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09 de Abril de 2018

Abriendo el regalo: reflexión para madres especiales

Por  Yanet Mesa de Carreño

Una de las muñecas favoritas de mi hija debe adquirirse de una forma muy particular, viene en una esfera, y lo que hay dentro, es un total misterio. Mi hija debe ir retirando las capas de papel decorado para encontrar dentro de cada capa una pista, un accesorio de la muñeca, hasta descubrirla finalmente en la última capa. Nadie sabe qué está dentro de la esfera, ni siquiera los padres que la compran, solo el diseñador.

La primera vez que adquirimos la muñeca no pude dejar de pensar en el proceso de descubrir a nuestros propios hijos. “He aquí, don del SEÑOR son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre” Salmo 127:3, cada hijo es un don de Dios, un regalo que debe ser desenvuelto poco a poco en la medida en que pasa el tiempo. Cada día vamos descubriendo lo inesperado, su personalidad, sus ocurrencias, eso que los hace parecidos a nosotros, y donde podemos vernos como en un espejo, sorpresas en cada capa.

Aunque muchas veces mi hija se anima e ilusiona con lo que descubre, otras puedo ver su cara de frustración al darse cuenta de que no es la muñeca que esperaba. ¿Puede pasarnos eso en el proceso de recibir a nuestros hijos como regalo de Dios?

Como terapeuta infantil me toca ver en muchas madres el rostro de la frustración o la tristeza que implica descubrir que su hijo tiene una condición especial. El regalo se convierte en un reto que genera ansiedad y surgen preguntas comunes: “¿Cuál es la causa, a qué se debe, fue algo que hice?”. En la mayoría de los casos, la causa escapa a nuestra comprensión total y no existe nada que los padres hayan hecho. Puede que nuestro regalo reciba un diagnóstico de Síndrome de Down, o Trastorno del Espectro Autista, Parálisis Cerebral o Discapacidad Cognitiva…no sabemos muy bien al principio cómo lo manejaremos, pero sabemos que hemos descubierto un misterio que nos sobrecoge, que no entendemos y que puede llenar a una madre de incertidumbre.

¿Qué hacer?

Primero recordemos que Dios habla en Su Palabra de los hijos como don y recompensa, sin letras pequeñas como en los contratos o la publicidad, de seguro se refiere a todos los hijos. Por tanto, encontrar la guía y la paz que se requiere para educar, acompañar y evangelizar a nuestro hijo está en el mismo lugar, en el descanso que proviene de la confianza en la soberanía de Dios, a Quien no le tomó por sorpresa lo que descubrimos al despojar una capa, porque Él es el Diseñador..

¿Qué aprenderé?

De seguro cada día a depender más de Dios. Una de las inquietudes que las madres confiesan con temor es: ¿Qué pasará cuando yo no esté? ¿Quién le cuidará y le entenderá? Tranquilas, Dios tiene cuidado de los pájaros del campo y de la hierba que hoy está y mañana se desvanece, nuestros hijos son más importantes para Dios que incluso para nosotras mismas, Él está en absoluto control.

Descubrir el regalo requiere valentía, y la valentía sabemos que proviene de una relación cercana con Dios. Y ahí está nuestra confianza para ver al futuro sin incertidumbre. Puede ser un diagnóstico médico, psicológico, o un niño “difícil” de educar, los retos están ahí porque la imagen de Cristo en nosotras, como el oro, requiere que sea formada en el calor de la prueba y a través de los retos de la vida. Pero recordemos, Dios está con nosotras, y ha prometido que nos acompañará cualquiera que sea nuestra circunstancia.

¿Cuál es nuestra responsabilidad?

Si nuestros hijos tienen una condición especial, es nuestra labor proveer las ayudas, terapias, seguimiento, medicación, lo que en la sabiduría humana Dios haya provisto, sin olvidar su necesidad más importante, que va más allá del diagnóstico. Nuestra misión no cambia, nuestra meta última no varía, debemos llevarlos a los pies de Cristo, debemos orar y procurar su salvación, presentar el Evangelio que transforma, y que no conoce barreras.

En medio del descubrimiento, en el proceso de ser madres con retos especiales, en medio de las dudas y la ansiedad, nuestro Dios nos regala Su Palabra en la que podemos descansar. ¡Ánimo! No desmayemos, tenemos de nuestro lado al Diseñador, y en Sus manos nuestro futuro y el de nuestros hijos está asegurado.


“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros” —declara el Señor— “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza. (Jer. 29:11).

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