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28 de Noviembre de 2018

Cuando tengo una familia mixta

Por  Vilma Mata de Méndez

Serie: Viviendo la Palabra en tu matrimonio, casada con Elcana

 

Ana y Elcana

Hay parejas en la que uno de ellos ha estado casado antes de conocer al Señor, y podrían verse reflejada en la historia de Elcana y Ana, quienes se amaban, era una pareja enamorada, devotos al Señor, pero con una dificultad: el Señor le había cerrado la matriz a Ana, no le había dado hijos. Podemos imaginar que al inicio de su matrimonio ella esperaba quedar embarazada, pero pasaban los días, semanas, meses, luego los años… esperando darle ese gran regalo y sorpresa a su esposo. Pero el Señor había decidido ponerlos a esperar en Su paciencia. 

Podemos suponer que cada vez que una de sus amigas, o alguna mujer en su familia salía embarazada o tenía bebés, su dolor aumentaba, quizás sentía un poco de envidia: ‘¿por qué ellas sí y yo no?’ ‘¿Por qué ese matrimonio ha sido visitado con hijos y el nuestro no?’, ‘¿Qué hemos hecho?’ o ‘¿Qué no hemos hecho?’ Como mujeres vienen las preguntas.  Pero el Señor tiene la última palabra, en Él está el dar vida, en Él está el entretejer una criatura en el vientre de una mujer... y mientras tanto, los días de espera para Ana, se hacían interminables y el dolor, clamor y desesperación aumentaba.

Matthew Henry en su comentario bíblico sugiere que fue así como Elcana tomó a Penina para tener hijos con ella, sin medir las consecuencias de su decisión. Se desesperó, se impacientó o se apresuró, pero como siempre ocurre, nuestros planes fuera de la bendición de Dios y no basados en Su Palabra, se convierten en desastre. Dios siempre hará que se cumpla Su propósito para Su Gloria.

Elcana proveía generosamente para comprar los animales para el sacrificio, al subir cada año a Silo (1ª Samuel 1:3-5).  Su vida espiritual, su temor al Señor y su conocimiento de la Palabra eran admirables, su deseo de hacer la voluntad del Señor, obedecerlo y la oración eran su hábito continuo. Elcana era un líder espiritual. Este esposo se cercioraba de que todos sus hijos y mujeres estuvieran bien con Dios, que anduvieran rectamente.

Ana era cuidada y amada (1ª Samuel 1:8).  En el diario vivir, en todo matrimonio hay días mejores que otros, días alegres, otros con sus conflictos y propias características, que no lo hacen diferente de otros matrimonios, pero al mismo tiempo ¡único dentro de todos!

En este matrimonio vemos una pareja que probablemente inició muy ilusionada, y al avanzar de los años se encontraron en un gran desastre, con un caso de bigamia, hijos de dos matrimonios ¡dos mujeres diferentes! y aunque no se nos dice la razón, sospechamos que detrás de todo se encuentra una historia de infertilidad, una que parece repetir la de Abraham y la de Jacob.

Los conflictos son normales en un matrimonio, éstos surgen acerca de cualquier punto, pero algunas veces al vivir con hijos de un cónyuge anterior se puede empeorar y agravar la situación hogareña.

La sombra de Penina

Cuando una mujer judía no podía tener hijos, se consideraba como una maldición del Señor, o como un juicio y se les miraba y sospechaba que tenían pecados ocultos. Imagínense la vida de Ana, no estaba exenta del escrutinio de los que la rodeaban, y estaba marcada por una rival y los hijos de otra mujer. Esto se había convertido en aflicción y sufrimiento día tras día.  Su rival Penina la provocaba amargamente, la irritaba, y seguramente, además se burlaba, la amenazaba, y menospreciaba.

Es posible que alguna de ustedes se haya casado antes de conocer al Señor, o puede ser que tu esposo estuviera casado antes de ser cristiano, y tenía hijos, por lo que podrás identificarte con esta historia al ver que el amor de tu esposo es compartido con sus otros hijos. Dios nunca diseñó así la institución del matrimonio (con más de una mujer), en muchos casos estas situaciones empeoran y destruyen los hogares; cuando Dios nos salva, Él perdona nuestro pecado, pero las consecuencias nos acompañarán y así debido a la dureza de nuestros corazones y los efectos del pecado en nuestra vida, algunas veces nosotras sufriremos con tener otra persona como rival, contrincante o competencia. Esto era Penina para Ana, cada día la martirizaba, y tal vez trataba de confundirla haciéndole creer que Dios no era bueno con ella, que el Señor la había olvidado, que su vida no tenía propósito porque no tenía hijos.  Y lo hacía tantos días y tantas veces, que esto se repetía hasta hacerla llorar y quitarle el apetito.

¿Te imaginas ese trato durante años, cada día? Tener hijastros, ser madrastra, o no haber tenido hijos en tu matrimonio son situaciones en las que puedes glorificar a Dios trayendo Sus promesas a tu corazón. Además, recibir los hijos de tu esposo como tuyos es una obra que imita a Dios como nuestro Padre adoptivo que es.

Guarda tu corazón del orgullo

No sabemos si para Ana, la maternidad se había convertido en su ídolo, ella anhelaba esa sensación de tener un bebé en sus brazos, de alimentarlo y educarlo. Se había convertido en su razón de vivir, la razón de su gozo y alegría.

Cuidémonos de no sentirnos muy orgullosas porque somos madres, o porque estamos casadas, tenemos una hermosa familia, porque nuestros hijos se comportan bien, son buenos estudiantes, son buenos atletas… o estamos casadas con un hombre de Dios.

Ordena las prioridades

Entonces Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos? 1ª Samuel 1:8

¡Dios debe ser primero, nuestro esposo es segundo y nuestros hijos son terceros!

Elcana fue como ese amigo, que escucha, que hace preguntas profundas, que habla tierna y misericordiosamente y nos lleva a la razón, a meditar que Dios es Soberano, que muchas cosas escapan de nuestras manos y que no tenemos el poder ni la solución, pero siempre nos llevan a Aquel que puede, a Quien se duele con nosotras y sufre por nuestras decepciones.

Muchas veces somos más madres que esposas. Vemos esto en nuestra cultura, donde los esposos dicen: ‘mi mama es primero’, ‘amor de madre solo hay uno’ y así ponemos a nuestros esposos en tercer lugar después del Señor y de nuestros hijos.

Cuidemos nuestros corazones. Muchos de nuestros esposos se quejan de que los hemos relegado; cuando en realidad nuestros hijos no son nuestros, sino que nos han sido prestados, ellos le pertenecen a Dios. Somos sus administradoras.

Nuestro único refugio

¿Qué hago cuando estoy afligida, acusada, atacada por el enemigo? ¿Dónde busco consuelo? ¿Dónde acudo cuando necesito ayuda? ¿Qué hago cuando estoy amargada y angustiada? Muchas veces el enojo, la ira e impotencia se irá acumulando en nuestras vidas y no habrá hijo, ni amor de esposo que sea suficiente. La amargura es un fruto cuya raíz puede ser la impotencia, la ira o el enojo acumulados, pequeñas cosas tras otras.

Ana sabía dónde acudir para expresar y descargar su frustración. El Señor nos dice en el Salmo 142:1 Clamo al Señor con mi voz; con mi voz suplico al Señor.
Delante de El expongo mi queja; en su presencia manifiesto mi angustia.

Podemos ir delante de nuestro Dios y Padre y hablarle de nuestra tristeza y dolor.  Esto fue lo que hizo Ana: ella, muy angustiada, oraba al Señor y lloraba amargamente… Y mientras ella continuaba en oración delante del Señor… soy una mujer angustiada en espíritu; no he bebido vino ni licor, sino que he derramado mi alma delante del Señor… No tengas a tu sierva por mujer indigna; porque hasta ahora he orado a causa de mi gran congoja y aflicción. (1ª Samuel 1:10, 12, 15, 16).

Definitivamente aquí vemos una preciosa alma que no lleva su dolor a nadie sino al Trono de la Gracia, delante de Aquel que tiene todo el poder de salvar, sanar, dar vida y quitarla, de abrir la matriz y cerrarla, de otorgar hijos y de negarlos y sus riquezas y amor son innumerables y responde nuestras oraciones más abundantemente de lo que pedimos… Dios respondió esta oración, le concedió el hijo con el que Él se iba a glorificar y traería fama a Su Gran Nombre.

Procura hacer Su voluntad

Elcana era un hombre íntegro que confiaba en la piedad de su esposa Ana y le creyó cuando ella le contó de su voto de entregar el niño a Dios:

No subiré hasta que el niño sea destetado; entonces lo llevaré para que se presente delante del Señor y se quede allí para siempre. (1ª Samuel 1:22)

Ana estaba feliz y esperanzada, así que cuando llegó el tiempo que debían devolver el niño a Dios, su esposo que era un hombre fiel a Dios buscó el rostro del Señor para conocer Su voluntad y dijo: Haz lo que mejor te parezca. Quédate hasta que lo hayas destetado; solamente confirme el Señor su palabra. (1ª Samuel 1:23)

¡Qué sabio! ‘¿Qué piensa Dios?’, ‘¿Cuál es su mente y su voluntad? ‘¿Qué quiere Dios que yo haga?’ ¿Quiere Él que tome este trabajo? ‘¿Quiere que haga este negocio?’

Tenemos tanta necesidad de conocer Su voluntad cada día, a cada momento, y ¡qué mejor que pedirle a Dios en oración! Háblale y pídele ‘muéstrame Tus planes y Tus caminos, para que sepa yo andar por Tus sendas’.

¿Te imaginas para un padre tener el primer, deseado y esperado hijo de la esposa que ama y tener que confiarlo a un hombre como Eli, que no supo cómo criar sus propios hijos?

Pero él confiaba en el Señor, sabía que Dios demanda, pero suple lo que demanda. Su fe era como la de Abraham, sacrifica a tu hijo… y YO multiplicaré tu simiente. Qué gran esposo debía ser Elcana, qué privilegio para una mujer estar casada con un líder, espiritual, piadoso, temeroso, amoroso y que anhelaba agradar a Dios. No es de extrañar la fe de Ana, con un líder que modelaba cada día en donde depositar su confianza.

Oración: Señor sé Tú entre mi esposo y yo, un cordón de tres dobleces, ayúdanos a obtener discernimiento y sabiduría para manejar situaciones complejas. Glorifícate en nuestras vidas y en la manera cómo nos comportamos y conducimos, el uno con el otro y con los otros. En el Nombre de Aquel que creó el matrimonio para reflejar la imagen de Su relación con la Iglesia. Amén.

 

 

Vilma Mata de Méndez

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