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26 de Diciembre de 2018

¿A que vino Jesús?

Por  Cathy Scheraldi Núñez

Es muy común preguntarnos en Navidad ¿a qué vino Jesús?, y la respuesta como un reflejo es: a salvar pecadores, y es cierto (Lucas 19:5-10), sin embargo, si nos limitamos a esto estamos minimizando la obra que El hizo.

A la pregunta de Pilato sobre su reinado en el tiempo final de su vida, Jesús contestó “Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.” (Juan 18:37). El propósito de Su venida entonces, fue demostrar la verdad y el resultado final en cumplirla fue la salvación de pecadores. Dios nos explicó en el AT los requerimientos para ser santos sin embargo desde la creación del primer hombre, nadie solamente Jesús ha sido capaz de cumplirlo. Lo que Adán perdió, Jesús lo recuperó convirtiéndose en el segundo y mejor Adán (Romanos 5:14-15). Jesús nos dio el ejemplo en carne viva, de la perfecta santidad e hizo lo que fue imposible para nosotros (Romanos 5:19). Como Jesús es perfecto, El solamente puede demostrar Sus atributos divinos, y todos fueron demostrado en Su vida revelándonos la gloria de Dios (Juan 1:14).

Su justicia demandaba el pago del precio por las infracciones contra El (Ezequiel 18:20) pero su amor incondicional no podía dejar que todas sus criaturas fueran al infierno (Juan 3:16), y Su solución fue pagar el precio, ¡El mismo! (Marcos 10:45), demostrando la verdadera humildad (Filipenses 2:6-8) mientras nos enseñó la profundidad de Su amor incondicional, Su bondad, Su misericordia, Su gracia, Su justicia y Su santidad en un solo evento, “Oh, ¡profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33). Y en cumplirlo justificó todos los que vienen a Él, dándoles vida eterna (Juan 6:51), mientras desarmó los poderes de las tinieblas (Colosenses 2:15) y destruyó el poder que Satanás tenia sobre los que hoy son hijos de Dios (Hebreos 2:14) y para aquellos que rehúsan venir a Él, reciban justicia con la condenación (Juan 9:39-41).

En obediencia de Jesús al Padre (Juan 6:38), El cumplió la ley y los escritos de los profetas (Mateo 5:17) y demostró que aun en su punto mas débil de la vida, su agonía al morir, cuando las tinieblas pensaron que eran mas sabios y potentes, El fue capaz de cambiar la historia y recuperar lo perdido (1 Corintios 1:25).

Para llamar a pecadores al arrepentimiento, se hizo carne, participando en las debilidades y tentaciones del ser humano para convertirse en nuestro misericordioso y fiel sumo sacerdote (Hebreos 2:14-18), alguien en quien podamos eternamente confiar.

Jesús vino para predicar el evangelio y al hacerlo, el sanó las enfermedades físicas y espirituales libertando a los cautivos y oprimidos (Lucas 4:18-19) llamando a los pecadores al arrepentimiento (Marcos 2:17), satisfaciendo nuestra mayor necesidad, paz con Dios y con nuestro prójimo (Efesios 2:14-18) para darnos una familia nueva a la cual pertenecemos (2 Corintios 6:18).

Como el mundo esta en tinieblas, vivir en este estado caído causa dolor y produce heridas pero Jesús vino para sanarnos (Isaías 61:1-3) y al hacerlo darnos el gozo a pesar de las tribulaciones (1 Pedro 4: 12-13) porque tenemos una esperanza que renueva nuestras fuerzas (Isaías 40:31) y El Espíritu Santo nos ayuda a fijar nuestros ojos en una eterna gloria que sobrepasa cualquier dificultad que podamos tener aquí (2 Corintios 4:17).

En el nuevo Jerusalén, el sol y la luna desaparecerán porque Jesús es la luz (Apocalipsis 22:5) y por eso ahora en medio de las tinieblas, El trae Su luz (Juan 8:12) a todos aquellos que creen en El (Juan 12:46). Y nuestra obediencia al caminar guiado por El Espíritu renueva nuestra naturaleza pecadora hacia la santidad (Romanos 8:29).

En conclusión, sí, Jesús vino para salvar pecadoras como tú y yo, pero no fue solamente para esto, sino para demostrar la infinita belleza de un Dios perfecto. Jesús dejó su gloria donde El estaba recibiendo adoración constantemente para añadirnos a nosotras al coro de adoradoras (Mateo 2:1-2) y donde El reinara como Rey para siempre (Isaías 9:6-7).

Vivimos en una época minimalista donde nada es nada sin embargo como cristianas nunca debemos minimizar lo que Jesús ha hecho, lo que El sigue haciendo y lo que hará para la eternidad.

Hebreos 12:1-3 nos habla de una nube de testigos que levantó el nombre de nuestro Señor en alto durante sus vidas, y algunos de ellos nunca llegaron a verlo. Mi oración es que cada una de nosotras nos mantengamos fieles en dejar el legado que nuestro maravilloso Señor merece.

No podemos cansarnos ni desanimarnos porque lo que nos espera compensara todo lo que estamos viviendo ahora. Mantén la vista en lo que no se ve porque lo que vemos es temporal pero lo que tenemos es eterno.

¡Que Dios nos ayuda vivir para El!

 

Bendiciones

Cathy Scheraldi Núñez

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