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06 de Diciembre de 2017

Plan de Redención Para Todos

Por  Catherine Scheraldi de Núñez

Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse…Y al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó; y estaban desconcertados porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.” (Hechos 2:4, 6)

Nuestro Dios ha tenido un plan de redención desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), sin embargo, su forma de revelarlo a sus hijos ha sido en una forma progresiva. El día de Pentecostés fue el día donde El Señor demostró que Su palabra era para todas las lenguas.  El comenzó Su plan trabajando con los judíos, lo llamó Su pueblo y exigió que se separa del mundo; no porque la redención fuera solamente para ellos, sino para su protección (1 Reyes 11:2). El reconocía que la debilidad de la carne y la inhabilidad que ellos tenían para hacer lo correcto (Génesis 6:5), debido a un corazón pecaminoso y engañoso (Jeremías 17:9), y la tentación de no seguirlo sería más de lo que pudieron manejar.  La conclusión de los judíos, por el mismo engaño y orgullo del corazón, lo llevó a una malinterpretación de la intención de Dios en pensar que ellos no solamente fueran los únicos para la salvación, sino que eran superiores a los paganos, confirmando lo que Proverbios 16:18 nos enseña “Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu.

Desde el principio Dios nos ha dado pistas en que Su bendición sería para todos como en Isaías 42:10 Cantad al SEÑOR un cántico nuevo, cantad su alabanza desde los confines de la tierra.” Hay otras pistas, una tan temprano como con Rahab, en el Antiguo Testamento, que aparece en la historia aun antes que el pueblo judío entrara en la tierra prometida, demostrando que la intención de Dios siempre era la salvación para todos. También vemos que Booz, se casó con la moabita Rut, y vemos como Dios incluyó a las dos, Rahab y Rut, no solamente en el pueblo judío sino ¡en el linaje del Mesías!  Luego, como 800 años antes de Jesús, Yahweh mandó el profeta judío Jonás, a predicar a los Ninivitas y el pueblo entero se arrepintió de su pecado, algo que fue visto raramente en el pueblo judío que había recibido múltiples profetas, vivieron milagros diarios en el desierto, experimentaron la protección del Señor en guerras y tribulaciones y luego vieron y oyeron el Mesías.

En 2 de Reyes capitulo 5, leemos de Naamán, el capitán del ejército de siria quien fue a Eliseo para curarse de su lepra. Por su orgullo, por poco se quedó sin sanación, sin embargo, su siervo lo convenció de hacer lo que Eliseo le dijo y se humilló y lo obedeció (Isaías 66:2) y fue sanado y el resultado se ve en el versículo 15 “He aquí, ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel.

Con la llegada del Mesías, sus enseñanzas y su actitud con los líderes religiosos fueron diferentes a como El trataba las personas humildes de corazón, demostrando que la altivez era pecado y confirmando lo que Dios nos enseña en Proverbios 29:23 “El orgullo del hombre lo humillará, pero el de espíritu humilde obtendrá honores.” Durante Su ministerio, hubo casos donde quedó demostrado que Dios amaba a todas las personas, bendiciendo a los no judíos, como cuando una mujer cananea pidió ayuda para su hija endemoniada en Mateo 15:24 y “Jesús dijo “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Cuando ella demostró su humildad y la grandeza de su fe, Jesús sanó a su hija demostrando que la bendición no era exclusiva a los judíos sino a cualquiera que tuviese una fe verdadera en El (Romanos 10:13). Su respuesta en sanar a su hija demostraba que, aunque Su rol en ese momento estaba más enfocado a los judíos no fue exclusivo a ellos. La mujer samaritana, fue otro ejemplo de que la salvación era para todos cuando El reveló Su identidad a ella, (Marcos 8:30) diciendo “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed; Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14). Leemos que ella salió a su cuidad testificando de El y vemos en el versículo 41 “Y creyeron muchos más por la palabra de él.

Después de la ascensión de Jesús y la llegada del Espíritu Santo, la revelación del plan parece dar un giro. En el día de pentecostés, fue como una bisagra en la forma de evangelizar entre el Antiguo Testamento como “ven a ver”, hacia “ir y decir”. Con la morada del Espíritu Santo en los creyentes, (1 Corintios 3:16), ellos ya no solamente tenían el poder de resistir a las creencias mundanas, sino el poder de evangelizarlos también (Hechos 1:8). El hecho de que cada persona oía la predica en su propia lengua (Hechos 2:6) fue otra manifestación que el evangelio fue dado para todo el mundo y no solamente los judíos. Vemos en el sermón de Pedro en Hechos 2:38-39 “Y Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame.” 

Parece obvio a todas nosotras que vivimos después del día de Pentecostés, que todos los que creen en Cristo serán salvos, sin embargo, esto fue nuevo a la iglesia primitiva que era predominantemente judíos y leemos en Hechos 10:2 donde los que eran de la circuncisión reprocharon a Pedro por compartir con los incircuncisos y él tenía que explicarles todo para que pudiera entender mejor el plan de Dios.  Y el mismo Pedro luego nos enseña en 2 Pedro 3:9 “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.”  Y Juan completa el mensaje cuando vio una revelación de los tiempos finales: “miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apocalipsis 7:9-10).  Y ese mismo plan sigue en pie hasta hoy y seguirá hasta que veamos el día en “que al nombre de Jesús SE DOBLE TODA RODILLA de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:10-11)

 

 

Cathy Scheraldi de Núñez

*Originalmente publicado en https://maestrasdelbien.org

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