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06 de Agosto de 2018

Apoyando su rol

Por  Tania Paulino de Gómez

Crecí en un hogar donde no existía una figura paterna; por consiguiente, solo tenía el modelo de una madre que hacía las veces de padre y madre.

Yo oraba y tenía la ilusión de que algún día -si estaba en los planes de Dios para mí- pudiera casarme con un hombre cristiano y formar un hogar cimentado sobre la roca que es Cristo.

Años después ... ¡Ese momento estaba a punto de llegar! Me encontraba en una relación de noviazgo y preparándome para un futuro matrimonio, fue entonces cuando el Señor inició un trato más cercano conmigo en el área de los roles. Estaba emocionada con la idea de que tendría un esposo y que juntos  llevaríamos un hogar. De antemano, mi esposo y yo nos habíamos puesto de acuerdo que cuando llegaran los hijos, yo estaría la mayor parte de mi tiempo en el hogar cuidándolos y él trabajaría arduamente para que fuera sostenible. Para mí, la jornada de trabajo serían entre 10 – 12 horas a la semana y de forma flexible.  Amo mi profesión y disfruto mucho lo que hago, pero oramos y decidimos que ésta no sería un obstáculo para estar con nuestros hijos y atender las necesidades de nuestra familia. A pesar de que tal decisión implicaría menos “logros” económicos e intelectuales, muy felizmente abracé ese privilegio.

Aunque paso más tiempo que mi esposo con los niños no es menos cierto que su participación de forma activa en el desempeño de su rol como hombre y padre es VITAL para nuestros hijos. Muchas veces me he encontrado en la posición equivocada, he creído que conozco más, todo y a todos en el hogar y que tengo una mejor idea de cómo hacer las cosas. El Espíritu Santo en innumerables ocasiones me ha redargüido y he tenido que arrepentirme, pues mi esposo es la cabeza y mi guía tanto en el plano terrenal como espiritual.

Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios.” (1ª Co. 11:3)

Ha sido una gran bendición para mí, ir madurando, creciendo y apoyando el rol de mi esposo en todos los sentidos. Es una muestra más de lo perfecto y detallista que es nuestro Creador. Saber que Dios nos creó varón y hembra y que cada uno tenemos nuestro papel específico a desempeñar en el núcleo familiar, debe llenar nuestros corazones de gozo.

Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creo; varón y hembra los creó.” (Gn. 1:27)

Fuimos creados por Dios de forma única y especial. Tenemos el mismo valor ante Él, merecemos el mismo respeto como personas, tenemos derechos, pero roles diferentes...  Nuestra programación y codificación genética es diferente, la fortaleza física es diferente, tenemos actitudes e instintos diferentes. Como mujeres Cristo-céntricas somos llamadas a celebrar esas diferencias y abrazar que somos EZER (que en hebreo significa ayuda). Por su parte, a ellos como esposos y padres, el Señor encomendó tres responsabilidades primordiales (y nosotras como sus ayudas, debemos apoyarles a llevarlas a cabo):

1. Liderazgo

El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define a un líder como aquella persona que dirige u orienta.

El hombre dirige con amor, con iniciativa, con su ejemplo, en lo espiritual, en lo moral, en la reconciliación, en el servicio (Jn. 13:14-16), en la toma de decisiones y en la disciplina a los hijos. Ejerce influencia de forma significativa cuando está comprometido en guiar su casa de acuerdo con los principios bíblicos. Es a través del ejemplo que sus palabras y acciones cobran sentido.

El hombre está llamado a imitar a Jesús, a ser sacerdote, pastor de su casa, siervo y guía espiritual. El sacerdote es aquel que establece una conexión directa entre los miembros de la familia y nuestro Dios todo poderoso. Por diseño, él es la cabeza.  Debe inculcar el carácter cristiano y guiarlos a Cristo.

2. Provisión

Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia.” (Ef.5:29)

Provisión física, emocional, espiritual y social. Si bien es cierto que la provisión física de techo, alimento, educación, vestido, salud son muy importantes, no menos cierto es que, es trascendental recordar que la esposa e hijos son alma y cuerpo y que es prioridad proveerle una base sólida a nivel espiritual. La provisión de estructura en la enseñanza de la Palabra Dios debe ser el principal objetivo. Los niños deben estar saturados de Su Palabra. Aunque la esposa tenga que trabajar fuera del hogar y contribuir con las necesidades financieras, debemos recordar que el hombre es el responsable principal en este sentido y quien también debe velar por el manejo de los recursos que el Señor le ha provisto.

3. Protección

El hombre debe brindar protección tanto física como espiritual. Él tiene un instinto distintivo de proteger a los suyos del peligro y agresiones externas, de las amenazas del aquí y el ahora: errores impulsivos producto de la inexperiencia, de las drogas, delincuentes, malas amistades.

El padre protege a sus hijos invirtiéndose en ellos y fortaleciéndolos para que luego ejerzan y vivan bajo ese mismo modelo.  Sacrificialmente ama a sus hijos y lo demuestra haciéndoles a ellos una prioridad.  Cultivar una relación con cada uno de sus hijos requiere ser intencional, pero también tiempo, disciplina, constancia y una esposa que apoye y motive a su esposo. Lo primordial es el deber de velar por el alma de la esposa e hijos y que éstos glorifiquen a Dios.

¿Estamos siendo de ayuda y motivación para nuestros esposos?

¿Oramos activamente por ellos para que caminen por el poder del Espíritu Santo, se sometan a Su Palabra y a Su control?

Muchas veces con una “buena intención” podemos lograr el efecto inverso; si no pedimos sabiduría al Señor, puede ser que a través de nuestras actitudes y comentarios sirvamos más de piedra de tropiezo que de bendición.

Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Santiago 1:5)

Dios ha dado al hombre un papel único y exclusivo dentro de la familia, él es el encargado principal de alimentar y cuidar cada miembro con ternura y autoridad, así como Cristo hace por Su iglesia. (Ef.5:23)

Independientemente de que nuestros esposos sean creyentes o no creyentes, si cumplen a cabalidad o no con sus responsabilidades de esposo y padre, estamos llamadas a orar, ayudar, motivar y apoyar su liderazgo y a la vez facilitarles que puedan desempeñar libremente el rol que nuestro Señor les ha encomendado, para traer gloria y honra a Su nombre y así aportar estructura a nuestros hijos para sus vidas futuras.

Tanto para nosotras en nuestro papel de esposas, como para nuestros hijos, nuestros esposos (y sus padres) son nuestros héroes, por eso no olvidemos que para lograr su objetivo necesitan que quienes los amamos, debemos motivarlos, animarlos y sostenerlos en oración.

No importa en qué etapa nos encontremos en nuestra vida espiritual, pidámosle a Dios que, a pesar de nuestros temperamentos, nuestro orgullo y nuestra falta de sometimiento nuestro primer ministerio se pueda llevar a cabo. Él es nuestro Gran Ayudador y en la medida en que Le buscamos y conocemos, nos capacite para hacerlo bien.

Que podamos ver nuestra labor como un regalo, bendición y un privilegio de haber sido escogidas por Dios para ser esposas y madres piadosas. Nuestra sociedad está invirtiendo los roles y nosotras tenemos que levantar el estándar y exhibir lo que la Biblia nos enseña.

Al someternos y apoyar el rol de nuestros esposos, damos un ejemplo a nuestros hijos del verdadero diseño del Señor para la familia.

 

Dios te bendiga con amor, sabiduría y gracia, 

Tania Paulino de Gómez

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