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12 de Mayo de 2018

Lecciones invaluables para una nueva mamá

Recuerdo que desde niña soñaba con tener hijos. Recuerdo que mis juguetes favoritos eran muñecas que tenía que alimentarlos, cambiarlos y pretender ser su mamá. En mi juventud, Dios me llamó a prepararme profesionalmente como maestra con la mira de que esa carrera me ayudara en mi labor como mamá también. Así mismo disfrutaba mucho asistir a conferencias para maestros y padres de familia como lo es Niños deseando a Dios desde que tenía 16 años. En mi mente, pensaba, “Wow” que preparada estoy para asumir el rol de ser madre. ¡Cuán equivocada estaba!

Después de un año de estar casada, mi esposo y yo descubrimos que yo sufría de infertilidad y que sería un proceso largo buscar tener un bebé. En todo ese proceso, aprendí mi primera lección como mamá.

Los hijos son un regalo que solo Dios pueda conceder

He aquí, don del SEÑOR son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre.” - Salmo 127:3

En mi mente terrenal, había asumido que tener hijos era tan fácil como planificarlo y tenerlo en mis brazos. Sin embargo, Dios es el único que puede conceder éste gran privilegio. El comenzar a ver la maternidad como un regalo inmerecido ha sido una gran lección. En nuestra sociedad los hijos son visto muchas veces como un obstáculo para alcanzar las metas, una inconveniencia en los planes de viaje o estilo de vida de los padres, etc. Sin embargo, en ninguna parte de las Escrituras, Dios se refiere de manera negativa de los hijos, para Dios los niños son preciados, estimados, importantes, vistos como lo que son, una bendición.

Estimada madre, cada vez que la impaciencia, enojo, desánimo, cansancio nuble nuestras vidas, recordemos, nuestros hijos son una bendición inmerecida, ellos son la herencia del Señor. Cada vez que soy tentada en pensar en mis hijos en algo lejos de una bendición recuerdo como le pedí con tanto fervor a Dios por concederme ese privilegio, no todas las mujeres llegamos a vivir la dicha de poder ser llamadas mamás.

 

Mi motivación más grande es el Evangelio

Recuerdo cada detalle del día en que traje a mi primer hijo a casa, nunca me he sentido menos preparada. Todo era completamente nuevo para mí, desde cómo cambiar a un recién nacido, amamantarlo, bañarlo, dormir al bebé, soportar largas jornadas sin dormir al lado de una montaña rusa de hormonas, etc. Recuerdo como el pensamiento que no era adecuada para ser mamá inundaba mi mente y como lágrimas rodaban por mis mejillas. La ansiedad y el temor eran mis compañeros las primeras semanas. Ahora que estoy esperando mi tercer bebé, aun vienen a mi mente los mismos pensamientos, “no podré con tres niños abajo de tres años”, “es demasiado difícil”, “estoy sola con mi esposo, lejos de mi familia, nadie me podrá ayudar”, etc.

Algo que, como hijas de Dios, diariamente debemos recordar es el hermoso evangelio. El evangelio nos dice algo refrescante y poderoso: Cristo es perfecto, Él y solo Él logró en su perfección vivir una vida santa y por ello logró con su muerte y resurrección nuestra justificación y perdón de TODOS nuestros pecados. Es por eso que con el mismo poder con el que resucitó, Él habilita a todos sus hijos a vencer sus pecados y temores diarios. El evangelio nos recuerda lo siguiente, “Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” - Romanos 5:6-8

Como mamás muchas veces intentamos ser perfectas y no parecer débiles o vulnerables, pero Dios conoce nuestra condición. Que hermoso recordar que mi éxito como mamá no recae en mí, principalmente, sino en la obra que Cristo ya hizo en mí. Muchas veces en mi orgullo pienso que “tengo esto bajo control” y al siguiente segundo todos mis planes se esfuman en el caótico diario vivir, y en ese mismo momento la verdad es la misma, Dios está en control y obrando en mi corazón a través de la vida de estos pequeños. Desde el momento en que una prueba revela que estoy embarazada y hasta el día que Dios me llame a su presencia, Dios usará la vida de mis hijos, y todo a mi alrededor, para mostrarme cuanto necesitada soy de Cristo. Dios desea que reconozcamos la gran fortaleza de nuestro Dios que nos ha llamado a este gran privilegio de ser mamás.

 

Mi maternidad es un sacrificio agradable a Dios

El evangelio también nos recuerda que somos llamadas a entregar nuestra vida y a responder a la realidad de haber sido rescatadas por nuestro Salvador. Ser mamá es un gran ejemplo de lo que significa poner nuestros deseos, sueños y vida por Cristo y su voluntad sobre nosotras.

Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” - 2 Corintios 5:14-15

“Pero los cristianos deberían tener un paradigma diferente. Nosotros debemos correr a la cruz, a la muerte. Así que, renuncia a tus esperanzas, renuncia a tu futuro, renuncia a tus pequeñas molestias, renuncia al deseo de ser reconocida, renuncia a la irritabilidad con tus hijos, renuncia a tu casa perfectamente limpia, renuncia a tus quejas de la vida que estás viviendo, renuncia a la vida imaginaria que podrías tener tú sola. Renuncia a todo eso. Morir a ti misma no es el fin de la historia. Nosotras, más que cualquiera, deberíamos saber lo que viene después de la muerte. La vida cristiana es una vida de resurrección, una vida que no puede ser contenida por la muerte, una vida que solo es posible cuando se ha estado en la cruz y resucitado.” - Rachel Jankovic

"Las rutinas del trabajo doméstico y de la maternidad pueden ser vistas como un tipo de muerte, y es apropiado que así sea, ya que ofrecen la oportunidad, día tras día, de dar la vida por los demás. Entonces ya no son rutinas. Al ser hechos con amor y ofrecidos a Dios con alabanza, son santificados de ese modo, como los vasos del tabernáculo fueron santificados, no porque fueran diferentes de otros vasos en calidad o función, sino porque fueron ofrecidos a Dios. La participación de una madre en mantener la vida de sus hijos y hacerlo agradable y confortablemente no es trivial. Requiere el sacrificio propio y humildad, pero es la ruta, como lo fue la humillación de Jesús, para la gloria ". - Elisabeth Elliot, Let me be a Woman.

Rachel Jankovic afirma en el libro Mom Enough o Suficientemente Madre, “En el corazón mismo del evangelio está el sacrificio y tal vez no haya ocupación en el mundo tan intrínsecamente sacrificada como la maternidad. La maternidad es una maravillosa oportunidad de vivir el evangelio. Jim Elliot dijo la famosa frase: «No es tonto el que entrega lo que no puede retener, para ganar lo que no puede perder». La maternidad te ofrece la oportunidad de sacrificar las cosas que no puedes retener, en favor de las almas que no puedes perder. Son almas eternas, son tus hijos, que son tu campo misionero.”

Después de nuestro amor por Cristo y nuestros esposos, nuestro mayor ministerio son nuestros hijos. Mi oración es que Dios me conceda ver a mis hijos en fe y pensar como Dios usará sus vidas para ser ministrados y bendecidos por ellos. Dios ve nuestro corazón y aunque ser mamá parezca ser cosa pequeña, el lavarles sus ropas, prepares comida, bañarlos, orar con ellos, cantar alabanzas junto a ellos, leerles la Biblia, limpiar la casa un sin fin de veces, cambiar el pañal por quinta vez en una hora, todos esas “pequeñas” cosas son vistas por Dios. Ofrecer esas acciones a Dios con agradecimiento y con fe tienen un gran impacto. Personalmente, extraño mucho servir mucho más en mi iglesia local. Siendo esposa de un pastor, tenía el privilegio de servir en muchos ministerios y participar en cualquier evento que se presentaba. Sin embargo, yo sirvo más a mi iglesia al cuidar de mi esposo, hijos y hogar. Mi esposo descansa en saber que las cosas en casa están siendo cuidadas con amor y por ello él puede continuar sirviendo a la iglesia con mucho más fervor.

Estimada mamá, Dios ve tu corazón y él te pide serle fiel en esta encomienda que te ha dado. Jesús nos invita a tomar nuestra cruz y a perder nuestra vida por Él. Cuando la desesperación, impaciencia y desanimo entra a mi vida recuerdo este hermoso llamado y sé que Dios está y continuará obrando en mi vida a través de esta aventura de la maternidad.

Una frase que usa Rachel Jankovic ha retado mucho mi corazón, “Nuestro pecado no disminuye el poder del evangelio, sino que ilustra el por qué lo necesitamos”. Como mamás cometeremos muchos errores, muchos, pero Dios nos llama a creer en él, y creer que hemos sido perdonadas y llamadas a extender ese mismo perdón y amor a nuestros hijos. El evangelio nos llama a ver a nuestros hijos, así como Cristo ve a los suyos, con compasión, amor, y dispuesto a entregarse por ellos. Ser madres significa extender gracia ya que a nosotras se nos ha sido extendida inmerecidamente.

 

He sido capacitada por Dios para ser mamá

y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.Efesios 2:6-10

Hemos sido salvadas por gracia y en Cristo hemos sido creadas para buenas obras que Él preparó de antemano, de las cuales incluyen el ser mamás. Es por ello que, aunque me falta muchísimo por aprender aun, sé que Dios camina junto a mí y Él me equipará con la suficiente gracia, sabiduría y fuerzas para todo lo que venga.

Como lo mencioné anteriormente, ser mamá es un camino muchas veces lleno de miedos e incertidumbres, pero algo que nunca fallará, aun cuando yo lo haga una y otra vez, es mi Señor y sus promesas.

En Romanos 4:19-21 la Escritura relata la fe que Abraham tuvo en su Señor, “Y sin debilitarse en la fe contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muerto puesto que tenía como cien años, y la esterilidad de la matriz de Sara; sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios,y estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso eratambién para cumplirlo.

Como mamás debemos estar plenamente convencidas en que Dios ha prometido equiparnos y el hecho que el Espíritu Santo habita en todos sus hijos, nos da el poder y nos capacita para llevar a cabo este rol dándole gloria a Dios.

para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios” - Colosenses 1:10

“La buena noticia es que no necesitas graduarte de algún campo elite de entrenamiento para madres para poder aplicar el evangelio en tu vida. Tú necesitas creer. Confía en Dios, da gracias, ríe, cree y eso alimentará a tus hijos. Descansa en Dios y tus hijos aprenderán a descansar en Dios. Derrama sobre ellos de la bondad que Dios ha derramado para ti. Perdónalos de la misma manera que Dios te perdonó a ti. Tienes todo lo necesario para nutrir espiritualmente a tus hijos porque tienes a Cristo.” - Rachel Jankovic

Mi garantía que seré una buena mamá ante los ojos de Dios no se verá reflejado en sí cumplí con mi lista de pendientes, si mis hijos terminaron sus estudios superiores, si obtuvieron un buen trabajo, etc. sino en que fui una mamá que dependió en Dios para cumplir con mi rol. Rachel Pieh Jones describe esta ecuación:

Mamá (nunca suficiente) + Dios (infinitamente suficiente) = Una madre suficiente

Debemos entender que no existe nunca una mama perfecta, sino una mamá que entiende que tiene un Dios perfecto, infinitamente suficiente al que podemos correr a Él segundo con segundo para encontrar gracia y socorro. Somos llamadas a confiar y creer que hemos sido llamadas por un Dios que no nos ha dejado a la deriva sino un Dios que promete recorrer junto a nosotros este caminar.

 

Dios está comprometido con su gloria, y eso incluye mi maternidad

A lo mejor no te identifiques conmigo en desear la maternidad desde el inicio y a lo mejor ves la maternidad como algo negativo; o también puede que ya eres mamá y te sientes culpable que nos sientes ese amor tan “intenso” como otras mamás lo describen. Querida amiga, no estás sola. La maternidad es un privilegio y un hermoso llamado que Dios hace a nuestras vidas. Dios te está llamando a responder en FE sabiendo, “que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” (Filipenses 1:6). ¡Dios es el que nos llama y Él nos perfeccionará día con día hasta que lleguemos a Su Gloria! Incluye en tus oraciones diarias el gozo, amor y paciencia necesaria para el día a día. Dios es capaz de cambiar nuestros corazones y deseos conforme a los suyos y hacernos sentir plenas en Él, ya sea realizando la labor de ser mamá o cualquier otro rol que Él nos llame a hacer. Cree en que Dios es poderoso y Él está interesado en que su gloria crezca y en equiparnos para formar a la siguiente generación para que le conozca y alabe. Confiemos y corramos diariamente a los medios de gracia que Dios nos ha dejado: Su Palabra, la oración, la iglesia, la comunión con otras hermanas y hermanos, etc.

 

Tengo todo lo que necesito como mamá

Finalmente, aunque como mamás hay infinitas lecciones invaluables que Dios hace a nuestras vidas recordemos que el regalo más preciado que Dios nos ha dado es a Él mismo. Spurgeon decía lo siguiente, “Tengo todas las cosas y abundantemente; no porque tenga una buena reserva de dinero en el banco, no porque tenga habilidad e ingenio para ganar mi pan, sino porque el Señor es mi pastor”. Como mamás tenemos todo lo que necesitamos ya que el Señor es nuestro Pastor y en Él podemos encontrar todo aquello que necesitamos. Recordemos que podemos acercarnos confiadamente al trono de gracia y encontrar la ayuda oportuna y misericordia que necesitamos (Hebreos 4:16). Así que queridas madres, no desfallezcamos y corramos en cada paso de nuestro caminar hacia nuestro Salvador y Creador con los ojos puestos en la meta y en la eternidad.

 

 

Gabriela Estupinian

Gabriela García de Estupinian es maestra de profesión, esposa de Roberto Estupinian, quién es parte del equipo pastoral de Gracia Soberana de Ciudad Juárez, México. Desde que el Señor la rescató, Gaby ha tenido la bendición de servir como educadora cristiana, maestra y capacitadora del ministerio de niños y en el equipo de alabanza. Actualmente sirve junto a su esposo en discipular mujeres y matrimonios, pero su principal ministerio es ser esposa y madre de Robbie y Ariana Grace. 

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