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08 de Febrero de 2018

Caminando en Su propósito

Por  Amalia Romero

"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas." (Efesios 2:10 LBLA)

Hace mucho leí la biografía de Ted Turner III, creador del canal de noticias CNN; este hombre que al parecer ha logrado todo cuanto se ha propuesto, menciona que la motivación para lograr sus metas fue el suicidio de su padre, evento que ocurrió cuando Ted tenía 23 años. Su padre dejó una carta explicando que la razón de éste era que ya había obtenido todas las metas que se había propuesto en la vida y no había ninguna razón para seguir viviendo. Ted dice que, para evitar el suicidio, decidió que siempre iba a vivir con un objetivo por lograr en la vida, pues si en algún momento se encontraba sin un desafío, le tocaría tomar la misma decisión que su padre: matarse.

Está cosmovisión tan “de este lado del sol”, se parece mucho al sin sentido con el que se encontró el predicador (Eclesiastés), que probó riquezas, sabiduría, toda clase de placeres para darse cuenta de que nada tiene sentido cuando el hombre decide buscar el significado de su existencia alejado de Dios. Y gracias a nuestro Padre Celestial que podemos leer Efesios 2:10 para responder la pregunta: ¿Cuál es el propósito de mi existencia?

Veamos el contexto inmediato de este verso. En Efesios 2, versículo 1-3, el apóstol nos recuerda cuál es la condición del hombre sin Cristo: miserable por naturaleza, hijos de ira, enemigos de Dios, caminando en las obras de nuestra carne. Luego, en los versículos 4-10, podemos apreciar el cambio glorioso que ha ocurrido por gracia. No somos nosotras los que hemos logrado la salvación, es Cristo quien lo ha hecho, no hay lugar para gloriarnos en nuestras habilidades o en nuestro poder, porque fue Su elección salvarnos y sentarnos en lugares celestiales con Él, no fueron nuestras buenas obras las que lograron la salvación.

Llegamos, entonces, al versículo 10, el cual empieza afirmando “Somos hechura suya…”. La palabra que se traduce como “hechura”, tiene que ver directamente con el trabajo creador de Dios, como el trabajo de un artesano que se toma todo el detalle para que su creación sirva para el propósito con que fue creada.

La idea es muy similar a la que encontramos en el Salmo 139:16 “Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos” (LBLA). Podemos apreciar mejor la idea en la NTV “Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara”; “Cada momento fue diseñado…” de la misma manera que un arquitecto o pintor haría un boceto de su obra maestra. Cuando ese embrión se formaba; dedos, manos, pies, ojos, labios, boca, nariz, cada uno tenía una función para cumplir el propósito para el cual Dios nos diseñó.

El Dios creador nos está preparando en Cristo Jesús para buenas obras. Y aquí es donde encontramos la respuesta a la pregunta de para qué estoy aquí en la tierra: Hemos sido creadas en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas; no en las obras que a nosotras se nos ocurran como lo hacíamos antes de conocerlo; o como lo hace cualquier mortal, que anda en las obras de su mente, incluso aquellas que en apariencia son buenas; si las obras que practicamos no corresponden a las buenas obras que el Señor preparó para nosotras, todo lo que hagamos es tiempo perdido. Hemos desperdiciado la vida si las obras en las que caminamos no son las que nuestro buen Dios preparó para nosotras.

Es supremamente importante entender que es Su propósito el que será cumplido, no necesariamente nuestras buenas obras por muy humanitarias que luzcan. Dice el Salmo 138:8 “El Señor cumplirá su propósito en mí; eterna, oh Señor, es tu misericordia; no abandones las obras de tus manos." ¿Qué nos impide hacer la obra de Sus manos? Que en nuestro corazón alberguemos alguna esperanza o deseo que la obra nos pertenece, o que la alabanza y el reconocimiento sea para nosotras. Eso pudiera resumirse, en una palabra: orgullo. Aun habiendo sido rescatadas del pecado, pudiéramos estar caminando lejos de Sus propósitos, lejos de las obras que Él diseñó para nosotras.

Una pregunta que nos surge es ¿Cómo podemos saber que estamos haciendo la obra de Dios y no nuestros deseos? Puedo ver dos cosas: a) Según Salmo 139:16, nuestros miembros fueron diseñados para un propósito; entonces hay algo en lo que puedo funcionar con toda naturalidad porque para eso Dios me creó. b) Las obras en las que camine, deben traer más gloria al Nombre de Cristo que al mío. En el momento en que descubra que mi corazón está anhelando alabanza o reconocimiento, debería reconsiderar si estoy caminando en las obras que Dios preparó de antemano; ¡es Su propósito el que debe cumplirse! (Salmo 138:8).

Nuestro Padre en Su benevolencia, nos invita a participar con Él en Su plan redentor (1ª Corintios 3:9); ¿Cuánto de Su propósito para nuestra vida habremos cumplido cuando nos presentemos ante Su trono?

"El que edifique sobre este fundamento podrá usar una variedad de materiales: oro, plata, joyas, madera, heno o paja; pero el día del juicio, el fuego revelará la clase de obra que cada constructor ha hecho. El fuego mostrará si la obra de alguien tiene algún valor.  Si la obra permanece, ese constructor recibirá una recompensa, pero si la obra se consume, el constructor sufrirá una gran pérdida. El constructor se salvará, pero como quien apenas se escapa atravesando un muro de llamas." (1ª Corintios 3:12-15)

¿Permanecerán delante de Su presencia esas obras o se desvanecerán porque no son las obras que Dios preparó para que anduviéramos en ellas?

"Ahora que ya no somos Sus enemigas; que hemos pasado de muerte a vida por Su gracia maravillosa; ahora que sabemos que hay propósito para nuestra existencia; roguemos porque podamos entender y obedecer al propósito para el cual Él nos diseñó. Que nuestro buen Dios “…nos haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando El en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”." (Hebreos 13:21 LBLA)

 

 

Amalia Romero

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