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17 de Agosto de 2018

Crónicas Misioneras - De la fila 14 a la 1

En las misiones nos vemos expuestos a muchas eventualidades al transportarnos de un lugar a otro ya sea por avión o medios terrestres, pero cada situación es orquestada con Dios y con propósito, para cultivar Su carácter en nosotros y para el avance de su eterno plan del Evangelio.

Volar en avión, si no tengo un asiento previamente asignado me causa un poco de ansiedad porque me mareo con facilidad si estoy sentada muy detrás.

En esta ocasión he volado desde Lima a Arequipa por una línea aérea en la cual no tenía opción de seleccionar mi asiento por internet. Me han asignado el asiento 14B y me informan que si quiero cambio de asiento debo pagar un extra en dólares, ¡primera vez que oigo esto! Decido resolver y le pido a mi compañera de viajes que cambie su asiento, 8E conmigo para estar más adelante. Abordo el vuelo, y al sentarme en el asiento que no era el mío, no sentí paz por lo que decidí confiar en lo que el Señor había orquestado para mí. Cuando llego a mi asiento encuentro a un joven sentado en él y al ver mi cara de asombro, me dice que su asiento es 14C pero que él prefiere sentarse más cerca de la ventana. Le informo que no tengo inconvenientes y cuando me preparo para sentarme me pregunta si tendría algún inconveniente de cambiar mi asiento con su novia que está sentada más adelante pues deseaban viajar juntos. ¿̨Mas adelante?, pienso, ¡Oh Señor! Termino viajando en la primera fila del avión y en ventana para disfrutar de la hermosura de la creación de Dios deleitándome mirando las cimas nevadas de Los Andes. ¡El asiento que el Señor tenía guardado para mí era el 1A! Con gozo en mi corazón, saco un libro de Paul Washer que voy a continuar leyendo durante el vuelo y cierro los ojos alabando al Padre porque una vez más puedo testificar que Él tiene cuidado de mí. De repente la joven que va a mi lado me pregunta que si soy cristiana (me imagino que lo dedujo por el título del libro que descansaba en mis piernas). Le respondo que sí y comenzamos a conversar. Rebeca creció en un hogar cristiano, asistía a la iglesia, pero cuando comenzó a estudiar y dejó su hogar, se alejó de Cristo y la iglesia. Conversamos un buen rato y pude compartir con ella sobre el amor, la gracia y la misericordia de Jesús. Definitivamente renunciar a mis propios planes, obedecerle y seguir los de Él, siempre traerá bendición.

 

 

Cristina Incháustegui

 

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