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05 de Septiembre de 2018

“La Higuera estéril”: La ceguera necia.

¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:4)

 

Es de vital importancia formularse la siguiente pregunta: ¿Mi meta de vida es ser como la vid y avanzar en el reino de Dios o ser como la higuera estéril, centrada solo en mí misma?

La sabiduría de nuestro Señor Jesucristo es maravillosa para exhortar.  La parábola de “La higuera inútil” es una porción destinada a reforzar la exhortación al arrepentimiento.

 Antes de contar la parábola, al principio del capítulo 13, Jesús recibe la noticia de la reciente muerte de algunos galileos (Vs.1-5).  No se menciona el número de las víctimas, pero la situación más desagradable fue que “…la sangre de los galileos fue mezclada con los sacrificios de los paganos…” ¿Por qué razón vinieron a contar esta noticia a Jesús?  Quizás pensaron que como Jesús era galileo esta noticia le desanimaría, o que tal vez desistiría de ir a Jerusalén para evitar que Pilatos le hiciera lo mismo que hizo a los galileos.  En su respuesta, Jesús nos da a entender que los informadores “insinuaban” que aquellos galileos debían ser gente mala, porque de no ser así, Dios no habría permitido que les asesinaran de esa manera tan bárbara. Y ante eso, les lanza dos preguntas para llamar su atención sobre la condición pecaminosa de todos por igual, y de manera conclusiva les da la misma respuesta para los dos caos expuestos (los galileos y los 18 de la torre de Siloé): “Pensáis que estos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque sufrieron esto?” (v.2).

En Lucas 13:4 reafirma su idea al referirse a la muerte trágica de unos judíos, causada por un accidente natural: “¿O pensáis que aquellos dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, eran más deudoresque todos los hombres que habitan en Jerusalén?"

Con base a estos dos trágicos sucesos, Jesús amonesta a sus oyentes a que no interpreten mal estos accidentes, como si hubiéramos de suponer que todo gran sufrimiento se debe al castigo por una gran maldad; tales suposiciones tienen un trasfondo pagano, supersticioso.  Recordemos el caso de Pablo cuando le mordió la víbora Hechos 28:4 ”Y los habitante, al ver el animal colgando de su mano, decían entre sí: Sin duda que este hombre es un asesino, pues aunque fue salvado del mar, Justicia  no le ha concedido vivir."

Jesús es tajante al dar su respuesta conclusiva para todos, la cual es igual en los versos 3 y 5: “Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”.

Notamos que Jesús aprovecha estos dos trágicos acontecimientos para hacer un llamado al arrepentimiento, junto con la advertencia de que hay graves consecuencias si no lo hacemos: “todos pereceréis igualmente”

No debemos andar censurando a los demás, todos tenemos de qué arrepentirnos, no solo porque somos pecadores; si nos examinamos a nosotros mismos nos vamos a encontrar con que tenemos conductas y pensamientos pecaminosos constantes, y de estos debemos sentirnos compungidos, pedir perdón al Señor y cambiar nuestra conducta.  El arrepentimiento es una puerta de escape para no perdernos dentro de nuestros deseos carnales. 

Para nuestro tiempo, en general, nosotras que tenemos al alcance de nuestras manos los medios de gracia, debemos responder a esta maravillosa oportunidad de la gracia, regalada por Dios por medio de Jesucristo, para producir frutos genuinos de arrepentimiento y permanecer en ellos, de modo que podamos servir al Reino de Dios en el lugar en que nos ha colocado.

En cuanto a la higuera de la parábola, la tal era muy privilegiada, había sido sembrada en una viña, disfrutaba de buen terreno, agua, abono y cuidado personal del viñador.  Nosotras, igualmente, somos como higueras plantadas en la viña del Señor, lo cual es un privilegio, un favor inmerecido, Cristo lo logró por nosotros, ¡y nos concedió tan grande bendición! Dios nos ama y nos ha plantado en una viña rica y fértil, sobre la colina, Jesucristo la cuida y El mismo es la torre de vigilancia, El mismo construyo el lagar sobre la roca y espera que demos frutos dulces. (Ver Isaías 5:1-2b hermosa alegoría sobre la viña)

El dueño de la viña tenía la esperanza de encontrar fruto, el mismo fue en persona a buscar el fruto. Cristo vino a buscar fruto en su pueblo (Juan 1:11).  Dios demanda fruto de todos los que ocupan un lugar en su viña, El no busca hojas ni flores, solo el fruto de una vida santa le satisface.  El carácter cristiano debe estar configurado con los nueve frutos del Espíritu (Gal.5:22-23)

El dueño de la viña se lleva una gran decepción cuando no encuentra frutos.  Pacientemente, año tras año había venido a buscar fruto, pero no encontró nada.  Esta higuera no solo no daba fruto, sino que hacia inútil la tierra. ¿Cuántas personas hoy día disfrutan de los privilegios del Evangelio y no hacen nada que sirva para dar honor a Dios?  El Señor es paciente, El busca que nos arrepintamos de nuestros malos caminos y vayamos y llevemos fruto.  El Señor de la viña le dice que corten la higuera, pero el viñador intercede; así mismo intercede Jesús por nosotros, Él es nuestro intercesor, el gran Sumo sacerdote que está delante del trono de la gracia, intercediendo día y noche por cada uno de los que el Padre le dio; Jesús conoce nuestra condición, “…se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:14).  Nosotras, tambiénestamos llamadas a interceder por nuestroslíderes espirituales, los grupos pequeños y los diferentes ministerios en nuestra congregación.

Así que, debemos meditar muy bien la pregunta que nuestro Señor nos hace en Romanos 2:4, y tomar en cuenta la bondad, la tolerancia y la paciencia del Señor para con nosotras que nos guía al arrepentimiento.  Debemos procurar vivir de manera sensata, no como necias, avanzar en el reino de Dios y no vivir dentro de nuestra burbuja “cristiana de confort” solo centradas en nosotras mismas, en lo que nos conviene.  Debemos dejar atrás el “fariseísmo hipócrita” y procurar con diligencia discernir el propósito que Dios ha establecido para nosotras.  El Señor desea que llevemos mucho fruto y que ese fruto permanezca.

Somos pueblo adquirido por Dios, santas y amadas, pero… tomemos en cuenta que un día “...todos tendremos que estar delante de Cristo para ser juzgados.  Cada uno de nosotros recibirá lo que merezca por lo bueno o malo que haya hecho mientras está en este cuerpo terrenal” (2 Corintios 5:10).  Consideremos esto porque es muy serio.

 

¡Dios les bendiga!

María del Carmen Tavarez C.

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