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13 de Febrero de 2018

Relación con los demás: Amistades saludables

Por  Gilda Hernández Rancier

Jesús tenía un grupo de relaciones personales en diferentes profundidades. Estaban los setenta que él nombró y envió (Lucas 10: 1). Luego estaban los doce que eligió para estar con él a lo largo de todo Su ministerio (Marcos 3:14-19). También conocemos la historia de Marta, María y Lázaro (Juan 11: 5). Él estaba personalmente más cerca de ellos que de los demás. Incluso Juan fue llamado al menos cuatro veces "el discípulo a quien Jesús amaba”.

Me fascina conocer que el amor que caracterizó a Juan fue una cualidad que aprendió de Cristo, no algo natural que saliera de él. Juan era un tipo duro, tosco, intolerante, ambicioso, celoso, agresivo, impertinente y explosivo, pero (¡el glorioso PERO!) envejeció bien, bajo el poder del Espíritu Santo, todas sus debilidades se transformaron en áreas de oportunidad.

Claramente, no podemos tener una amistad con una persona en la cual no confiamos. Tampoco podemos profundizar más con todas, pero el mandamiento bíblico de soportar las cargas de los demás (Gálatas 6: 2) parece involucrar algo más profundo que un, "Hola, ¿cómo estás?". Nuestro problema es el egoísmo de corazón que hace que nos preocupemos más por lo que queremos que por lo que sabemos que es correcto.

El mundo conocerá a Dios a través de la manera en cómo nos amamos, ¿habías pensado en esto?

Dios nos instruyó a amarle sobre todas las cosas, y luego a amar a nuestro prójimo. No sé si te has preguntado alguna vez ¿por qué en ese orden?, en la práctica muchas veces podemos llegar a amar más (idolatrar) a nuestro prójimo (padres, esposos, hijos, nietos, amigos, mentores, líderes...) de lo que amamos a Dios, y la Verdad nos indica que el amor de Dios hacia nosotros es nuestra referencia, nuestra fuente, y la única manera en la que aprenderemos genuinamente a amarnos los unos a los otros. La Palabra de Dios nos ilustra varios ejemplos que no se basan en sentimientos sino en actos de amor intencional:

Vivir en armonía los unos con los otros (Romanos 12:16).

Siendo paciente los unos con los otros (Efesios 4:2).

Aceptándose los unos a los otros (Romanos 15:7).

No seáis un obstáculo en el camino de los demás (Romanos 14:13).

Amarnos los unos a los otros (Juan 13:34).

Daos preferencia unos a otros (Romanos 12:10).

Sed afectuosos unos con otros (Romanos 12:10)

Amables, misericordiosos perdonándoos unos a otros (Efesios 4:32).

Nos podemos sentir un poco desalentadas luego de leer estos versículos. Pero el Señor es fiel en cada una de nuestras relaciones para humillarnos y enseñarnos a amar (Proverbios 27:17). Jamás, mientras estemos en este mundo caído podremos lograr perfectamente amarnos las unas a las otras, pero podemos crecer, es una lección difícil, mas una que me llena de gozo.

1. ¿Cuál de los versículos “unos a otros” se te hace más difícil poner en práctica? ¿Por qué crees que sucede eso?

2. ¿Cuáles son algunas de las formas prácticas en que puedes vivir estas instrucciones "unos a otros” en tus relaciones?

La Palabra nos demuestra incluso cómo mostrar amor a alguien sin tener mucha relación. Por ejemplo, el buen samaritano en Lucas 10: 30-37 mostró amor al hombre judío herido, pero ni siquiera lo conocía. Y pagó y lo dejó al cuidado de otro. Jesús nos recomienda este tipo de amor.

En mi trabajo tengo el privilegio de servir a los demás; servir a otros me ha enseñado a morir a mí misma, a practicar el considerar al otro más importante que a mí misma. Definitivamente el servir a otros te pule. Y para mantener las amistades genuinas que agradan a Dios necesitamos identificar las “malezas” de nuestro carácter, y nutrir la base fundamental para cultivar amistades sanas. De acuerdo con Su Palabra tenemos la instrucción de elegir cuidadosamente nuestras amistades. Todas nuestras amistades cercanas deben estar centradas en Cristo.

Nuestro amor por Dios crece como cualquier relación lo requiere, a medida que pasamos tiempo conociéndolo a través de Su Palabra. Así como las amistades tienen diferentes niveles, las amistades íntimas toman más tiempo para desarrollarse. Pero el evangelio transforma nuestra relación con Dios, y esa transformación es directamente proporcional a la calidad de mis relaciones con los demás. Es a través del amor de Dios que somos capacitadas para amar al prójimo, y de ser amadas (1ª Juan 4:19).

Es contra nuestra naturaleza amar como Cristo nos ha amado. Pero empoderadas por Su Espíritu podemos hacerlo.

Puesto que en obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor sincero de hermanos, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro.

1ª Pedro 1:22 LBLA

Mas en cuanto al amor fraternal, no tenéis necesidad de que nadie os escriba, porque vosotros mismos habéis sido enseñados por Dios a amaros unos a otros;

1ª Tesalonicenses 4:9

Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros;

1ª Juan 3:11

Gilda Hernández 

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