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07 de Marzo de 2018

La mujer cristiana y el Día Internacional de la Mujer

Por  Charbela ElHage de Salcedo

Si miramos hacia atrás, las intenciones que motivaron la lucha de la mujer para lograr la igualdad en los derechos políticos y ciudadanos hoy en día a muchas nos parecen apropiadas y necesarias. ¿Pero qué ha pasado en el tiempo que en la actualidad la mujer cristiana no puede abanderarse o sumarse a esa misma lucha que comenzó en el siglo antepasado? El problema está en que, al paso del tiempo, esa defensa ha venido creciendo y no se ha limitado a luchar por ejercer el derecho al voto, el derecho a la participación en educación avanzada y el derecho a la obtención de propiedades, derechos que los hombres en su pecado y en un mal uso de su liderazgo restringieron a la mujer tenerlos, sino que esta lucha ha evolucionado hasta el punto de que hoy en día no solo se limita a obtener los mismos derechos que el hombre sino que ahora la mujer quiere tener el mismo rol que el hombre, y he ahí el problema.

¿Qué ha pasado? ¿Dónde nos perdimos?, ya que muchas de nosotras nos identificamos y otras quieren participar en la celebración del Día Internacional de la Mujer.

Lo primero es que no hemos entendido nuestro valor.

Hemos dejado de escuchar el consejo de Dios y al ignorarlo hemos perdimos el foco. Dios nos ha dejado Su Palabra y ella es la voz audible de Dios y en ella Él nos dice quiénes somos y lo que hacemos. La Biblia nos enseña que Dios nos hizo iguales en valor, es decir, que ante Sus ojos, hombre y mujer tienen el mismo valor, ninguno es menos que el otro, ambos fueron creados a “imagen de Dios” (Gn. 1:27). La Biblia no nos dice que solo el hombre fue creado a imagen de Dios, tampoco dice eso singularmente de la mujer, dice que ambos fueron hechos a Su imagen; por lo tanto, los dos son iguales y eso no es poca cosa. El problema está en que la mujer no se ha sentado a reflexionar y meditar en esta gran verdad, porque si lo hiciera se apoderara de su valor y lo entendiera y al estar segura del mismo, no importan los roles que se le otorguen, ninguno de ellos la hará sentir de menor categoría porque ella ha entendido lo importante y valiosa que es para Dios.  

Lo segundo es que no hemos abrazado y atesorado el rol que Dios nos dio. 

Esto puede tener varias razones: 1) Porque ignora los roles descritos en la Biblia y eso la hace actuar conforme a los patrones que ha aprendido en su caminar fuera de la fe. 2) Un mal entendimiento del concepto ayuda idónea y de la sumisión, ambas cosas vistas en la sociedad como funciones machistas por lo que su rol de ayuda y el mandato a la sumisión se ven como opresivos e injustos. Y, por último, 3) la mujer simplemente posee un corazón que no quiere someterse al diseño del Creador, porque ella entiende que a su manera es mejor y se embarca en la constante lucha por querer construir un rol conforme a sus criterios y no conforme a la Palabra de Dios.

Si te ves identificada en una de estas razones, mi oración para ti es que te vuelvas a la Palabra y veas lo que Dios dice de ti como mujer para que puedas celebrar como Él celebra. Y como cristiana, si en este día vas a celebrar algo, celebra que Dios es quien te define, celebra el valor grandioso que Dios te ha dado, igual valor que el hombre, hecha a Su imagen. Celebra la diferencia en roles, que es lo que te hace singular, única como mujer. Celebra que esos roles los pensó el Creador exclusivamente para ti, y que solo si son desplegados por ti, entonces funcionan.

Pero cuando celebres, no hagas nada por egoísmo ni por vanagloria, (Flp. 2:3). Celebra también que el hombre es igual de importante y que solo juntos, hombre y mujer, son capaces de reflejar la perfecta imagen de Dios.

Charbela ElHage de Salcedo

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