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11 de Febrero de 2019

Infertilidad

“¿Cuándo piensan empezar a tener niños? Se les va a hacer tarde.” “Qué bueno que están avanzando sus estudios y sus carreras profesionales, pero cuidado no se les haga tarde para los hijos.” Son preguntas y comentarios que solemos escuchar de familiares, vecinos y amigos que nos aman y tienen buenas intenciones para nosotros. Contestamos discretamente con una sonrisa que esconde el llanto en nuestro corazón. “¡Llevamos intentando tener hijos por mucho tiempo y aún nada!” quisiéramos gritar a los cuatro vientos pero el sufrimiento, la tristeza y tal vez hasta la vergüenza esconden nuestra sinceridad.

Mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios? Eran las dos de la mañana y todo estaba en silencio. Sólo se escuchaba mi gemido delante de Dios. Habían pasado 5 años desde que nos casamos y aún Dios no nos daba hijos. Poco sabíamos nosotros que los planes de Dios para nosotros eran muy diferentes de nuestras expectativas. Pasarían ocho años más antes de tener nuestra contestación.

Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí; de cómo iba yo con la multitud y la guiaba hasta la casa de Dios, con voz de alegría y de acción de gracias, con la muchedumbre en fiesta. Cuando comenzamos esta travesía ambos mi esposo y yo amábamos al Señor y servíamos a El, y a la iglesia, de todo corazón. Pero sufrir de infertilidad estremece los cimientos de cualquier persona. Todo lo que deseábamos era tener hijos. ¿Acaso Dios no ordena en la Biblia que nos procreemos y multipliquemos? ¿Acaso no dice el salmista que los hijos son una bendición? Nosotros estábamos deseando algo bueno pero nuestras oraciones no estaban siendo contestadas. Dios siempre tiene mucho que enseñarnos en medio del sufrimiento.

Dios mío, mi alma está en mí deprimida; por eso me acuerdo de ti desde la tierra del Jordán, y desde las cumbres del Hermón, desde el monte Mizar. Todo esto es muy difícil y es un tiempo en que necesitamos recordar la fidelidad de Dios. Al igual que el salmista podemos recurrir a las verdades de la Biblia de cómo Dios se mantuvo fiel; sabemos que Dios nunca cambia por lo tanto podemos recordarnos y repetirnos que su fidelidad es para con nosotros también. Podemos también recordar tiempos en que Dios se ha mantenido fiel en nuestras propias vidas, cómo nos ha amado y dado a su hijo para traernos salvación.

Espera en Dios. En el abatimiento y la turbación de nuestras almas podemos también esperar en Dios y alabarle por el regalo más grande que nos ha dado, lo que más necesitamos, la salvación. Pero la realidad es que en medio de lo grueso del sufrimiento necesitamos ayuda para alabar a Dios porque nuestro enfoque está en el sufrimiento. A nosotros nos ayudó sacar un tiempo todas las semanas para hablar de infertilidad. Todos los domingos en la mañana, dos horas antes del servicio de la iglesia, nos íbamos a nuestro restaurante favorito para desayunar. Durante ese tiempo nos aseguramos de escucharnos, orar uno por el otro, apoyarnos y pasar por el sufrimiento juntos. Nos ministramos de la Palabra. También hablábamos de los próximos pasos en el proceso.

Un abismo llama a otro abismo a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. Infertilidad puede sentirse como olas batiéndonos en el mar. El dolor tiende a convertirse en el centro de nuestra vida y a aislarnos porque pensamos que somos los únicos pasando por esto. No es cierto. Hay muchos en sufrimiento, y cuando un matrimonio pasa por infertilidad, ambos están sufriendo. La manera de sufrir se puede ver diferente, pero estate seguro de que ambos están sufriendo. Hay sufrimiento por no poder tener hijos. Hay sufrimiento por no poderle dar a la pareja algo que desea. Hay profundo dolor al ver a la pareja sufrir. Hay sufrimiento al ver a nuestros amigos quedar en cinta (aunque éste está mezclado con alegría por ellos). Hay sufrimiento cuando inadvertidamente nuestros amigos se alejan de nosotros porque no tenemos hijos con quienes sus niños puedan jugar.

De día mandará el Señor su misericordia, y de noche su cántico estará conmigo; elevaré una oración al Dios de mi vida. Cuán difícil es levantar nuestra mirada de en medio del dolor y buscar a Dios. El es suficiente en nuestra insuficiencia. El Señor nos lleva y pastorea por este valle de sombra de muerte, lleno de misericordia, cantando un cántico sobre nosotros. El está contigo en medio del dolor. El es nuestra satisfacción, aun cuando no complace nuestros deseos de algo maravilloso como tener hijos.

A Dios, mi roca, diré: ¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo? Como quien quebranta mis huesos, mis adversarios me afrentan, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios? ¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Quisiera decir que durante todo nuestro proceso de infertilidad estuve mirando a Dios, buscando de su palabra de día y de noche, anclada en El, esperando en El. Mentiría. Lamentablemente tuve largos periodos de rabia y rabietas que para lo único que sirvieron fue para conducirme a amargura y a dudar de la bondad de mi Dios. Hasta que al fin pude ver su soberanía y su bondad, aprendí a someterme a la voluntad perfecta de mi Dios y a traer mi lamento delante de El, en lugar de enojo y rebeldía.


Espera enDios, pues he de alabarle otra vez. ¡El es la salvaciónde mi ser, y mi Dios! (Porciones bíblicas del Salmo 42)

 

 

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María Cristina Delgado

María Cristina Delgado sirve al Señor primeramente en su rol como ama de casa. Su primer y mayor ministerio es servir a su familia en la casa y en la crianza de su hijo, Jonathan. También es voluntaria en la Iglesia Bethlehem Baptist, en Mounds View, Minnesota, donde su familia sirve a Dios y está envuelta en diferentes áreas. Ella ha fungido como maestra de escuela dominical, maestra de estudio bíblico de mujeres y consejera bíblica, entre otras áreas.

 

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