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15 de Agosto de 2018

Crónicas Misioneras - En tu mano están mis tiempos (Salmo 31:15)

Dios es Soberano y como tal es dueño y gobernador del tiempo y de nuestro tiempo. Esta es una poderosa verdad que, como seres humanos, si eres como yo, no es fácil leer y repetir, pero difícil de poner en práctica y vivir.

Hacemos planes, nos organizamos, escribimos agendas para cada día, pero al final, en la mano de Dios es que está nuestro tiempo.

Al final del último día de entrenamiento de principios bíblicos de educación y Programa AMO en Cochabamba, Bolivia, debía viajar a Santa Cruz para poder tomar, al día siguiente, el vuelo que me llevaría de regreso a mi hogar. Tenía una invitación a cenar antes de ir al aeropuerto y tenía que terminar de empacar lo que traía del entrenamiento. Por tener todas esas actividades en un período limitado de tiempo, entre el final del entrenamiento y la salida de mi vuelo, desde que me levanté en la mañana hice una agenda en mi mente, orando por ella, para que todo saliera perfecto, desde mi perspectiva y control.

El día amaneció hermoso, frío y soleado. Las Sesiones de enseñanza, como siempre, se iniciaron puntualmente. La clausura y entrega de certificados estuvo llena de gratitud, entusiasmo y gozo. Salimos hacia el hotel a la hora planificada. En el camino, voy agradeciendo a Dios en mi corazón por la perfección con la que todo se va desenvolviendo. Y es entonces, cuando vamos casi a mitad de camino, que mi compañera muy conturbada, se da cuenta de la ausencia de su celular, ¡lo ha olvidado en el salón de clases!, la única solución es devolverse. Con una sonrisa le digo que tenga paz, que nos podemos devolver y que Dios tiene el tiempo en Sus manos. Adentro de mi estoy como un volcán en erupción tratando de reorganizar la agenda perdiendo casi 45 minutos del tiempo planificado por mí. Oro y pido a Dios paz.

Trato de aprender la lección y descansar en El y en Su Soberanía.

Al llegar finalmente al hotel, termino de empacar y salimos a cenar. En este momento, Dios ha trabajado en mi corazón y tengo una paz genuina adentro de mí. He decidido disfrutar lo que Él ha preparado para mí y confiar en Sus propósitos.

Al final de la noche, sentada en el aeropuerto, en la sala de embarque de mi vuelo hacia Cochabamba, miro el reloj y aún falta media hora para salir. Con gozo agradezco al Señor porque me está enseñando a confiar y descansar en él. ¡En su mano están mis tiempos!

 

 

Cristina Incháustegui

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