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07 de Enero de 2018

Un gran Dios; Una gran prueba, una gran fe.

"Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis
Vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida" (Juan 5; 39-40).

Aunque el pueblo Judío esperaba en la promesa del Mesías; este había llegado, estaba entre ellos, pero no fueron capaces de reconocerlo. ¿Por qué? Porque habían puesto toda su fe en la Ley de Moisés y pensaban que ellos serian salvos por el cumplimiento de esta ley; y es por eso, como leemos en el versículo citado en el encabezado, que Jesús les dice: "Vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna (refiriéndose a la ley de Moisés); y ellas son las que dan testimonio de mí.” Y más adelante, Jesús les dice en Juan 5: 46: "Porque si creyerais a Moisés, me creerías a mí, porque de mí escribió él." Todo el Antiguo Testamento apunta al cumplimiento de la promesa hecha por Dios a Adán y a Eva sobre la venida de un salvador que nos libraría de la esclavitud en la que había caído la humanidad por su pecado: "Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar" (Génesis 3: 15). Jesús era la promesa cumplida, y es por la fe puesta en Él que se obtiene la Salvación y la vida eterna.

Pero también encontramos testimonios de hombres y mujeres en el Antiguo Testamento, que pusieron su fe en la promesa aun sin haberla Visto; y quiero en esta ocasión referirme a Abraham; cómo su fe puesta en la promesa del Señor lo llevó a decir: Sí Señor, ante lo que Él le había pedido: "Y Dios dijo: toma ahora a tu hijo único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus mozos y a su hijo Isaac; y partió leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho" (Génesis 22: 2-3).

Y yo me pregunto: ¿Sería que Abraham no quería a Isaac, que sin cuestionar el mandato del Señor, él simplemente dijo: sí, y salió en obediencia a cumplirlo? ¿Fue Dios injusto al pedirle a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac ?
Abraham amaba a Isaac; el mismo Dios le dice "toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac." Está claro que el sentía un gran amor por su hijo, pero también podemos ver que Abraham conocía muy bien al Dios que le había hecho esta petición; conocía su fidelidad y sabía que El cumpliría el pacto que había hecho con él en Génesis 17:4 "En cuanto a mí, he aquí, mi pacto es contigo, y serás padre de multitud de naciones. Y no serás llamado más Abram; sino que tu nombre será Abraham; porque yo te haré padre de multitud de naciones."

Dios estaba probando la fe de Abraham; y Abraham con su obediencia demostró que tenía su fe puesta en Dios; esto quedó ratificado en el libro de hebreos, que nos dice: ”Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único hijo; fue a él a quien se le dijo: En Isaac te será llamada descendencia. El consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde también, en sentido figurado lo volvió a recibir." (Hebreos 11: 17- 19), Ante esta gran prueba, y gran demostración de fe en ese Dios Todopoderoso, el Gran Dios, para quien nada es imposible, no le permitió sacrificar a su hijo Isaac, sino que Él mismo se proveyó de cordero para el sacrificio, demostrándole que Él es fiel y cumple sus promesas; y que además, Él lo había aprobado y reconocía su temor reverente hacia Él. El Ángel del Señor impidió que Abraham levantara su mano contra Isaac: “Y el ángel le dijo: no extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no has rehusado tu hijo, tu único. Entonces Abraham alzó los ojos y miro, y he aquí, vio un carnero detrás de él trabado por los cuernos en un matorral; y Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo" (Génesis 22: 12- 13).

Entonces, ¿fue Dios injusto?

Dice Williams MAcdonald en su comentario sobre Génesis 22:"El sacrificio de Isaac era una Ilustración de un acto supremo de adoración, el sacrificio del mismo Salvador para cumplir la voluntad de Dios" (pág.33).
La provisión del carnero apuntaba a ese Cordero perfecto que sería sacrificado por nosotros, para el perdón de nuestros pecados: "Porque de tal manera amo Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3: 16). Juan el Bautista identifica a Jesús como el cordero de Dios: “Al día siguiente vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1: 29). Isaac era el hijo amado de Abraham; Jesús era el hijo amado de Dios, y Dios lo sacrificó; Él fue a la cruz para cargar con la culpa de todo el pecado de la humanidad, en sustitución de nosotros, que sí éramos merecedores del castigo eterno por nuestros pecados. Dios satisfizo su justicia, cargando sobre su Hijo amado todo el peso del pecado, por amor a nosotros. ¿Cómo no poner nuestra fe en Él?

Nosotros comprobamos una vez más la veracidad de las palabras de Jesús, cuando dijo que las Escrituras daban testimonio de Él; y esto es palpable desde el Antiguo Testamento, muy especialmente en este caso de Abraham, Isaac y la provisión del cordero para el sacrificio en su sustitución, para librarle de la muerte. Abraham estuvo dispuesto a sacrificar a su único hijo, Dios padre también. Él se proveyó de su propio cordero, su Único Hijo amado Jesucristo, y lo sacrificó en nuestro lugar por nuestros pecados.

Abraham, no vio la promesa cumplida, pero él puso su fe en Dios, a Pesar de esa prueba tan dura por la que la que le estaba haciendo pasar. Y tú, ¿Dónde estás poniendo tu fe? ¿Cuál es esa prueba tan difícil por la que estás pasando? ¿Qué es lo que Dios te está pidiendo que le entregues y que tú amas tanto? ¿Qué es eso tan valioso que Dios te pide que dejes, para servirle en su obra? Nosotras somos parte del plan de Dios, que inicia en Génesis 1 y termina en Apocalipsis, con las Bodas del Cordero. En nuestro paso por esta tierra, nuestro deber como cristianas es buscar el propósito de Dios para nuestras vidas y obedecerle, sin importar el costo, así como lo hizo Abraham. Esa es mi oración al Señor, y espero que sea también la tuya.

 

 

Janet Acevedo

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