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11 de Junio de 2018

Ajustando expectativas

Por  Judit Salcedo de D´Alessandro

Por soberanía de Dios, mis hijas desde que son pequeñas se enferman mucho; esto implica que en muchas ocasiones hemos tenido que posponer o cancelar planes porque “están enfermas”, en los últimos dos años el día preciso de mi cumpleaños una de mis hijas ha estado enferma, estuvieron enfermitas el día de las madres, el día del cumpleaños de la más pequeña, ha pasado en navidades, en unas vacaciones que habíamos planificado por meses y tuvimos que regresarnos al segundo día; en fin, innumerables ocasiones. Me he sentido frustrada, triste, desanimada en ocasiones; me he sentido tentada a envidiar a los que siempre tienen sus niños saludables, juzgada por mis propios pensamientos al pensar “¡¿qué es lo que estoy haciendo mal?! y lo peor, molesta con Dios.

Para casi todas las cosas y muchas veces de manera inconsciente nos hacemos expectativas, tal vez no tenemos un documento formal escrito, pero en muchas ocasiones sí está muy definido en nuestras mentes; la mejor forma de comprobarlo es cuando nos decepcionamos o nos frustramos porque algo no salió como esperábamos. Desde pequeñas tenemos expectativas sobre nuestros padres, nuestros amigos, sobre cómo debiera ser nuestro entorno; a medida que crecemos tenemos expectativas sobre una futura pareja, carrera, casa; y en la maternidad también tenemos expectativas, de cómo serán nuestros hijos, cómo esperamos que sea nuestro esposo o nuestra situación económica, pero, no es precisamente malo tener una idea clara de lo que deseamos, albergar sueños o tener expectativas definidas sobre nuestro futuro; entonces, ¿Cuál es el problema?

La verdad es que si en algún momento nos hemos sentido decepcionadas o frustradas por una expectativa no cumplida es que sencillamente esa expectativa no coincidía con el plan de Dios.

Pero ¿es que Dios es malo? ¿se goza Dios en darnos lecciones que implican nuestro sufrimiento? ¡No!, el problema está en que nuestro corazón y sus deseos están todavía muy centrados en este mundo:

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Colosenses 3:1-2)

“Y cuando piden, lo hacen mal, porque lo único que quieren es satisfacer sus malos deseos.” (Santiago 4:3)

Tal vez algunas estamos confundidas porque hemos tenido estas situaciones de decepción aun cuando no hemos deseado cosas pecaminosas, pero, en esos momentos nos toca reconocer que aún nuestros “buenos deseos” deben estar sujetos a la soberana voluntad de nuestro Dios, porque:

“Nuestro Dios está en los cielos; El hace lo que le place.” (Salmos 115:3)

Pero Dios no actúa de forma arbitraria, cuando Dios hace lo que le place SIEMPRE lo hace de acuerdo a Su naturaleza y con Sus propósitos, o sea que la voluntad de Dios que a veces es incomprensible para mí, puedo estar segura que siempre estará cimentada en: Su amor, Su bondad, Su fidelidad, Su compasión y lo que es aún mejor, siempre será para mi bien, la Palabra dice:

“Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo”. (2 Timoteo 2:13)

“pues la voluntad de Dios es vuestra santificación" (1ª Tesalonicenses 4:3)

Entonces, ¿Cuál debe ser mi actitud cuando una de mis niñas se enferme cambiando mis planes y expectativas? (en tu mente ponle nombre a la situación que te trae frustración o decepción):

Señor, no entiendo completamente porqué eliges esta situación para mí pero CONFIO en que estás obrando a mi favor y lo haces con un corazón amoroso y compasivo, además has prometido que nunca me abandonarás (Mateo 28:20), ayúdame a ajustar mis expectativas, ayúdame a regocijarme siempre en ti (Filipenses 4:4), a dar siempre gracias por todo (Efesios 5:20), a tener la paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7) y Señor ayúdame a no estar afanosa por nada (Filipenses 4:6).

Es ahí mis hermanas queridas donde radica el verdadero gozo:

“Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho estas cosas para que se llenen de mi gozo; así es, desbordarán de gozo.” (Juan 15:10-11)

 

 

Judit Salcedo de D´Alessandro

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