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05 de Diciembre de 2018

Cómo y cuándo redefinir la visión del ministerio de mujeres

Por  Catherine Scheraldi de Núñez

Es recomendable que cada iglesia y sus ministerios tengan una declaración de misión y visión.

La declaración de misión es lo que describe el propósito del ministerio. Esta declaración debe estar alineada con la misión de la iglesia que abarca alabanza, evangelismo, koinonia, discipulado y servicio a los miembros y también con la misión de los líderes de tu iglesia en particular.  Dependiendo de cada iglesia es posible que haya ministerios específicos que se encarguen de algunas de estas funciones por lo que no será necesario incluirlos en la misión del ministerio de mujeres. En general, si la declaración fue bien hecha, ésta cambiará poco al pasar de los años.

La visión, en contraste, son las aspiraciones y metas del ministerio y éstas pueden cambiar con el tiempo. En una iglesia pueden darse tanto cambios internos como externos que pueden requerir un ajuste en las metas y, por ende, en la visión, como serían los cambios culturales.  A manera de ejemplo, en nuestra iglesia, la misión ha sido construir una iglesia sin muros. En los primeros quince años la meta fue instruir a los miembros en la Palabra para producir madurez y santificación y también ayudarles a crear conciencia sobre la necesidad de evangelizar. Dieciséis años después de haber iniciado la iglesia, el Señor confirmó que se había alcanzado esa madurez llamando a personas a las misiones y a la evangelización; entonces comenzamos a mandar miembros hacia afuera.

Por eso es importante que las líderes del ministerio sean intencionales en revisar los documentos cada cierto tiempo evaluando la necesidad de cambios.  ¿Cada cuánto? No creo que haya un número fijo, sino que dependerá de lo que ocurra en cada iglesia.

Existen varias razones por las cuales una declaración deba cambiarse:

a) Es posible que, por inexperiencia de las líderes, la declaración no se haya hecho bien. Quizás no estaba alineada con la declaración de la iglesia o tenía una visión de corto plazo y, por ende, no se incluyeron algunas necesidades.

b) Tal vez la visión de la iglesia ha cambiado y, por tanto, debemos alinearnos con nuestros líderes.

c) Puede ser que con el crecimiento de la iglesia haya nuevas necesidades u oportunidades para servir a las mujeres.

d) Luego de la declaración haber estado en uso, es posible que resulte evidente que no estuvo tan clara o precisa como se necesitaba.

e) Es posible que el Señor haya traído mujeres con nuevos dones y talentos a quienes Él espera que utilicemos.

La misión y visión no son las únicas áreas que deben ser evaluadas. También es vital evaluar nuestras vidas y la función del ministerio.

Cada cierto tiempo (quizás anualmente) las líderes deben evaluar:

i) La “cultura” del ministerio y si estamos cumpliendo con la misión y visión; de no ser así, hacer los cambios necesarios para cumplirlas. Pueden preguntarse ¿cuáles fueron las actividades más efectivas? ¿por qué? ¿Cuáles actividades no fueron efectivas? ¿por qué? ¿Cuáles son las cosas que deben quedarse igual? ¿Cuáles son las cosas que deben cambiar? y ¿Cuáles debemos eliminar o añadir? (Eclesiastés 3:1).

ii) Si el ministerio está siguiendo los pasos del Señor. Cristo es la cabeza de la iglesia (Efesios 5:23) y, de antemano, Él ha orquestado las obras en las cuales quiere que caminemos (Efesios 2:10); obviamente si esas obras han sido preparadas de antemano, entonces nuestra responsabilidad y obligación es buscar Su voluntad.

iii) Si estamos llegando a todas las mujeres que queremos. ¿Estamos incluyendo a todas las mujeres de la iglesia? ¿Hay mujeres que no se sienten incluidas? ¿por qué? ¿Estamos proveyendo para todas las edades? ¿Estamos formando conexiones entre diferentes edades?  ¿Estamos incluyendo mujeres de afuera de la iglesia? ¿Hay mecanismos para llegar a las mujeres que nunca entrarán en la iglesia?

Y debemos evaluarnos individualmente como líderes:

¿Cómo está…

1. Tu crecimiento en el Señor;

2. Tu vida espiritual: ¿Todavía el Señor es tu primer amor? ¿Estás buscándolo en el estudio de la Palabra y en oración? ¿El ministerio se ha convertido en tu primer amor?

3. Tu propia efectividad en el ministerio: ¿estás realmente ayudando? o ¿tu actitud es más un estorbo a los planes? ¿Estás obrando para mantener la unidad? ¿amando uno al otro?

4. ¿Hay pecados recurrentes que sientes que no puedes dominar? ¿Qué estás haciendo para ganar la batalla?  ¿Has buscado a alguien para rendir cuenta de esos pecados?

El ministerio no es nuestro sino del Señor y nuestro deber es crecer constantemente en santidad y amor para oír Su voz y obedecerlo.

Bendiciones,

Cathy

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