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11 de Mayo de 2018

¿Estamos aplicando la sabiduría de Dios a nuestras vidas o estamos viviendo como insensatas?

“El temor del Señor es el principio de la sabiduría; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción” (Proverbios 1:7).

 

Con frecuencia me encuentro pensando en cómo actuar frente a determinadas situaciones. Me preocupa que esté siendo insensata o poco sabia a la hora de actuar y de tomar decisiones (por más pequeñas que sean). Me llama la atención que la sabiduría popular de nuestros días nos da el siguiente consejo ante la incertidumbre: sigue tu corazón. Esto es, cuando no sabes qué decisión tomar, piensa en aquello que mueve las fibras de tu corazón, sigue sus inclinaciones, tu intuición, lo que te hace feliz. Muchas de nosotras, aún como cristianas, nos hemos visto tentadas a seguir este consejo más de una vez en nuestras vidas. Pero, ¿es sabio realmente seguir nuestro corazón? Más aún, ¿qué hace que algo sea sabio o no? y, ¿cómo sé yo si estoy actuando sabiamente o como una mujer insensata?

Al hacernos estas preguntas, lo primero que buscamos es una definición de lo que es sabiduría para poder distinguir si algo o alguien puede ser catalogado como tal. Una rápida búsqueda en el diccionario nos dice que la sabiduría es poseer conocimiento profundo en determinadas materias, como también la capacidad de actuar con prudencia. Creo que pudiéramos estar de acuerdo con esto. Sin embargo, la relatividad de los términos en nuestro mundo post-moderno hace necesaria una definición más precisa ya que carece de un estándar objetivo frente al cual medir los parámetros de prudencia y de conocimiento. Por ejemplo, el mundo a veces cataloga como “prudencia” cosas con las cuales, como hijas de Dios, no estamos de acuerdo. Una mujer puede decir que es prudente abortar a su hijo(a) si no tiene las condiciones para criarlo, pero estoy segura que Dios no llamaría a eso prudencia. Del mismo modo, puedo poseer mucho conocimiento sobre economía, pero dicha sabiduría se limita a la materia en cuestión.  Esto no me garantiza que sea capaz de actuar sabiamente en todos los ámbitos de mi vida.

La Palabra de Dios contiene una riqueza incomparable para ayudarnos a discernir correctamente lo que es sabiduría y cómo luce cuando la aplico a mi vida.  También nos ayuda a ver como se comporta una persona que no la posee. Quisiera compartir tres de estos características o contrastes entre sabiduría y necedad, o insensatez, como una ayuda para poder discernir entre ambas. Al fin de cuentas, lo más importante no es definir lo que el mundo considera sabio o insensato, sino entender lo que Dios tiene que decir al respecto. Pues, como le dice Pablo a los Corintios en su primera carta, lo que el mundo considera una locura, Cristo y su cruz, es sabiduría de Dios (1 Cor.1:24). Con este simple ejemplo podemos ver que el mundo y Dios tienen perspectivas diferentes en este tema ya que Dios desplegó su sabiduría divina en un plan de salvación, que el mundo llamó una necedad.

El primero de estos contrastes lo tomo del libro de Proverbios, el cual contiene mucha instrucción para nosotras referente a este tema. "Una mujer sabia teme al Señor." Proverbios 1:7 nos dice que “El temor del Señor es el principio de la sabiduría; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.” Ese temor no es sinónimo de miedo, sino de reverencia, respeto y honor al único sabio Dios (1 Tim 1:17), Dios tres veces Santo (Isaías 6:3). No es algo que se queda en un plano meramente conceptual o intelectual, sino que se traduce en una actitud y forma de vivir diferente. Una mujer sabia actúa de una manera que comunica esa reverencia por quien Dios es y lo que Él ha dicho. Sin embargo, no puedo expresar temor reverente, honrar y adorar a alguien que no conozco. Así que, a menos entendimiento de Dios, menos le temeremos; es que “el conocimiento del Santo es inteligencia” (Prov. 9:10). Si yo conozco a Dios, conozco su naturaleza, su amor, su justicia, su santidad, las consecuencias que Él puso por el pecado, y hasta dónde llegó para perdonar a pecadores y limpiarlos de sus transgresiones. ¡cómo no terminar adorándole por su grandeza, abrazando sus mandamientos y aborreciendo aquello que me separaba de Dios! Más aún, la Biblia define el temor al Señor como “aborrecer el mal” (Proverbios 8:13a)

Por contraste, una mujer que no teme a Dios, una mujer insensata, desprecia esta sabiduría y esta instrucción (Prov. 1:7). El Rey David nos dice que el necio es aquel que dice en su corazón que no hay Dios (Sal. 14:1). Notemos que no lo dice en público, no es que anda pregonando que no cree en Dios, es en las intimidades de su interior que llega a pensar y por ende a actuar como si Dios no existiera, despreciando su Palabra. Creo que cada una de nosotras tiene la tendencia a pecar de necias en ciertas ocasiones de esta manera. Cuando yo vivo preocupada y afanada por el mañana como si Dios no fuera soberano sobre el futuro, estoy actuando como una necia. Cuando no puedo confiar en las promesas de Dios para mí y actuar en consecuencia a lo prometido, me comporto como que si Dios no fuera digno de mi confianza. La necedad es lo que me lleva a despreciar el consejo de Dios en su Palabra, y en ocasiones, hacer caso omiso de sus mandamientos. Como mujeres, debemos tener cuidado y no actuar neciamente, sino mostrar por nuestra buena conducta nuestras obras en mansedumbre de sabiduría (Stgo.3:13).

En segundo lugar, tenemos que una mujer sabia es prudente (Proverbios 8:12, 16:21).  La prudencia es casi un valor olvidado, algo de lo que hablamos, pero creo que pocos sabemos como definirlo. Una de las definiciones prácticas que he encontrado acerca de la prudencia es: Habilidad para gobernarse a uno mismo. Como mujeres prudentes guardamos nuestra lengua de hablar más de lo debido, guardamos nuestros ojos de mirar lo que no debemos mirar y de escuchar conversaciones que no debemos escuchar. Una mujer prudente administra bien los recursos que Dios le ha dado y no malgasta en cosas que no necesita. Una mujer prudente se viste de una manera decorosa. Cada una de esas cosas comunica prudencia y por ende sabiduría. Por el contrario, una mujer insensata o necia es aquella que no tiene filtro. La palabra la describe como una mujer alborotadora (Prov. 9:13), sensual (Prov. 7:10) y que no refrena su lengua (Prov. 10:14).

Una tercera característica de una mujer sabia y que se desprende de ser prudente, es que aprovecha bien el tiempo (Efesios 5:16). En nuestra sociedad, el tiempo se ha vuelto un recurso en peligro de extinción. Una frase que he escuchado de diferentes personas y en diferentes ámbitos es: “El tiempo no me alcanza para nada”. No tenemos tiempo para interesarnos por la vida de los demás, para servir al Señor, para leer un buen libro, o para pasar tiempo con la familia. Nuestro tiempo se consume en el trabajo y en algunas cosas más. El salmista decía: “Enséñanos a contar de tal modo nuestros días de modo que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12). Nuestro tiempo aquí es limitado, invirtámoslo en aquello que no perece. No es que esté mal en lo absoluto ser esforzadas en nuestros trabajos, pero nuestra vida no puede consistir sólo en eso, y aún más, cuando sacrifico cosas que Dios ha definido como prioridades en mi vida. Cuando no priorizamos nuestro tiempo o no lo administramos sabiamente, estamos actuando con insensatez. Una mujer insensata es aquella que abre su agenda a las cosas que no son una prioridad y deja a un lado las cosas que si lo son.

Estas son sólo tres características, pero que abarcan muchas áreas de nuestras vidas. Una mujer sabia teme a Dios, primeramente. Ese temor se ejemplifica en su vida por su conducta modelada, por la forma cómo busca honrarle y adorarle, agradándole en toda su manera de vivir. Eso se traduce en que la mujer sabia es prudente, y esa prudencia la lleva a administrar bien el tiempo. ¿Cómo vamos? Si hoy, como yo, te has dado cuenta que no has estado actuando sabiamente, agradece a Dios por la convicción de su Espíritu Santo y ve a ese trono de gracia que sigue abierto para nosotras, para que recibas misericordia y halles gracia para la ayuda oportuna (Hebreos 4:16). Y recuerda, Dios conoce nuestra condición de insensatez, y por eso nos invita a través de Santiago a que vayamos a Él cuando estemos faltas de sabiduría, y se la pidamos, pues Él nos la da a todos abundantemente y sin reproche (Santiago 1:5). Es más, la mayor muestra de sabiduría ya es nuestra, Cristo Jesús, hecho sabiduría de Dios para nosotras (1 Cor.1:24, 30).

 

 

Rossy Báez

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