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02 de Mayo de 2018

Cuando no entiendo el llamado de Dios para mi esposo.

Por  Omayra Pérez de Peña

Serie: Viviendo La Palabra casada con Noé

“Pero estableceré mi pacto contigo; y entrarás en el arca tú, y contigo tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos” Génesis 6:18

Sara la esposa de Abraham, Eva la mujer de Adán, Rebeca la esposa de Isaac, Raquel la mujer de Jacob, Séfora la esposa de Moisés y así como ellas, muchas más son mencionadas en la Biblia. Más no sabemos quién fue la esposa de Noé.

De ella se sabe que estaba casada con el hijo de Lamec, cuyo nombre quiere decir “reposo”, pues fue enviado para “aliviar las obras y el trabajo de las manos, a causa de la tierra que Jehová había maldecido” (Génesis 5:28-29).

Ellos tuvieron tres hijos: Sem, Cam y Jafet (Génesis 5:32) en medio de una sociedad que era patriarcal, donde las mujeres no eran relevantes, no eran tomadas en cuenta; y también que estaba corrompida, los seres humanos sólo pensaban malvadamente (Génesis 6:5).

Por causa del pecado, Dios decide destruir la tierra con un diluvio (Génesis 6:13), pero establece un pacto con este hombre (Génesis 6:18), quien había hallado gracia delante de Sus ojos, era justo, perfecto en sus generaciones, había caminado con Él. Por ser el único, Dios lo elige junto a su familia (hijos, esposa y esposas de sus hijos) para librarlos del castigo que sobrevendría y le instruyó directamente a construir un gran barco que tardaría unos 120 años.  

Dios tenía apartado a Noé desde antes de la fundación de los siglos y a su esposa también. Al recibir la noticia de lo que tenían por delante, ella pudo haber actuado neciamente: burlarse de él, dudar de que Dios realmente le hubiera hablado, cansarse de ayudar a construir el arca, de contar, clasificar y alimentar animales; impacientarse por la larga espera, pues duró 120 años en hacerla y después esperar que la tierra estuviera totalmente seca para poder salir del arca. Acciones y sentimientos que revelarían falta de entendimiento o rebelión.

Aparentemente la mujer de Noé no fue estorbo, más bien fue sabia, concediéndole Dios salvación, así como a los suyos, por Su misericordia. De hecho, de haber cometido un acto de insensatez la Biblia lo hubiera mencionado. - No olvidemos la esposa de Job, tampoco sabemos su nombre, no obstante, incitó a Job a que maldijera a Dios y se muriera (Job 2:9). Esta mujer tuvo que haber soportado humillación, presión, sin dejar de lado los sentimientos de inseguridad, desesperación, temor.

Noé fue un hombre de fe, efectivo en su llamado y parte de su éxito fue su esposa. Ella le tuvo que haber traído bien y no mal (Proverbios 31:12). El hombre del arca fue fiel a Dios; y su señora, fiel en acompañarle. La gracia de Dios se extendió a todos en la familia.

No lo sabemos, pero pudiéramos especular que fue obediente y se mostró confiada en que Dios estaba dirigiéndola a través de su esposo. Una mujer que ayudó (Génesis 2:18), que no pretendió estar en el liderazgo, más bien permaneció en el anonimato, pero con el gozo y la plenitud que trae el ser parte de los propósitos gloriosos del Señor.

Amadas, no hemos sido invitadas a entender la encomienda que Dios hace a nuestros cónyuges. Aun así, Él mismo dice que “Nos enseñará y nos hará entender el camino por donde debemos de andar y fijará Sus ojos sobre nosotras” (paráfrasis de Salmos 32:8), y además, que “A quien le falte sabiduría, se la pida a él quien la da en abundancia” (Santiago 1:5). ¡No hay nada que temer!

A pesar de que nos embargue la incertidumbre de no saber qué harán nuestros esposos, podemos confiar en el Señor, confiar en Sus promesas, Él cumple, es fiel, ha prometido no dejarnos ni desampararnos (Salmos 34:5-6).

Ignorar temporalmente Sus planes para con mi familia, no invalida lo que me ha pedido y es que sea de ayuda y que me sujete (1ª Pedro 3:1). Si la espera nos causa ansiedad, “Echemos sobre el Todopoderoso nuestras cargas, él nos sostendrá” (Salmos 55:22).

Mis queridas, somos inmensamente valiosas para nuestro Rey Soberano, quien sí sabe cuál es nuestro nombre y quien recibirá gloria cuando elijamos obedecerle a Él al mantenernos al lado de nuestros maridos, en medio de toda circunstancia (las cuales ciertamente vendrán). Esta obediencia traerá bendición a nuestras vidas; y, a las de los demás, transformación. Estaremos viviendo y predicando el Evangelio del Señor demostrado en actitudes y hechos. Traerá salvación.

Podemos descansar en que esa misma gracia que estuvo con la Señora de Noé y su familia estará con nosotras…Dios no ha cambiado ni lo hará… ¡Aleluya!

 

 

Omayra Pérez de Peña

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