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12 de Julio de 2018

Mi trabajo es para Cristo

Por  Cathy Scheraldi de Núñez

Mateo 5:14-16 “Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”

Nuestro lema de vida es glorificar a Dios en todo lo que hacemos y esto no debe lucir diferente en nuestro trabajo. Cuando despertamos en la mañana debemos preguntarnos ¿cómo puedo glorificar a Dios hoy?

Justo después que Dios creó un mundo perfecto, Él mandó a Adán y Eva, las personas creadas para reflejarle a Él, a trabajar en mantener la tierra (Génesis 1:28).

El trabajo entonces no es una maldición sino un deber de cada una de nosotras. El castigo para los seres humanos fue que, con la caída, el trabajo se convertiría en algo difícil (Génesis 3:17). 

Desde la entrada del pecado, el príncipe de este mundo -quien dirige la forma de pensar de aquellos que no conocen a Dios- es nuestro enemigo (2ª Corintios 4:4) y por eso vivimos en territorio del enemigo por lo que nuestra meta es ganar a los cautivos para Cristo.

Jesucristo vino a rescatar lo que se había perdido (Mateo 18:11) y es a través del Espíritu Santo obrando en quienes Él ha salvado, que Él efectúa esta obra. Entonces, debemos considerar nuestro trabajo como un campo misionero.

El trabajo no se refiere solamente a cuando trabajamos como profesionales, sino a todo lo que hacemos en nuestra vida, y comienza el día en que nos convertimos a Cristo hasta el día en que morimos.

Nuestra meta no debe ser ganar sustento para nuestra vida sino glorificar a Cristo en todo lo que hacemos. No podemos dividir nuestra vida en compartimientos, donde hay áreas en que hacemos cosas para Dios sino saber que Dios es Dueño de toda nuestra vida y que fuimos creadas a Su imagen ¡para glorificarlo a Él! (Génesis 1:27)

El resto del artículo lo dedicaré a aquellas a quienes Dios ha llamado trabajar fuera de la casa.

Hay ejemplos bíblicos, de ambos sexos, de personas con testimonios positivos o negativos, de los cuales podemos aprender lo que Dios espera de nosotras. Hoy usaré un ejemplo positivo, la vida de Daniel porque en muchos aspectos, él ejemplificó no solamente una vida dedicada a Dios sino también cómo trabajar en un mundo caído sin perder la perspectiva cristiana.

Aun bajo circunstancias extremadamente difíciles, Daniel nos dio un ejemplo de cómo brillar en las tinieblas para Dios. Nos enseñó que las dificultades de la vida no son un obstáculo para vivir la vida cristiana, sino que son oportunidades de brillar en la oscuridad por y para Él.

Como recordamos, el joven Daniel fue uno de muchos que fueron llevados en cautiverio a Babilonia cuando Jerusalén fue invadida, y los babilonios se apoderaron del gobierno.  Entonces Daniel tuvo que desarrollar su vida viviendo en territorio del enemigo y cómo su libro nos enseña que él llegó a una posición alta, trabajando para un gobierno pagano y corrupto sin dejar atrás sus principios, ni su lealtad a Dios. Es interesante que, a pesar de recibir una enseñanza intensa en el paganismo, con el propósito de adoctrinarlo, él tuvo su enfoque siempre en Dios y este mismo Dios lo bendijo con sabiduría más allá de sus estudios (Daniel 1:20).

Daniel no cayó en los dos errores principales que ocurren frecuentemente con el éxito: enamorarse de la buena vida ni tampoco consideró que su buen trabajo ni su inteligencia fueron las razones de su éxito, sino que atribuyó todo lo que recibió exclusivamente a la bondad de Dios.

¿Cómo podía hacerlo?  Hay varios principios que sobresalen en su vida:

a) Él oraba tres veces al día (6:10), y todas sus decisiones estuvieron bañadas en oración (2:17-18).  

b) El no solamente se mantuvo contacto con otros creyentes, sino que actuaron juntos en oración durante las decisiones difíciles de la vida (2:17-18). 

c) Él bendijo a sus amigos cuando pudo y al mismo tiempo aumentó el impacto de Dios en su trabajo trayendo más creyentes para dar ejemplo junto a él (2:49).

d) Daniel supo poner límites (1:8) para evitar que las enseñanzas paganas lo afectaran. 

e) Aunque los no creyentes no obraron según los principios de Dios, él mantuvo buenas relaciones con ellos (1:9-14).

f) Aun con la capacidad de disfrutar de todos los manjares de la vida, mantuvo una vida modesta (1:8).

g) Su forma de trabajar fue tan íntegra que aun sus enemigos “no pudieron encontrar ningún motivo de acusación” en su forma de trabajar (6:4).

No podemos usar la excusa de que los tiempos de ahora son diferente a los de Daniel porque los tiempos cuando Daniel vivió eran mucho más difíciles de lo que nosotras vivimos en esta parte del mundo. 

¡Imagínate tener un jefe como el rey Nabucodonosor quien mandó a matar todos los sabios de su reino porque no fueran capaces de interpretar su sueño (2:12-13)! Ése fue el jefe de Daniel. Realmente nosotras no tenemos excusa para no vivir el Evangelio, con nuestro enfoque en aumentar el reino de Dios en lugar de nuestro propio reino; tener pendiente siempre que Dios es soberano y todas las circunstancias en que nos encontramos son orquestadas por Él, para traerle a Él toda la gloria, formarnos a Su imagen y para mostrar Su sabiduría a quienes no Le conocen.  

¿Estamos siguiendo los pasos de Daniel? O ¿nos hemos adaptado a las formas del mundo?

Romanos 12:2 nos manda “no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.” Cuando hacemos esto, el impacto que tendremos en nuestra cultura será mucho mayor que el de Daniel y sus 3 amigos, porque somos muchos más que cuatro cristianos solitos en nuestro país.  

Para hacerlo debemos seguir el mandato de 1ª Corintios 10:31Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

 

Bendiciones,

Cathy

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