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22 de Noviembre de 2018

¿Nos limitamos a alimentarnos solamente de reflexiones de otros cristianos o nos alimentamos de la misma Biblia?

Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16–17).

La Biblia es inspirada por Dios (2Ti 3:16); la expresión “inspirada” que viene de la palabra griega “theopneutos” puede traducirse literalmente como el aliento divino, podemos decir que esta constituye la declaración más importante de la Escritura acerca de sí misma; esto significa que ella es fruto del creativo Espíritu de Dios (respirada o exhalada por Dios mismo). Por esta razón es que se llama “La Palabra de Dios”.  El apóstol Pablo no explica cuál fue el proceso de la inspiración, pero si nos vamos a otras partes de la Escritura podríamos ver el papel del Espíritu Santo en la producción de la Palabra escrita, podemos leer en:

“sino como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios. Porque entre los hombres, ¿quién conoce los pensamientos de un hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Asimismo, nadie conoce los pensamientos de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente, de lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu, combinando pensamientos espirituales con palabras espirituales. Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque se disciernen espiritualmente” (1 Corintios 2:9-14).

“pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios” (2 Pedro 1:21).

La Biblia es la fuente de todo conocimiento; es donde encontramos la verdad de Dios, y tiene un maestro a tiempo completo, el Espíritu Santo, quien nos ayuda a entender; por medio de ella recibimos la Ley perfecta de Dios, la cual nos infunde aliento y restaura el alma (Salmo 19:7); recibimos Sus rectos preceptos y Sus ordenanzas que dan alegría al corazón e iluminan nuestros ojos. En la Escritura aprendemos a temer al Señor; no hablo de “temor” con relación a miedo, sino de ese temor reverente que nos lleva a adorar al Señor nuestro Dios, y que, a la vez, con la ayuda del Espíritu Santo, somos convencidos de “pecado, justicia y juicio. La Palabra de Dios es la que nos ayuda a relacionarnos con Dios, aprendemos algo sobre el misterio de la cruz, del sacrificio de Cristo, el “Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo”, quien se sacrificó por nosotras, pagó por nuestros pecados, y por medio del cual podemos entrar al lugar santísimo.  A través de la Biblia aprendemos cómo establecer una relación de intimidad con Dios, ya que Él se deja encontrar por los que le buscan de todo su corazón (Deuteronomio 4:29).

Las reflexiones de otros hermanos(as) son buenas porque, claro está, siempre habrá personas que por sus años de experiencia caminando con el Señor, que han estudiado profundamente la Palabra, que han sido probadas y disciplinadas, al escucharlas o al leer sus meditaciones, las sentimos gratas al espíritu; y porque, además, de estas personas que conocen más que nosotras, podemos aprender y ser ministradas. 

No tengo las palabras precisas para explicarlo, pero, en ocasiones leemos alguna reflexión, y es como que el Espíritu Santo que mora en nosotras, cuando somos creyentes, nos da testimonio de que ese(a) hermano(a) está caminando con Dios, y  que está cavando profundo en la Palabra (porque el estudio y la meditación en la Palabra es continuo; siempre hay mucho que aprender, que nos maravilla, y esto será así hasta que entremos en gloria). Quiero decir que, éstas no son personas que simplemente andan por la superficie, en lo elemental, sino que han avanzado en el conocimiento del Señor, que como dice en Hebreos 6:4-5, “han experimentado las cosas buenas del cielo a través del Espíritu Santo, que han saboreado la bondad de la Palabra y del poder de Dios”.  Esas reflexiones nos pueden nutrir, al igual que lo hace un buen sermón, un estudio bíblico en donde el maestro nos muestra un “versículo”, o una “porción de la Palabra” que quizás ya hemos escuchado un sinnúmero de veces, pero que con una explicación y aplicación tan diferente que jamás habíamos pensado, la entendemos, y nos habla a nuestro corazón con gran claridad; Su Palabra es siempre nueva, ¡eso es algo verdaderamente maravilloso!    

Pero, es muy importante tomar en cuenta que jamás debemos pasar por alto la lectura y el estudio personal de la Palabra de Dios.  La autoridad absoluta de la Biblia sobre nuestras vidas está basada en nuestra convicción de que este libro no contiene meramente la Palabra de Dios, sino que es la Palabra de Dios en su totalidad y en cada una de sus partes.  La Biblia es la inspiración de Dios, toda la Escritura fue “exhalada” por Dios. “Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal,” (2 Pedro 1:20); el apóstol nos explica que nada del mensaje de las Escrituras nace de la opinión privada o particular del escritor, sino que cada escritor que participó en la divina Escritura fue “movido por”, “llevado o conducido” por el Espíritu Santo.  

Vemos asimismo en 1 Corintios 2:13 “de lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu, combinando pensamientos espirituales con palabras espirituales”; esto significa que cada una de las palabras que se usaron en la redacción de la Biblia, no tan solo las ideas, fueron inspiradas por el Espíritu Santo que “movió” a los autores respectivos a escribir “acomodando lo espiritual a lo espiritual”

La Biblia es la “inspiración verbal plenaria” de la Palabra de Dios; esto significa que cada palabra ha sido inspirada “exhalada” por el Espíritu Santo de Dios. Esta es la razón por la cual, como creyentes, debemos alimentarnos primordialmente de la Biblia, porque es “La Fuente del Conocimiento” del Dios vivo; y como ovejas de Su prado, allí encontraremos pastos verdes y agua limpia y cristalina; allí nos nutrimos, es donde saciamos nuestra sed, es donde encontraremos “descanso para nuestras almas”.

Debemos reverenciar en grado sumo la Palabra de Dios porque es su fuente de inspiración divina, y en fe, someternos en absoluta rendición a sus preceptos, de modo que, en “aquel día” el Señor nos ponga Su sello de “aprobado”, porque hemos obedecido a este mandato:“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado como obrero que no tiene de que avergonzarse, que maneja con precisión la Palabra de Verdad” (2 Timoteo 2:15).

¡Dios les bendiga!

 

 

María del Carmen Tavarez C. (Marisol)

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