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30 de Diciembre de 2018

Después de 364 días viviendo Su Palabra: Siervas inútiles somos

Por  Cathy Scheraldi de Núñez

“Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: "Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho." Lucas 17:10

El año 2017 lo pasamos intencionalmente estudiando la Palabra y cuando ese año terminó, vimos lo que el Señor había hecho pues, no solamente profundizamos en el conocimiento de las Escrituras sino también en la capacidad de estudiarla. Esto ayudó a quitar el temor que muchas tenían el cual fue reemplazado con una pasión de conocer más de Nuestro Salvador.

Este año 2018 fue dedicado a vivir la Palabra y como acostumbramos, hoy queremos evaluar de nuevo lo que el Señor hizo en nosotras. Vemos la madurez espiritual que Dios produjo en nosotras individualmente y también como ministerio. Hemos crecido y no solamente en números, ni solamente en comenzar ministerios nuevos sino en madurez. Estudiar la Palabra es vital para entender lo que el Señor quiere de nosotras (Romanos 12:2) sin embargo, hasta que no comenzamos a aplicarla a nuestras vidas, no profundizamos en nuestra madurez (Santiago 1:22-24).

Es a través de morir a nuestros deseos (Gálatas 2:20) y caminar en misericordia, gracia, perdón y amor que aprendemos el poder del Evangelio (Santiago 4:10) tanto en nuestra propia santificación como en la evangelización del mundo (Romanos 1:16).  Estudiarla sin aplicarla produce envanecimiento mientras que, caminar en amor edifica (1ª Corintios 8:1).

Es una bendición que tengamos la libertad de estudiar y compartir la Palabra de Dios; sin embargo, tenemos que siempre recordar a nuestros corazones engañosos que el poder reside en la Palabra y no en nuestro conocimiento de ella. Nosotras somos siervas y cumplimos nuestro deber con Aquel Quien es la Autoridad. No se trata de nosotras sino de Él y solamente Él. No importa cuánto estudiamos, cuánto aplicamos ni cuánto servimos, siempre somos totalmente dependientes de Su gracia porque sin Él no podemos hacer nada, y en realidad solamente hemos hecho lo que Él esperaba, ni un poquito mas.

Leí algo que el pastor John Piper dijo a su iglesia y que tocó mi corazón porque aplica a nuestra iglesia y ministerio también. El dijo “como iglesia somos humanos, somos grandes, somos muy conocidos y somos pecadores. Esto es una mezcla muy peligrosa y tiene todos los ingredientes necesarios para una receta de orgullo.”

Dios nos ha posicionado en un ministerio internacional y como lideres debemos servir con humildad porque no se trata de nuestras habilidades ni de nuestro obrar. Todo fue preparado de antemano por Dios (Efesios 2:10), y es el Espíritu Santo realizando la obra a través de nosotras (Juan 15:5). El orgullo es una abominación al Señor (Proverbios 16:5) porque es el pecado que está detrás de la mayoría de los otros pecados y por eso queremos guardar nuestros corazones contra el mismo.

Como llegamos al fin del año, debemos preguntarnos ¿cuáles son algunas de las características de la humildad?, para que podamos evaluar si estamos creciendo en madurez, en el amor y en humildad.

Como Efesios 2:10 nos dice “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.”

1. La persona humilde reconoce que no importa lo que ha hecho, es Dios obrando a través de ella. 1ª Corintios 4:7 nos recuerde “Porque ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?” Todo el crédito es dado a Dios porque Él es el Único que lo merece.

2. La persona humilde reconoce que todas sus habilidades y dones son dados por Dios y entonces necesita utilizarlos para el bien de la iglesia como 1ª Pedro 4:10 nos instruye.

3. La persona humilde reconoce que Dios está en control de todos los acontecimientos y entonces le dará gracias por todo lo que ha ocurrido (o no) porque ella confía en Su soberanía.

4. La persona humilde se deleita en perdonar ofensas. Ella reconoce que ninguna ofensa que ha ocurrido contra ella es mayor que las ofensas que ella misma ha cometido contra Dios. Ella anhela dar lo que ha recibido y por eso ama la misericordia (Miqueas 6:8).

5. La persona humilde vive la vida en servicio a otras. Ella reconoce las necesidades de los demás y busca la forma de aliviarlas sin esperar que le pregunten, como Filipenses 2:3-4 nos enseña. Su meta es imitar la humildad de Cristo Jesús (Filipenses 2:5-8).

6. La persona humilde vive una vida transparente. Ella no exige a otras lo que ella misma no hace. Ella quiere enseñar no solamente con palabras sino con su vida. Ella reconoce que es una embajadora de Cristo no importa donde esté (2ª Corintios 5:20). Y se da cuenta que su compromiso con la verdad no es solamente para su propio bien sino para el bien de los demás.

7. La persona humilde está dispuesta a ayudar, confrontar, enseñar, discipular o aconsejar otras para que maduran en la fe (Tito 2:4-5). Somos una familia y ella reconoce que necesita a las otras tanto como éstas la necesitan a ella.

La vida que Jesús nos pide es imposible de realizar en nuestras fuerzas. Los apóstoles se dieron cuenta y por eso pidieron al Señor darle más fe (Lucas 17:5). Por esto, la persona humilde reconoce su incapacidad de vivir la vida perfecta y depende de la gracia y misericordia de Dios cada minuto de cada día.

Mi oración en este fin de año es que cada una de nosotras podamos seguir creciendo en amor y en humildad mientras seguimos sirviendo al pueblo de Dios. Y que Su presencia llene nuestras vidas en una forma tal que se desborde sobre cada persona con quien tengamos contacto.

Bendiciones,

Catherine Scheraldi de Núñez

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