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12 de Abril de 2018

Honrando a nuestros padres ancianos (3ra parte)

Por  Vilma Mata de Méndez

Este tema está muy cerca de mi corazón, pues mi madre ya es muy anciana, se encuentra lejos y somos una familia pequeña (tan sólo dos hermanas), y es precisamente mi hermana quien carga con la mayor responsabilidad en el cuidado de mi mamá, ya que es ella quien vive cerca y por lo tanto la acompaña a sus citas médicas, la lleva de compras, la visita en su hogar para ver cómo se encuentra, lo cual conlleva viajes, costos, etc.

Y a pesar de que siempre soñé con vivir próxima a mi familia e ir a visitar a mi madre cada sábado,  para reunirnos alrededor de su mesa a comer todos juntos; en Su providencia, el Señor no permitió que fuera así; ya que ella ha vivido los últimos 31 años en otro país, en otro estado, lo cual me causa un gran dolor, pues veo que mi madre ya no quien solía ser, pues, ahora con solo una visita al supermercado se siente agotada, mientras que antes solíamos caminar durante horas y horas de paseo; y eso me hace reflexionar en lo que un día yo misma me convertiré.

La honra a nuestros padres debe ser aún más en la etapa de la vejez y de la soledad.

Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir. (Salmo 71:18)

Como cuidemos, así seremos cuidados.

Mientras nuestros padres se encuentren todavía lúcidos y conscientes, debemos respetar su lugar de hábitat para que se sientan seguros, procurando que se mantengan familiarizados con su entorno en su área de cotidianidad, pues esto les ayuda con su estabilidad mental, en especial cuando llega la etapa en la que comienza la pérdida de memoria debido a su edad y dónde muchos llegan a padecer demencia senil.

Hay algunos momentos en los que la situación se torna aún más difícil y compleja, pues nuestros padres llegan a necesitar ayuda las 24 horas del día, los 7 días de la semana, ya sea por Alzheimer, por una enfermedad terminal, una quebradura de huesos, etc. y muchas veces es necesario costear su hospitalización, lo cual no siempre es fácil de lograr, pues para algunos significa trabajar tiempo extra ya que es importante generar recursos para cubrir esos gastos.

Además de ello, es importante tomar en cuenta que tal vez un día tengamos que cubrir los gastos de una enfermedad terminal e incluso su funeral, por lo que debemos anticiparnos a ello siendo previsoras.

He tenido la oportunidad de visitar varios de los asilos para ancianos en los Estados Unidos, algunos de ellos austeros, no muy limpios y hasta con un mal olor, mientras que existen otros, hasta cierto punto ostentosos; pero definitivamente, el lugar donde serán ingresados nuestros ancianos, dependerá de lo que cada uno haya ahorrado para ello.

Aunque por ahora mi madre puede valerse sola para sus necesidades primarias y por lo tanto, no hay necesidad de tomar una decisión inmediata, en mi corazón hay una lucha, pues desearía ser yo misma quien cuide de ella cuando ese momento llegue, ya que no quisiera dejarla en un lugar de cuidado por muy bueno que éste sea.

Por eso creo que debemos orar y pedirle al Señor que nos vaya mostrando la manera en que debemos conducirnos sabiamente para ir buscando la estrategia correcta de su cuidado futuro y así, en la misma medida en la que aumenten nuestros temores y preocupaciones por ellos, aumentemos también nuestra oración y confianza en lo que Él ha prometido.

No me rechaces en el tiempo de la vejez;

no me desampares cuando me falten las fuerzas. (Sal. 71:9)

Además, la decisión de cuidar o llevar a nuestros padres a un asilo debe ser una conversación y decisión tomada por ambos esposos, tomando en cuenta que ésta será tan solo una etapa momentánea, temporal, donde será necesario que sacrifiquemos un poco de nuestro tiempo y convivencia.

En lo personal, tengo prioridades y un llamado: Debido a que soy una mujer casada y que nuestro ministerio nos obliga a viajar constantemente, teniendo entre otras cosas que pagar costosos boletos aéreos, al tiempo que debemos vivir en distintos países; mi esposo y yo hemos llegado al acuerdo de visitar a mi madre al menos 3 veces por año, pero, no puedo quedarme ahí, sino que cada oportunidad que tengo, la llamo por teléfono para que sienta que no está sola.

Mi madre es una mujer cristiana y su ministerio es orar por los demás, así que cada vez que la visito, anotamos en la libreta especial que tiene para ello, los nombres de miembros de diferentes iglesias, pastores, matrimonios, parejas, etc. por los que ora de forma personal cada día; pues al igual que Ana, ella tiene un ministerio de oración y se deleita en orar y cantar alabanzas, además de levantarse de madrugada para hacer sus devocionales.

Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio, y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones. (Lucas 2:36-37)

 

 

Vilma Mata de Méndez

Pecadora salvada para que Él use mis pecados y debilidades para apuntar a Su Gloria, Su Fama, Su gran Nombre y proclamar gracia, perdón y arrepentimiento por medio de la cruz y del Evangelio. Arquitecto, Consejera, Coach de mujeres, Maestra de Estudios Bíblicos, esposa de Luis Méndez, madre de 5: tres hijos y dos yernos. Estudió Fundamentos de Teología en Bethlehem Baptis Church. Es miembro certificado de coach para mujeres de la American Association Christian Counselor. En proceso de obtener su certificación de Consejería Bíblica en Faith Biblical Counseling. Su pasión es discipular y enseñar Estudios Bíblicos. Formó parte del liderato de Women’s Ministry de Bethlehem Baptist Church en Minneapolis, Minnesota donde enseñó estudios bíblicos por siete años, bajo el pastor John Piper y Jason Meyer (2009-2016). Actualmente sirve en el Equipamiento y Entrenamiento en Consejería Bíblica junto a su esposo Luis Méndez, y es asesora externa para el Ministerio EZER de la Iglesia Bautista Internacional, bajo su pastor Miguel Núñez.

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