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15 de Mayo de 2018

La Fuente que satisface mi necesidad de aprobación

Por  Nathalie García Guzmán

Tengo 10 años trabajando en el ámbito escolar. Ocho de éstos, con niños en edad preescolar y dos, con adolescentes. Si hay algo que he visto al pasar los años, tanto en los niños como en los adolescentes, es que tienden a imitar las conductas de los demás.  En algunas ocasiones esto puede traer buenos resultados, en otros casos…no tan buenos. 

Cada día me sorprende el ver cómo somos capaces de hacer hasta lo impensable con tal de sentirnos que pertenecemos. Formas de hablar, miradas, maneras de reaccionar, de tratar a los demás, calificaciones, adicciones, etc. son algunas de las formas en las que el ser humano está dispuesto a dar o cambiar por el simple placer de sentirse aceptado dentro de un grupo en particular.

Y si somos sinceras con nosotras mismas, también hemos hecho (o aún estamos haciendo) cosas para sentirnos aprobadas.

Esto mi amada hermana, no es un problema nuevo. Veamos en la Biblia algunos ejemplos sobre esta actitud:

Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios. (Juan 12:43)

Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos que pertenecían a la iglesia para maltratarlos. E hizo matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan. Y viendo que esto agradaba a los judíos, hizo arrestar también a Pedro. Esto sucedió durante los días de los panes sin levadura. (Hechos 12:1-3)

No para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. (Efesios 6:6)

Aunque la necesidad de aprobación no parece, a simple vista, un problema grave, la realidad es que refleja lo que hay en nuestro corazón y cuáles son los ídolos que guardamos profundamente allí.

No es de extrañarse que Santiago nos pregunta “¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?” (Santiago 4:1).

Definitivamente el buscar la aprobación de los hombres es un problema que tiene su origen en nuestros corazones. Un ejercicio que me ha servido mucho al pasar los años es el de ser detective de mi propio corazón. Pedirle a Dios en oración que me muestre el pecado que hay detrás de mis acciones.

El autor del libro La Enfermedad Mortal (Kierkegaard, 2008) nos explica: “El estado normal del corazón humano es tratar de edificar su identidad alrededor de algo aparte de Dios.” Eso hacemos cada vez que en nuestro corazón sentimos la necesidad de buscar el aplauso de los hombres por encima del aplauso de Dios. Sentimos un vacío muy grande dentro de nosotras y entendemos (en nuestra pecaminosidad) que la  mejor forma de llenarlo es con aquellas cosas que nos den sentido de propósito, algo de valor y aprobación, y,  si intentas colocar algo en el lugar que originalmente y únicamente fue creado para Dios, va a ser demasiado pequeño y al final te sentirás igual de vacía que al principio.

Te preguntarás, ¿cómo puedo cambiar esta actitud? ¿La respuesta? ¡no, no puedes! En nuestras propias fuerzas definitivamente no podemos. Es en la fuerza y gracia de nuestro Señor Jesucristo que podemos ser libres de las cadenas del pecado que nos hacen esclavas.

Aquí les dejo algunas pautas dadas por el pastor Héctor Salcedo que nos ayudarán a transformar nuestra mente:

1. Haz una meta. Recuerda: siempre tenemos cosas que cambiar.

Puedes hacer una lista, escribirlo en tu agenda e incluso informarles a tus amigas más cercanas para que sean de ayuda. Recuerda, el cristianismo no se vive sola.

2. La Palabra de Dios es el instrumento por excelencia para la transformación.

Busca en internet planes de estudios de lectura bíblica diaria. Si no pasamos tiempo en Su Palabra no podremos ser transformadas a Su imagen. Sé intencional en memorizar versículos. Puedes escoger uno por semana y meditarlo todos los días hasta que te lo aprendas.  

3. Contempla a Cristo.

Medita todos los días en el sacrificio que hizo Dios por ti. Recuerda siempre el Evangelio. Tim Keller dice: “Cuanto más logramos entender el Evangelio, más queremos cambiar.”  

Ten siempre presente que nuestra mirada tiene que estar, en todo momento, en las cosas de arriba, fuimos creadas para seguir y agradar a nuestro Señor, Salvador y Creador.

Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. (Gálatas 1:10)

 

Nota: si quisieras estudiar más sobre el tema te recomiendo el libro La Respuesta del Espejo del pastor Timothy Keller.  

 

 

Nathalie García

 

*Referencia:

Kierkegaard, Soren. (2008). La enfermedad mortal. Editorial Trotta: Madrid.

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