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09 de Marzo de 2018

Emociones controladas por el Espíritu

Por  Cathy Scheraldi de Núñez

En el principio, Dios hizo al hombre y la mujer diferentes, funcionando en armonía perfecta para trabajar Su creación. Como parte de su buena creación, el Señor nos dotó de emociones para disfrutar de Su obra.

Antes de Génesis 3, la mente y las emociones funcionaban en armonía. Con la caída, no solamente el cuerpo físico comenzó a morir, sino que el equilibrio entre la mente y el corazón desapareció, y las emociones comenzaron a alterar significativamente nuestra forma de pensar. Como mujeres, podemos ver esto de manera clara; muchas veces nuestras emociones son como una montaña rusa en la que nos dejamos llevar.

Cuando el mundo funcionaba de manera perfecta no había necesidad de emociones negativas, y por ende las hormonas estimulaban la mente para disfrutar al máximo al Señor. Sin embargo, el pecado produjo un corazón engañoso y una mente entenebrecida, y el resultado final es que las emociones muchas veces nos llevan a obrar contrario a la santidad.

LAS EMOCIONES, LA CIENCIA, Y LA BIBLIA

A través de estudios realizados con resonancias funcionales, la ciencia está probando varias cosas con relación a nuestras emociones.

Primero, que la Biblia tiene razón en que el hombre y la mujer fueron creados diferentes. Cada sexo emplea diferentes áreas cerebrales para realizar las mismas funciones, y en su forma de experimentar las emociones. Segundo, que la percepción masculina difiere totalmente de la cosmovisión femenina desde el nacimiento, lo que suele resultar en confusiones y malinterpretaciones en cada sexo.

El Señor había mandado a Adán y Eva a multiplicarse para llenar la tierra y hacer dominio sobre ella, obrando juntos y en armonía (Génesis 1:28). Sin embargo, por el pecado, cada uno comenzó a incluir al otro en su dominio, rompiendo la armonía de ser una sola carne (Génesis 2:24).

Con el castigo por su pecado, el hombre perdió el deseo de ser una sola carne, y el énfasis de su vida cambió a su trabajo y a las dificultades que tiene para realizarlo (Génesis 3:17-19). La perspectiva del hombre es sojuzgar la tierra.

Por otro lado, la perspectiva femenina es retener la unidad sin ser capaz de lograrla. La mujer está programada para la conexión, para mantener la armonía. Como leemos en Salmos 144:12, “…que sean nuestras hijas como columnas esculpidas (zavith en hebreo) para adornar un palacio”. Zavith significa “piedra de esquina”, que conecta una con otra. Para las mujeres, el regalo del Señor — mantener la conexión con su familia y relaciones— ahora será más difícil por el castigo dado por la desobediencia (Génesis 3:16).

 Vivir en un mundo imperfecto, con un corazón engañoso y una mente entenebrecida, combinado con los cambios de las emociones defectuosas, es una receta segura para el pecado.

Finalmente, los estudios también están demostrando que las áreas cerebrales que forman las emociones son más grandes en la mujer y tienen más conexiones con las otras áreas del cerebro; por ende, producen emociones mayores y más frecuentes. También hay diferencias en la secreción de las hormonas que estimulan las emociones; por ejemplo, en el hombre la producción de testosterona es estable, mientras que la mujer tiene una labilidad (cambios abruptos) en la producción del estrógeno que produce el ciclo menstrual y los cambios emocionales.

Vivir en un mundo imperfecto, con un corazón engañoso y una mente entenebrecida, combinado con los cambios de las emociones defectuosas, es una receta segura para el pecado, a menos que las emociones sean gobernadas por el dominio propio. Pero no estamos sin esperanza. El evangelio tiene el poder de corregir este sistema que ha sido dañado por el pecado y traerlo de nuevo a la armonía en Cristo.

ENCONTRANDO GOZO EN NUESTRAS EMOCIONES

¿Qué podemos hacer para regresar y tener gozo al vivir de la manera en la que el Señor nos diseñó? Aquí algunos consejos:

1. Necesitamos que el Espíritu Santo more en nosotros, por el arrepentimiento de nuestros pecados y el reconocimiento de Cristo como único Señor y salvador. Solo el Espíritu trabajando en nuestro corazón y mente nos da el poder para vivir como Dios quiere que vivamos.

2. Necesitamos caminar en el Espíritu. Gálatas 5:16-18 nos enseña que al caminar por el Espíritu, no cumpliremos los deseos de la carne, porque estos se oponen el uno al otro. Si andamos de esta manera, nuestras emociones serán manejadas de manera agradable a Dios, porque no estaremos buscando satisfacer los deseos de nuestra carne.

3. Necesitamos arrepentirnos y pedir perdón por nuestras acciones pecaminosas, por nuestras reacciones emocionales que nos llevan a pecar. De no hacerlo, estamos conformándonos al mundo, cuando lo que debemos hacer es transformar nuestra mente (Romanos 12:2).

4. Es de gran ayuda conocer los cambios que nuestro cuerpo experimenta una vez al mes.  Durante este tiempo nuestras emociones suelen alterarse, y podemos dejar que nuestra mente vaya a pensamientos y sentimientos errados. Por supuesto, debemos reconocer que el pecado nunca tiene justificación, por lo que cada pensamiento debe ser llevado a la obediencia de Cristo, sin importar el día del mes.

5. Debemos identificar las mentiras que llegan a nuestra mente causando emociones equivocadas y reemplazarlas con la verdad, con las cosas que agradan a Dios (Filipenses 4:8). La meta del Señor es formarnos a la imagen de Cristo (Romanos 8:29), y Él usará nuestra lucha para cumplirla.

6. Aunque haya días en los que sintamos que la tarea es imposible, debemos confiar en la promesa de transformación del Señor. Dios es quien hace la obra en nosotros, y Él seguirá trabajando hasta el día de Cristo Jesús (Filipenses 1:6).

7. Ora continuamente por la obra que Dios está haciendo en ti (Filipenses 2:13), para que tu corazón esté en el lugar correcto para ser transformada y puedas disfrutar de lo que Él hace en ti.

8. Reconoce que mientras estamos obedeciendo, Dios está desarrollando el dominio propio en nosotras (Gálatas 5:23), y esto nos ayudará a controlar nuestras emociones y en todas las demás áreas de nuestras vidas. Pero recuerda que el dominio propio es fruto del Espíritu, que separadas de Él nada podemos hacer.  

Solamente viviendo en obediencia a Cristo y caminando por fe en el Espíritu Santo seremos capaces de tener de nuevo la armonía entre la mente y el corazón, para que podamos comportarnos como zavith en nuestras relaciones y glorificar a Cristo en nuestras vidas.  

Mi oración para cada una de nosotras es 1 Tesalonicenses 5:23-24, “Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Aquél que los llama, el cual también lo hará”.

 

 

Catherine Scheraldi de Núñez

*(Publicado originalmente en Coalición por el Evangelio)

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