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24 de Diciembre de 2018

Porque un niño nos ha nacido

Por  Sandra Viau

“Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” Isaías 9:6

 

Para muchos, la Navidad es la época más esperada del año, pues trae consigo múltiples oportunidades para compartir con personas queridas, participar en diferentes celebraciones, entregar y recibir regalos y hasta vacacionar aprovechando los días de asueto que se dan.

Pero nos guste o no, también este tiempo trae consigo muchos compromisos y afanes, tantos que a veces nos resulta difícil evitar que la agenda se desborde y los días se vuelvan más agitados que en el resto del año, lo que puede llevarnos a terminar sumamente agotados y peor aún, desenfocarnos del verdadero sentido de lo que se supone estamos celebrando.

Por eso como familia necesitamos ser intencionales en hacer de la Navidad un tiempo centrado en Cristo, resaltando el hecho de que se hizo hombre y habitó entre nosotros para traernos el mejor de los regalos: Salvación y Vida Eterna. “Porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.” Lucas 2:11

De manera especial en estas fechas nuestra atención debería estar dirigida a glorificar a Dios y amar de forma práctica a los demás, manteniendo nuestras mentes y corazones impregnados de alabanza, gratitud, entrega, amor y servicio, buscando compartir con aquellos que estén pasando por un tiempo difícil en sus vidas, porque han perdido un ser querido, experimenten una crisis familiar o financiera, estén enfermos o hayan tenido que emigrar de su país involuntariamente, etc.

Es un buen tiempo para enseñar a los hijos con nuestro ejemplo que Cristo es la razón y que el Evangelio que proclamamos se trata de amarlo a Él por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. “Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” Mateo 22:37-42

Dependiendo de la edad de tus hijos, sobrinos o nietos, son muchas las actividades que se pueden realizar para que la Navidad sea un tiempo de fortalecer la fe y el compromiso de vivir para Dios.

Aquí compartimos algunas sugerencias que podrían funcionarles:

  • Hacer que durante esta época del año, el tiempo que se dedique para el Devocional Familiar sea creativo, diferente y especial: ver alguna película/muñequitos que cuente la historia de la Natividad; si los hijos son adolescentes se pueden invitar a algunos de los amigos más cercanos a compartir ese tiempo presentando una meditación acorde a su edad, etc.
  • Preparar un chocolate caliente y sentarse juntos a hacer anécdotas de navidades pasadas en las cuales han visto a Dios obrar de un modo específico en sus vidas.
  • Recolectar ropa, libros de cuentos, juguetes y/o preparar canastas de comida que representen la época y escoger unas cuantas familias que puedan ser bendecidas con esos regalos; los cuales se comprometen a entregar juntos.
  • Hacer un calendario con los días que restan del del mes hasta Navidad, colocarlo en un lugar visible de la casa y que cada miembro de la familia tenga a su cargo agregar por día una oración de gratitud o de intercesión por algún familiar o amigo que esté necesitándolo.
  • Construir tradiciones navideñas que repitan cada año y que pasen de una generación a la otra. Por ejemplo: a cada miembro de la familia le toca comprar un detalle para otro, algo que represente la festividad y coordinan reunirse un día específico para entregarlos, donde puedan estar todos reunidos pasando un buen rato, cantando, orando y celebrando.

En fin, las ideas pueden ser inagotables. La clave está en no olvidar, ni pasar a un segundo plano el verdadero sentido de la Navidad: ¡Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros y aun siendo pecadores nos perdonó y lavó nuestros pecados a través de la sangre del Mesías y Salvador! 

Propónganse que el amor, la compasión, el servicio y la entrega sean los adornos que no falten en su hogar. Así que aprovechen esta época para exaltar a Cristo y darle la gloria que solo Él merece.

Oremos para que en esta época especial del año habite en nuestros corazones la misma urgencia que hubo en los pastores por conocer al Salvador y compartir con otros las Buenas Nuevas de Salvación (Lucas 2:8-18). Así como también el mismo fervor que hubo en los magos del oriente al buscar sin descanso al Rey de los Judíos que había nacido, anhelando postrarse ante Él y adorarle. (Mateo 2:1-12)

 

 

Sandra Viau

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