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24 de Mayo de 2018

La mujer como Dadora de Vida

Por  Cathy Scheraldi de Núñez

A través de los años, hemos hablado mucho sobre el diseño de la mujer, sin embargo, no quiero enfatizar en este artículo la habilidad física de ser madre, sino que quiero resaltar cómo Dios nos creó para dar vida a todas nuestras relaciones.

En ninguna forma estoy minimizando el estatus de ser madre porque es la parte de nuestro diseño que más se asemeja a Dios, reconociendo que Él es el Único que da vida, pero Él nos creó con la capacidad de obrar con Él, no solamente en dar a luz sino en el cuidado, amor y sacrificio necesario para levantar una familia. 

Esto está tan enraizado en nuestra naturaleza que el nombre dado a la primera mujer fue Eva que significa dadora de vida. Dios nos creó con esto como nuestra esencia, y es lo que Él espera de nosotras.  Es como si tuviéramos no solamente una matriz física sino también emocional, mental y hasta espiritual por lo que si queremos glorificar a nuestro Dios, debemos usarlas todas para Él (Juan 15:8).

Debemos recordar que el reino de Dios es vida (Deuteronomio 30:16) mientras que el reino de Satanás es muerte (Juan 10:10), y las decisiones que hacemos, deciden el camino que seguimos.

Cuando decidimos por la vida, nuestra obrar puede liderar a los hijos físicos o espirituales, hacia el Reino de los cielos y aunque nuestra vida no parezca tan grande o importante,  con esto tendremos un impacto en las generaciones futuras. No somos solamente el medio a través del cual más personas llegan al mundo como si fuéramos objetos, sino ¡que somos dadoras de vida!

Esta es la razón por la cual la mujer sin hijos tiene el mismo llamado de ser dadora de vida como aquellas que tienen hijos.  Obviamente la mujer con hijos tiene su familia como su primer ministerio; sin embargo, tenemos que recordar que no es porque excluya a otros. Cada una de nosotras tenemos una posición y un rol qué jugar, no solamente en la iglesia sino en cada lugar donde nos encontramos. En la iglesia trabajamos por debajo del liderazgo masculino para traer calor y el sentir de hermandad a la familia de Dios (Salmo 144:12) y ese mismo espíritu de nutrir es lo que la convierte en una familia.

Como la mayoría de las mujeres son madres, es en el mismo acto de levantar de una familia, que el Señor está educándonos en cómo ser una madre espiritual porque aun en el hogar nuestro deber es nutrir a los hijos, espiritualmente, emocionalmente, físicamente y mentalmente con la educación que les damos. Nota que puse espiritualmente primero porque aun en el hogar, la educación espiritual es lo más importante. Cualquiera puede enseñar matemáticas o lenguas, pero solamente alguien que camine con el Señor ¡puede llevarlos a Cristo! Proverbios 18:21 nos advierte “Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto.”

Lo que decimos y cómo lo decimos impactará a aquellos a nuestro alrededor. El diseño distintivo de la mujer es esta capacidad de nutrir y al hacerlo, Dios nos da el privilegio de entrenar a otros en cómo disfrutarlo a Él, cómo caminar con Él y cómo encontrar Su propósito en Él. 

Al usar los dones y las habilidades dados por Dios, en la forma diseñada por Él y caminando en Su voluntad, Dios usará nuestras vidas para traerle gloria a Él y vida a otros.  Cuando nos alineamos con Dios, obedeciendo Su Palabra, nuestra vida será poderosa porque Dios estará usándola.

En el caminar y obrar de acuerdo con nuestro diseño, estamos revelando al mundo de tinieblas, atributos de Dios que solamente la mujer puede demostrar.  Nuestro mundo está más confundido que nunca y parece ser que la ceguera de Satanás aumenta diariamente (2ª Corintios 4:4) y entonces tenemos más personas que nunca que han visto la verdad en acción.  Aunque no todas daremos a luz, cada una tenemos la capacidad de vivir en una forma que refleje el diseño maravilloso y hermoso con el cual Dios nos ha creado:

-       Nuestras palabras pueden ser dadoras de vida (Proverbios 10:11)

-       Nuestras acciones pueden ser dadoras de vida (1ª Juan 3:18); y,

-       Nuestra vida puede mostrar a Dios dando vida a través de nosotras (Juan 6:63).

 

Para terminar, quiero hacer una serie de preguntas para que reflexionemos:

1. Dios ha creado a cada una de nosotras con un propósito (Efesios 2:10) ¿Estamos completando la tarea en la forma que Él nos pide?

2. Nosotras somos “Ezeres” o ayuda idóneas y colaboradoras (Efesios 4:11-13) ¿Estamos creciendo en El y ayudando otras a crecer en El?

3. Nosotras somos llamadas a ayudar a otros y al hacerlo aliviar su carga y mejorar su vida (Romanos 15:1-2) ¿Estamos obrando dónde y cómo Cristo quiere?

4. Cristo vino para mostrar la verdad a un mundo que vive en la mentira. (Isaías 61:1) ¿Estamos utilizando las oportunidades divinas para evangelizar?

5. El propósito de Dios es formarnos a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). ¿Estamos demostrando el fruto del Espíritu en la vida cotidiana (Gálatas 5:22-23)?

6. Dios nos mandó a compartir el tesoro que Él nos ha regalado (2ª Corintios 2:14-17). ¿Estamos aprovechando las oportunidades divinas para esparcir Su Palabra?

7. Dios nos mandó a tener la misma humildad de Cristo (Filipenses 2:3-5) ¿Estamos sirviendo a otros en una manera sacrificial, tratando al prójimo como superiores que nosotras mismas?

Filipenses 2:12 nos manda “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.” La salvación es gratis y no podemos hacer nada para ganarla ni perderla, pero debemos tratarla como algo tan precioso, como algo tan apreciado que no queremos que nadie que haya estado en nuestra presencia pueda olvidar lo que ha visto.

¡Meditemos y evaluémonos para que cada día nos parezcamos más a Él! 

Reconociendo “que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.” Filipenses 1:6.

 

Bendiciones,

Cathy Scheraldi de Núñez

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