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01 de Febrero de 2019

Cómo dejar de pensar en lo que la gente opina de ti

Por  Lydia Brownback

Regidas por una pregunta

La autoconciencia realmente está atada a la pregunta, “¿Qué piensa la gente de mí?”

Creo que dicha pregunta puede gobernarnos sin que ni siquiera nos demos cuenta - algo como una especie de ruido de fondo en nuestras vidas.

Podemos vivir con una tendencia subyacente constante a preguntarnos, ¿Qué piensa la gente de mí? ¿Qué piensan de lo que estoy vistiendo el día de hoy? ¿Qué opinan de lo que acabo de decir? ¿Qué piensan sobre lo que hablé en la fiesta anoche?

Se presenta en las mujeres en muchas áreas de sus vidas. Lo veo frecuentemente en madres jóvenes que están comenzando a criar a sus hijos. Miden lo que hacen como madres frente a lo que hacen otras madres, desde cómo dan a luz hasta las decisiones que toman sobre el cuidado y la educación de sus hijos. Así que muchas veces sus decisiones están gobernadas no solo por su amor hacia sus hijos - que es una gran parte por su puesto- sino también por la pregunta ¿Qué piensa la gente de lo que estoy haciendo? ¿Qué hacen las otras madres y cómo podré estar a la altura de ellas? La autoconciencia está subyacente en todas nosotras, seamos madres o no. Intentamos definirnos a nosotras mismas por lo qué tan bien respondemos a esa pregunta o cómo otras personas están respondiendo a esa pregunta.

La raíz del problema

Nuestra definición de nuestra identidad viene de pensamientos como, “Soy una madre ideal porque estoy haciendo las cosas que otras madres están haciendo. O, “soy una empleada ideal porque he tenido éxito en esto o he alcanzado hasta cierto nivel en la compañía”. O, “estoy en forma y tonificada así que estoy en el tipo de cuerpo y peso ideal.

Nuestra autodefinición, nuestra identidad propia también muchas veces viene de preguntarnos: ¿Qué piensa la gente de mí?

 El remedio

 El remedio para esto no es dejar de hacernos la pregunta. Creo que eso es algo que escuchamos mucho hoy en día, se nos dice que le restemos importancia o que no nos preocupemos por lo que la gente piensa. Pero eso realmente no nos ayuda en nada.

La respuesta a esta pregunta: ¿Qué piensa la gente de mí? Y la solución a estar atada a esa pregunta es dejar de pensar en nosotras completamente. No es determinar cómo responder las preguntas, es olvidarnos de nosotras mismas.

Dejamos de pensar en nosotras mismas. Es ahí donde encontramos la libertad. Es en la medida en que dejemos de pensar en nosotras mismas, que nuestra identidad se arraiga no en las respuestas a esa pregunta, no en lo que los demás piensan de nosotras, ni siquiera en lo que pensamos de nosotras mismas, sino en quiénes somos en Cristo Jesús. Él es nuestra identidad. Debemos mirarlo a Él y dejar de mirar hacia nosotras mismas y dejar de usar a los demás como espejos para entendernos. Debemos mirar la Palabra de Dios y a Jesucristo como nuestro espejo. Ahí es donde viene la libertad. Ese es el remedio para la atadura de la autoconciencia.

Lydia Brownback

Traducido con autorización de crossway.org

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