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06 de Junio de 2018

Viviendo la Palabra casada con Abraham: Dejarlo todo para ayudar a mi esposo

Por  Patricia Arocha

En la Biblia encontramos el personaje de Sara. Ella es mencionada en el Nuevo Testamento dentro de la galería de los héroes de la fe (Hebreos 11:11). Su historia es mencionada y recordada siempre junto a su esposo Abraham. ¿Quiénes fueron Abraham y Sara? ¿Cómo no imitar su fe?

Abraham fue el primer patriarca del pueblo hebreo, hombre fiel a Dios y a Su llamado. Obedeció a Dios cuando se le pidió que dejara la tierra de sus padres, sin saber a dónde iba y seguir la guía de Dios (Génesis 12:1). Creyó en la promesa dada por Dios de que de él formaría una nación grande, siendo él de edad avanzada (Génesis 12:2; 15:5-6). Dios prueba su fe al pedirle que sacrifique su único hijo, que concibió con Sara siendo ella estéril (Génesis 22).

Y en todo esto ¿dónde vemos a Sara? La vemos siempre apoyando, afirmando, animando las decisiones de su marido. ¿Cómo ella logró eso? Humanamente pienso en ella al dejar la tierra de sus padres e irse sin rumbo, sin itinerario, a tierras extrañas. ¿Será que ella no tenía buena relación con sus familiares y amigos y quería irse? ¿Será que a ella no le gustaba el pueblo donde vivía y le gustaban las nuevas aventuras?

Pienso en Sara al escuchar que tendría un hijo en su vejez, siendo ella estéril, y aunque ella se rió de eso (¡cualquiera de nosotras lo haría!), esperó y vio el favor de Dios llegar hacia ella (Romanos 9:9). Pienso en Sara al ver a su esposo tomar decisiones sabias (y no sabias) y ella estar quieta, esperando, afirmando a su esposo. ¿Será que ella era una mujer que se sentía inferior o estaba en una de esas rebeldías que hace que uno se vuelva insensible y deja que sucedan las cosas?

Veamos que se dice de Sara en otra porción de la Biblia:

“Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios. Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos. Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y vosotras habéis llegado a ser hijas de ella, si hacéis el bien y no estáis amedrentadas por ningún temor.” 1ª Pedro 3:3-6 LBLA

Le haré varias preguntas al texto:

  • ¿Cómo se ataviaban las mujeres santas que esperaban en Dios?

No prestando atención a lo externo: peinados, adornos, vestidos.

Prestando atención a lo interno: el corazón, un espíritu afable y apacible.

  • ¿Cómo ellas hacían ese intercambio de no prestar atención a lo externo sino a lo interno? La NTV traduce el v.5b así: “Ellas ponían su confianza en Dios”- ¡wow! ¡Ahí está la clave!
  • ¿Hay algún ejemplo de una mujer asi? El v.6 claramente dice ‘Sara’, que obedecía a su esposo y lo llamaba “señor”.
  • ¿Cómo ella obedecía, estaba sujeta a su esposo y lo llamaba señor?¿No es esto mucho? Algunas pensaríamos: ¡Ahí es que seríamos “aplastadas” como mujeres! El v.6 nos dice al final que seremos llamadas hijas de Sara, si hacemos el bien, “y no estáis amedrentadas por ningun temor”. ¡Eso es lo que la impulsa! No tenía a que temerle, su confianza estaba puesta en Dios, no en Abraham y si las decisiones de él eran sabias (o no sabias), ella ni estaba pensando en el qué dirán de la gente.

No era que ella tenía una mala relación con sus padres, ni con la gente del pueblo donde vivía; no era que su rebeldía la había vuelto insensible, es que ella no tenía temor porque su confianza estaba puesta en Dios, ¡no en nada ni nadie más! Su atención no estaba puesta en lo externo, en lo que los otros dirían, en cómo vestirse o peinarse para impresionar. Ella es descrita como una de las mujeres santas que esperaban en Dios, poniéndole atención a lo interno, a cultivar un espíritu afable y apacible, sabiendo que eso es de grande estima para Dios. Y por eso para ella no era cuestión de sentirse inferior o torturarse ella misma, es que su carácter desarrollado y dado por Dios (afable y apacible) hacía que ella se sometiera a su esposo hasta tal punto que no tenía temor de llamarle “señor”.

¿Cómo esto aplica a ti y a mi hoy?

El temor es una evidencia de que no estamos poniendo nuestra confianza en Dios. Reflexionemos cuál es la raiz de nuestra incredulidad, tal como hizo David en el Salmo 139:23-24: “Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno.

A pesar de que Sara aquí mostró que no tuvo temor,  no quiere decir que ella fuera perfecta en cuanto a eso. Fue algo que ella debió haber trabajado con el poder de Dios, para toda su vida. Eso nos enseña que si en algún momento tenemos temor, nuestro primer paso debe ser llevar nuestros temores a Dios en oración.

Aprendemos con esta historia bíblica que se comprueban una vez más las palabras de Jesús cuando dijo en Lucas 6:45 “porque de la abundancia del corazón habla su boca”. Para Pedro, en el pasaje de 1ª Pedro, la evidencia más clara de la fe en el corazón de Sara estaba en sus palabras, porque ella a su esposo lo llamó “señor”. ¡Quiera Dios que la fe crezca en nuestros corazones y que nuestras palabras muestren lo mismo!

 

 

Patricia Arocha

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