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03 de Diciembre de 2018

Cuando los hijos se van

Por  Ginette López de Estévez

Quise escribir sobre este tema porque en más de una ocasión he conversado con madres que experimentan un gran vacío en la medida que sus hijos han crecido y dejado el hogar. Al haber estado siempre pendientes de todo su cuidado, es natural y hasta lógico que al verlos partir se sientan así. El famoso "síndrome del nido vacío" ha afectado a muchas madres dejándolas con un sentido de tristeza, nostalgia y hasta temor porque después de tantos años deben iniciar una etapa nueva en sus vidas.

Hoy quiero caminar contigo a través de algunos versículos de la Palabra para que puedas entender cuál es el plan de Dios para nosotras como madres:

a) En el Salmo 139:13 el salmista dice: "Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre."

Este salmo nos dice muy claro que Dios es el autor de la vida.

Aunque nuestros hijos se hayan formado con nuestra participación y en nuestros cuerpos no son nuestros, no nos pertenecen. Son criaturas salidas de las manos de Dios con un propósito definido. Y cuando hayan crecido y les llegue el tiempo de independizarse lo harán. En lugar de ser una tristeza para nosotras debe servirnos de alegría al saber que hemos hecho con ellos lo que teníamos que hacer.

Es cierto que a veces nos queda la amargura de haber fallado en su educación, o en la forma como los dirigimos. Pensamos también que en muchas ocasiones no les mostramos lo importante que eran para nosotras. Pero eso no debe atormentarnos. Quiero recomendarte que, si ha quedado en ti algún signo de dolor o tristeza por creer no haber hecho lo correcto, solo tienes que venir a los pies de Jesús y pedirle perdón, abrirle tu corazón y dejarte amar por Él. Te aseguro que Él llenará totalmente ese vacío.

b) ¿Sabes lo que dice el Salmo 127:4?: "Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud.”

Y, ¿sabes lo que pasa con las flechas que se disparan al viento?... Que no vuelven. Esa es la realidad, todos nos hemos ido de la casa de nuestros padres. Cuando tus hijos se van, ya sea porque se han casado, van a vivir en otro país o por cualquier otra razón, recuerda siempre que Dios conoce a la perfección lo que es mejor para cada persona. Tus hijos están donde Él, en Su Soberanía los ha llevado. Es en ese lugar donde Él va a usar las circunstancias para ir trabajando poco a poco en sus vidas y transformando sus corazones.

Madres, aunque ya no estemos rodeadas de nuestros hijos, debemos mantenernos orando continuamente por ellos, presentándolos ante el trono de Dios cada día, pues la oración es un arma espiritual poderosa.

Debemos vivir con la esperanza de que, cada día, nuestro Dios es quien da la ayuda, el consuelo y el gozo que necesitamos para entender que cuando los hijos crecen ya no dependen de nosotras y que, a partir de ahora, Dios tiene otros planes y propósitos no sólo en sus vidas, sino también en la nuestra. 

Cuando nos mantenemos en alerta cumpliendo las tareas que Dios va poniendo en nuestras vidas, Él se encarga de cambiar nuestro lamento en gozo y agradecimiento porque estamos dentro de Su voluntad como madres que han dejado volar a sus hijos hacia una vida en donde sólo nuestro Dios Creador y Soberano es quien tiene el control.

Descansa en el Señor, porque tu socorro viene de Él. Él es tu Guardador.

 

 

Ginette López de Estévez

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