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08 de Agosto de 2018

La gracia de Dios en nuestro matrimonio

Por  Natalie Paulino de Aguasvivas

Serie: Viviendo la Palabra en tu matrimonio: casada con un Booz

La mayoría de nosotras conocemos la historia de Rut la moabita. Se desarrolla en el tiempo de los jueces donde el pueblo de Israel pasaba por ciclos de pecado, súplica, rescate de parte de Dios, tiempo de bendición y luego de pecado otra vez. Justo este ciclo estaba iniciando nuevamente; Belén pasaba por hambre y Elimelec junto a su esposa e hijos decidieron moverse a Moab.

¿Cuántas veces nuestro matrimonio se ve afectado por alguna prueba o tribulación y hacemos decisiones sin tomar en cuenta el consejo de Dios? No tomamos en cuenta lo que Dios nos tiene que decir al respecto y nos movemos bajo nuestros propios principios. Luego no entendemos el por qué de las consecuencias de nuestras decisiones precipitadas. Debemos tener la suficiente sumisión para reconocer la necesidad de Dios en nuestras vidas y en nuestro matrimonio. Noemí vivió esas consecuencias en primera fila cuando, lamentablemente quedó sola luego de la muerte de su esposo e hijos, dejándola viuda a ella y a sus nueras. (Cap. 1:1-5).

¿Qué movió a Noemí de Moab a Belén? La gracia de Dios, solo eso. ¿Sabes? Muchos piensan que el Dios del Antiguo Testamento era cruel, rudo y sin misericordia. Todo lo contrario, querida lectora. Ese Dios del Antiguo Testamento demostró tanta misericordia y amor por Su pueblo que renovaba Su pacto con ellos cuando pecaban, salía a buscarlos cuando estaban perdidos, los rescataba cuando clamaban a Su Nombre y…nos amaba tanto que desde el principio diseñó un plan de rescate a través de Su propio Hijo para redimirnos.

Ese Dios no olvidó a Noemí y en Su amor la volvió a llevar a Belén (cap.1:5). En algún momento del tiempo en que Rut vivió con esta familia pudo conocer al Dios que ellos servían y ahí supo que realmente éste es el Dios verdadero. Rut fue movida por la gracia de Dios a una ciudad nunca vista por ella, dejando atrás su tierra, sus dioses y su cultura en general para seguir a Noemí por obediencia y amor. (Cap. 1:22). Rut no dudó, Orfa sí lo hizo y al final regresó a su casa.

Como mujeres se nos hace difícil movernos de nuestra zona de comodidad, aun sabiendo que Dios nos está llamando a hacerlo. Nuestros maridos están para guiarnos y debemos mostrar reverencia y aceptación sabiendo que Dios los ha puesto como nuestro guía. Esta joven, aún perdiendo a su marido, siguió a su suegra a un lugar donde ella bien sabía que las posibilidades de conseguir marido o de ser aceptada por ellos era muy escasa por no decir nula.

¿A quién Dios estaba preparando para continuar con Su plan redentor? A Booz. La buena reputación de Rut ya estaba en boca del pueblo y este hombre tenía conocimiento de ella. Por eso no dudó en recibirla en su campo y protegerla, dejándola trabajar allí evitando cualquier peligro. (cap. 2:11-12).

Booz no se escandalizó de Rut, ni de la propuesta de ésta (cap. 3:8-10). Al contrario, vio esto como la gracia de Dios mostrada hacia él dándole una compañía aun siendo él mayor que ella. 

Rut no impidió dejarse llevar de la guía de Dios a través de Noemí. La joven no fijó sus ojos en lo material, en los jóvenes solteros de la época. Rut, en su sumisión, probó los deleites de confiar y obedecer al soberano Dios.

Booz, como su futuro marido, buscó la manera sabia, sin forzar ni adelantar la situación de casarse con ella y agotó todos los pasos requeridos en su época y aún él mismo teniendo mucho, no le importó arriesgar su nombre para seguir la descendencia de su hermano por obediencia a Dios y amor a Rut. (cap. 4).

Somos agraciadas por nuestros maridos cuando nos sujetamos a ellos y dejamos que nos guíen como el Señor manda. Rut esperó por Booz y éste le respondió. La gracia de Dios para con ellos, incluyendo a Noemí, es mostrada con Booz y Rut casados y con un hermoso hijo, el futuro padre del rey de Israel.

Vemos a Dios mostrar gracia:

• Para Noemí.

• Para Rut, aun siendo una extranjera.

• Para con Booz.

• Para con Su pueblo.

Dios no limitó Su plan redentor y siguió con éste, usando vasos frágiles como Noemí, que no siguió consejo y se fue a otra tierra y con Rut, una extranjera que no conocía ni tenía las costumbres de su pueblo natal. ¿Y todo esto por qué? Por Su gracia soberana.

Su gracia permitió que una simple extranjera fuera instrumento de gracia para salvar a Su pueblo y para traer al Salvador a este mundo.

Nuestro matrimonio es sostenido por la gracia de Dios. Nuestra muestra de sumisión y guía viene de Su gracia y nuestras vidas son el reflejo de esa gracia. ¿No crees que deberías mostrar sumisión, obediencia y confianza en Dios? Rut lo hizo y si te vas a lo mundano, ella tenía mucho más por perder que tú.

Déjate llevar por la gracia del Dios soberano, confiando al ser guiada por Él.

Dios te bendiga.

 

 

Natalie Paulino de Aguasvivas

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