no pretende ser una clase exhaustiva, sino una breve introducción a lo que es la consejería para mujeres.

Todas nosotras estamos de alguna forma involucradas en la vida de otros: padres, hermanos, esposos, hijos, sobrinos, alumnos, familiares, amigas, vecinas, compañeras de trabajo, compañeras de ministerio, etc., pero en especial en la vida de otras mujeres, lo cual más que un regalo y un privilegio es un honor.

Las mujeres somos relacionales, Dios nos diseñó para nutrir y cuidar; algunas somos esposas de pastor, líderes de mujeres en grupos pequeños o quizás tan solo servimos a nuestro esposo en nuestro matrimonio, pero sea cual fuere nuestra posición, sabemos que el llamado de nuestros esposos, es nuestro llamado, ya que somos llamadas a ser su ayuda idónea, a complementarlos a pesar de que algunas áreas son diferentes para el hombre, por su naturaleza, así que debemos estar dispuestas a aprender, preguntar, entrenarnos y equiparnos al llamado de aconsejar…discipular, mentorear.

Cuando pienso en mis primeras veces aconsejando, recuerdo que me daba terror, no sabía hacer preguntas, ni por dónde comenzar, pero con el tiempo me di cuenta de que para hacerlo se necesita de práctica y que es normal sentir temor …. (creo que todas nosotras lo hemos experimentado alguna vez).

Además, con el tiempo, he visto que una de las razones por las cuales podemos experimentar temor a la hora de aconsejar se debe principalmente a nuestra falta de humildad al no desarrollar dependencia en el Señor, basándonos en nuestra propia capacidad para desempeñar tal labor, una actitud con la que debemos tener sumo cuidado ya que lo más probable es que el orgullo haya hecho su aparición en nuestra vida.

Se trata de una especie de paradoja: por un lado, eres más capaz de aconsejar de lo que tú crees y por el otro, eres menos capaz de aconsejar de lo que crees.

Tal vez cuando te encuentres aconsejando te toque escuchar cuestiones y situaciones de las que jamás habías oído hablar o a las que jamás te hayas visto expuesta, pero te sugiero que seas humilde y reconozcas tus limitaciones y no olvides que tenemos un Señor Poderoso que Quien actúa por nosotras, Él nos conoce perfectamente, aún antes de crearnos, está a nuestro lado en todo momento buscando la forma de que nos veamos a nosotras mismas tal y como somos: “cisternas rotas que no retenemos agua”, pero desafortunadamente tenemos la tendencia de abandonarlo a Él y a cavar para nosotras cisternas rotas que nunca se sacian, olvidando así que nosotras tan solo somos vasijas agrietadas por medio de las cuales brilla la luz de Cristo.

ACONSEJANDO BIBLICAMENTE

Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza”. Romanos 15:4

¿Qué es aconsejar?

Aconsejar es ayudar a los demás (aconsejadas) a aplicar la teología en cada una de las situaciones de su vida, siendo la Palabra y conocimiento de Dios la autoridad máxima para ello.

¿Qué no es aconsejar?

Resolver los problemas a las demás (aconsejadas) y decirles lo que deben hacer: NO ES ACONSEJAR.

Entonces, ¿Cómo debemos hacerlo?

A. Aconsejar, es mantenernos al lado de una persona y caminar con ella, acercándola al Señor, llevándola al Único que la puede sanar, como hicieron los 4 amigos del paralitico: "Y le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la FE DE ELLOS, dijo al paralítico: Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados." - Mateo 9:2

B. Estudiando la Palabra y orando con la aconsejada, dándole seguimiento.

C. Dando esperanza en todo tiempo: “Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” - Romanos 15:13

Por otro lado, aunque si bien existen médicos que pueden diagnosticar un caso, la medicina que prescriban no ayudará a sanar completamente, pues solamente en Jesús podemos encontrar el Médico Perfecto que no solo diagnostica el problema, sino que también prescribe la solución al mismo.

En algunos casos, los psicólogos y consejeros profesionales suelen ser una ayuda maravillosa, pero sin la Palabra de Dios en medio, no existe la Consejería Bíblica.

Una advertencia especial es que debemos tener sumo cuidado con las filosofías humanistas: ideas al usar la Palabra, el positivismo, la autoestima, la superación personal, el coaching, etc. pues, aunque todo ello pareciera sernos de ayuda, ésta será momentánea ya que todas esas corrientes son en esencia muy diferentes a lo que es la Consejería Bíblica.

D. Discipular y enseñar a otra mujer para que crezca en su relación con Dios siendo obediente, fiel y agradarle a Él.

E. Consejería Bíblica es tratar áreas problemáticas o difíciles, dando exhortación y enseñanza a la mujer durante el proceso de la misma.

 

 

Vilma Mata de Méndez

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