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08 de Enero de 2018

Emociones y hormonas en un corazón agradecido

Por  Karen Llibre de Ramirez

Muchas mujeres cristianas nos hemos aferrado a la idea de que somos presa de nuestras hormonas y nos rendimos ante un mar de emociones, casi exigimos respeto y licencia para todo lo que sintamos dependiendo del momento o del día en el mes.

Nuestro estado de ánimo fluctúa con frecuencia y ya sea que estemos ovulando o con el periodo, atravesando la menopausia o con algún desequilibrio hormonal, simplemente las hormonas nos juegan un papel que entendemos determinante para deambular en todo tipo de adjetivos: “medio deprimidas”, “malhumoradas” “en baja”, “entusiasmadas”, “cariñosas” o “emotivas”, con ganas de que nos acurruquen o de que nos dejen tranquilas…en conclusión que nuestros esposos, hijos, familia y relacionados se ven afectados positiva o negativamente por el transitar de nuestro ánimo, y un simple inconveniente puede convertirse en tremendo “ahogo en vaso de agua” según la fecha, afectando y a veces hasta hiriendo aquellos que nos rodean, y en la mayoría de los casos le cargamos el dado a nuestras hormonas.

El asunto con todo esto es que la Palabra no hace excepciones según la etapa hormonal que estemos atravesando, el llamado es a un comportamiento piadoso y a mostrar un espíritu tierno y sereno. El estar cautivas de las emociones y hacernos victimas de nuestras hormonas no es una excusa bíblica para patrones pecaminosos. 1ª Pedro 3:3 “…con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios”.

Nuestra fe no está basada en estados de ánimo sino en un Dios que no podemos contener en nuestras circunstancias.

Si bien las hormonas son una realidad y junto a ellas sus consecuencias, la Biblia nos llama a no ser esclavas de esta famosa montaña rusa de las emociones, Su Palabra dice que “Cada uno es esclavo de aquello que le ha vencido” 2ª Pedro 2:19. A libertad nos ha llamado el Creador, y esta libertad está en crecer en Él a través de Su Palabra.

Juan 8:32 “y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.

Es precisamente en medio de estos ciclos cuando más debemos afianzarnos en Aquel que nos salvó, siendo devotas a la lectura y meditación de Su Palabra, saturando nuestras mentes y emociones de Él.

Estamos llamadas en todo tiempo a rendir nuestra voluntad a Él y eso significa que debemos disponernos a cambiar nuestra manera de pensar y actuar no importando el día del mes “poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo” 2ª Corintios 10:5b, para que en todo tiempo seamos imitadoras de Dios, Efesios 5:1 “Sed pues, imitadores de Dios como hijos amados”.

Necesitamos aprender a encontrar satisfacción, deleite, contentamiento y gratitud en Aquel que suplirá todas nuestras necesidades emocionales. Salmos 37:4 “Pon tu delicia en el Señor, y Él te concederá las peticiones de tu corazón”.

La falta de asombro a la inmerecida Gracia de Dios será manifiesta en ansiedad, desanimo, negatividad, enojo, quejas, depresión, frustración y falta de contentamiento. En esos momentos de ahogo emocional la gratitud y humildad me librarán de mí misma y mis emociones descontroladas. Tu bienestar mental, físico y espiritual, y la estabilidad de tus relaciones con otros serán determinadas por tu nivel de gratitud.

Cultivar un corazón agradecido es vacuna contra el carácter irritable y rencilloso. Si te das cuenta que el desánimo, la depresión, el miedo o la ansiedad son parte de tu cartera, y esto lo atribuyes a las circunstancias que te rodean o a la actividad intensa de tus hormonas,  sin lugar a dudas necesitas un corazón asombrado de Sus bondades, agradecido y dependiente de Dios. Con el tiempo verás que el escoger la gratitud significa plenitud y gozo. Esa decisión no viene sin esfuerzo y sin ser intencionales, sino que requiere (i) la renovación constante de mi mente con la Verdad de la Palabra de Dios, Romanos 12:2… ”transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto”; (ii) enfocar mi corazón en el deleite de Dios y Sus regalos; y, (iii) el disciplinar mi lengua para hablar palabras que reflejan Su bondad y gracia hasta que un espíritu de gratitud sea mi respuesta automática a toda la vida.

La gratitud será un pilar en el carácter piadoso que Dios anhela que mostremos, e impactará radicalmente la vida de tu hogar, tu familia y tus seres queridos.

 

 

Karen Llibre

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