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14 de Mayo de 2018

¿Abuso o disciplina?

Por  Fe Grullón de Polanco

En nuestros días, la idea de disciplina física es comúnmente rechazada y catalogada como retrógrada. Incluso uno de los objetivos del Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (UNICEF por sus siglas en inglés) es prohibir el castigo físico a los niños. Meta entendible y razonable dadas las alarmantes cifras de abuso infantil y su crecimiento sostenido. En el año 2014 en los Estados Unidos 702,208 niños fueron víctimas de abuso, maltrato o abandono. De los cuales 1,580 murieron. El 80% de esos abusos fue perpetrado por los padres. En un 44% eran niños de raza blanca, 21% de raza negra y cerca de una 23% de latinos. Esas cifras han tenido un crecimiento constante de un 3% y son muy parecidas en América Latina. Escenario que convence al mundo secular de que el castigo físico debe ser erradicado. Sin embargo, la Biblia, la Palabra de Dios, nos llama a disciplinar a nuestros hijos y nos habla del castigo físico con vara. Para poder entender el llamado de Dios a la disciplina y sus procesos vamos a analizar diferentes puntos de este tema.

Proverbios 22:15 dice: "La necedad esta ligada al corazón del niño, la vara de la disciplina la alejará de él." Dios nos dice que el corazón del niño es necio, al igual que Salmos nos enseña que "en pecado hemos sido engendrados." El concepto de que nacemos buenos y el entorno y las situaciones transforman a algunos hacia la maldad no es bíblico. El Señor nos dice que nuestros hijos son pecadores. Y que la vara aleja su necedad y lo libra del seol. Proverbios 23:14 dice "Castígalo con vara y lo librarás de caer en el sepulcro." Esto no se refiere a que tendrá vida eterna y salvación, sino que la disciplina lo alejará de caer en un derrotero de muerte y destrucción. La disciplina lo hace sabio, sobrio, prudente, evita consecuencias mayores en su vida (Proverbios 29:15). La disciplina lo beneficia, lo guarda, lo dirige; los prepara para que en el futuro puedan ser buenos líderes porque saben lo que es obedecer y vieron el modelo de dirección. También para vivir en una sociedad que tiene autoridades qué respetar y leyes qué obedecer.

Uno de los reclamos de Dios a Elí fue que no se opuso a sus hijos cuando pecaron. En otras palabras, Eli no los estorbó, no los molestó, les dejó pecar en contra de Dios sin dificultad. El Señor ordena a los hijos a ser obedientes porque eso es justo ante Él. Cuando ellos no obedecen a sus padres, desobedecen a Dios. Entonces cuando el padre disciplina debe hacerlo primero porque el hijo no obedece a Dios al desobedecerlos a ellos, y segundo porque no obedece a ellos como autoridad designada por Dios para ellos (Efesios 6:1). Dios nos manda a disciplinar a nuestros hijos porque sus corazones pecaminosos necesitan ser reenfocados y dirigidos a la obediencia (Efesios 6:4).

Ahora bien, el propósito de la disciplina no es descargar mi ira y frustración cuando mi hijo hace una torpeza, o deja de hacer algo que nos gustaría que hiciera o simplemente cuando nos hace algo molestoso o nos hace quedar mal ante alguien más, o cuando hace algo que es malo pero que nosotros no le hemos dicho previamente que era indebido; sino cuando ha desobedecido una orden directa nuestra.  Por ejemplo, si mi hija de seis años maneja torpemente una sombrilla y me golpea con ella, si yo le respondo con un jalón de oreja yo estoy satisfaciendo mi ira y frustración. Eso no es disciplina, es abuso. Pero cuando yo le doy una orden especifica de dejar de hacer algo o de hacer algo y ella me mira, se cruza los brazos y no lo hace, ella necesita una corrección con vara que doblegue ese corazón rebelde y le recuerde que debe obedecer a Dios y a sus padres.

Esa disciplina no es una reacción rápida en el momento, ni de forma airada o impulsiva. Porque al final lo que puede pasar es un descargo de ira y frustración que puede dañar al niño y, por ende, es un abuso. Sino que debe ser un plan previamente concebido que cuando el niño desobedece se pone en acción en forma estructurada y pausada. Eso garantiza que no es para satisfacer tu ego sino para cumplir un mandato de Dios y no pecar en el proceso sino honrar a Dios haciendo lo que Él ha ordenado. Airándonos, pecamos porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Si estoy demasiado agitada en el momento, es mejor esperar a calmarme para llevar el proceso en forma correcta.

En el libro: Cómo pastorear el corazón de tu hijo de Tedd Trip, se expone el siguiente plan de disciplina, paso a paso:

1. Brevemente hablar con el niño de lo que ha pasado. ‘Te dije que hicieras tal cosa, y tú hiciste tal otra’. ‘Porque desobedeciste debo disciplinar’.  Hacerle ver que es por el pecado en su corazón.

2. Decirle que como padres debemos corregirlo con vara para que aprenda a obedecer a Dios y a sus padres como especifica la Palabra.

3. Decirle cuantas varas recibirá (puede ser otro tipo de objeto como correa) o algo que no sea grande ni con otras superficies, el propósito es que le moleste un poco para que no quiera volver a experimentarlo.

4. Se le da por la nalguita porque es el único lugar del cuerpo donde no dañarás ningún órgano ni nada. Obviamente no puede ser tan duro que lo marque ni tan blando que no duela. La idea es que sienta el ardor.

5. Luego se le abraza y se le dice que se le ama y que se le disciplina porque es lo mejor para él o ella.

6. Oran juntos para que Dios lo ayude a obedecer y para que nos ayude a ser mejores padres.

7. No debe haber ninguna otra consecuencia por este hecho, eso quedo ahí. Usted ya hizo lo que había que hacer, ahora continúan normal.

 

Esto no es un abuso, el niño entiende el hecho, sus consecuencias y el amor por el niño es reafirmado. 

Claro está, este método es para niños, y niños que pueden entender una orden, no es para adolescentes ni adultos. La Biblia habla de niños. Ya para los adolescentes se recomienda la comunicación e influencia y con el retiro de privilegios en caso de desobediencia.

Hay muchas situaciones donde el hecho no tiene que ver con una orden directa de los padres sino con eventos en que el niño no actúa o deja de actuar como se espera para los cuales se recomienda el tiempo fuera, hablar con el niño y el retiro de privilegios, porque el niño no tiene la instrucción previa y porque son reacciones de niños. 

Entonces ahora pensemos: ¿Cómo luce la disciplina en tu casa? ¿Es una gritería y descargo de ira? O ¿luce como un proceso sistemático lleno de verdad y paz?

Ahora que entendemos la disciplina bíblica un poco mejor entonces vamos a ver las razones de abuso.

Según Rafael López, Comisionado de la Administración para los Niños, Jóvenes, y Familias, el abuso de sustancias, la salud mental y la violencia doméstica son los factores que contribuyen al maltrato infantil. Ahora bien, en el mundo cristiano en el que nos movemos quizás estas razones no sean comunes. Sin embargo, podríamos hablar sin miedo a equivocarnos que el ajetreado ritmo de vida en el que nos desarrollamos, los niveles de estrés que manejan los padres, la naturaleza pecadora de los humanos, entre otros factores, hace que muchos padres estén airados y descarguen su ira en los niños. Quizás hemos aprendido por experiencia propia un sistema de disciplina que raya en el abuso y degrada al niño. Si ese es su caso entonces debe buscar ayuda, debe pedirle perdón al Señor y a sus hijos. Si usted entiende que puede abusar de sus hijos al disciplinarlos físicamente entonces no debe administrar disciplina física, en tanto no rinda y resuelva ese tema frente al Señor; el cónyuge debe hacer esa función; sino lo tiene, busque un método alternativo. Sin embargo, no se escude en esa situación, resuélvala para que pueda obedecer a Dios en la forma eficiente de disciplina que Él define.

Nosotras debemos creerle a Dios. Esa frase es común cuando de lo que hablamos son de promesas y de bendiciones, pero no cuando se trata de obedecerle a Él en un tema que el mundo opina diferente. Necesitamos fe. Fe en que Él es la verdad y que toda Su Palabra es útil e inspirada y es nuestra guía. Dios es Quien define la familia, el matrimonio y la correcta relación de padres e hijos. Dios como un Buen Padre nos disciplina porque nos ama como nos dice Hebreos 12:5,6. Nosotras como madres debemos obedecer a Dios y honrarle en la forma en que disciplinamos a nuestros hijos. No dar lugar a la ira sino más bien actuar con gracia y verdad. Honrando la Palabra de Dios en la crianza y esperando ver los frutos en Él.

 

 

Fe Grullón de Polanco

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