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29 de Marzo de 2019

Aplicando el conocimiento con sabiduría

Por  Jeanine Martínez

En un artículo anterior, nuestra hermana Cathy Scheraldi compartió de las definiciones del conocimiento y la sabiduría. Muchos han sido los que sacando de contexto ciertos textos bíblicos han satanizado el “conocimiento”. Uno de estos textos es que “la letra mata y el Espíritu vivifica”. Pero el conocimiento inspirado, expresado y revelado en la Palabra de Dios ha sido respirado por este mismo Espíritu. Por tanto, carga toda su autoridad, garantía y aplicación. No es solo un asunto de semántica, el significado bíblico del conocimiento; es un asunto del corazón. Un corazón que busca conocimiento por amor al conocimiento mismo se convierte en otro ídolo creado.

En Éxodo 28:3 y 35:31 Dios se revela a Sí mismo, como la fuente de sabiduría y no hay verdadera sabiduría en contradicción con Dios. El pueblo o persona que escucha y obedece a Dios es considerado sabio (4:6; Job 13:5; 33:3; Salmos 111:10)

Tenemos que ser lentos para hablar y prontos para oír. Se puede aprender sabiduría de otros que han vivido (no solo dicho) de esa forma.

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre”.

La ignorancia y la mentira nos hacen esclavos. La verdad nos hace libres (Juan 8:33) y no hay verdad sin aplicación y transparencia.

 

Dios es quien llena de conocimiento y sabiduría.

Él es a quien debemos acudir cuando necesitamos sabiduría en nuestras vidas porque de Él provienen (2 Crónicas 1:10; Proverbios 2:6; Daniel 2:21). Sin embargo, Dios siempre la otorga para ser utilizada de manera que traiga gloria a Él y sea de bendición a otros. El deseo egoísta nos impide recibir de Dios esa sabiduría y conocimiento. Él es quien concede estas cosas (Éxodo 31:3). Sin embargo, el conocimiento tiene el propósito de ser aplicado. Existen dos características para la aplicación del conocimiento con sabiduría, cuando se hace en el temor de Dios y no con motivaciones egoístas de aplastar o impresionar a aquellos a nuestro alrededor. Esta característica es la humildad.

El conocimiento no es un fin en sí mismo. El conocimiento es útil para un fin. (Job 26:3)

Aplicar el conocimiento con sabiduría implica ser prudente y manejar la discreción.

A medida que llevamos relaciones de discipulado caminando con otros podemos y caminando con Cristo, una queja creciente es la falta de discreción y prudencia. Decimos cosas que nos han sido confiadas y las cuales no tenemos el derecho de repetir, aun a personas de nuestra mayor confianza; damos consejo que no nos ha sido requerido, opinamos y valoramos esas opiniones como si fueran palabra de Dios y por encima de los demás. Todo esto es falta de prudencia y discreción. Esto demuestra la ausencia o necesidad de crecer en frutos del Espíritu como el dominio propio y el amor. Cuando pensamos y hablamos de esta forma no solo estamos siendo imprudentes: estamos revelando orgullo y egoísmo, anteponiendo nuestras opiniones, juicios y deseos por encima de los intereses de los demás.

“Nunca cedas a la presión”, dice el pastor Miguel Núñez en su libro: Viviendo en Integridad y Sabiduría. Parte de aplicar el conocimiento a la sabiduría es mantener la integridad de lo que conocemos es bueno, agradable y perfecto, es decir, la voluntad de Dios revelada a través de todo el consejo de Dios en la Biblia. (Romanos 12:1-2). En esto el Pastor Núñez también postula: “Quisiéramos comenzar estableciendo que ese proceso de transformación de la mente requiere de más que una simple lectura diaria de la Biblia. Muchos son los que la han leído, incluso los que la han memorizado, pero a pesar de ello sus vidas no han sido transformadas por la Palabra de Dios. Y entendemos que la razón de esto es que no hubo suficiente reflexión, meditación y acción con respecto a lo leído. Cada vez que leemos las Escrituras, necesitamos reflexionar sobre lo que ellas dicen, de manera que esas verdades puedan transformarnos”.

El conocimiento es necesario como la base de la transformación. La sabiduría es la toma de decisiones y aplicación correcta de lo conocido. Es decir, el conocimiento precede a la sabiduría y si el conocimiento es errado la aplicación será errada. No podemos ser como simples “cotorras” que repetimos lo que es sabio, lo que dice la Biblia, lo que enseñan los predicadores, o toda la doctrina correcta, y sin embargo, no aplicamos estos principios correctamente a nuestras vidas, en algunos casos primeramente por falta de meditación y profundidad y en otros casos por falta de voluntad y sometimiento a Dios mismo, lo cual es rebeldía. (Proverbios 9:10, 14:6; Eclesiastés 2:26)

El conocimiento de Dios debe llevarnos a atesorar a Dios. Esa es la finalidad del conocimiento verdadero y representa la verdadera sabiduría. El temor de Dios mismo es el tesoro y a esto debe llevar el conocimiento (Isaías 33:6). Hoy día se enfatiza mucho el autoconocimiento. Sin un estándar al cual comparar ese autoconocimiento se convierte en algo relativo, y lleva al egoísmo y antropocentrismo viendo al ser humano como centro de la vida y del universo. Solo Dios merece ese lugar. Ese reconocimiento, que Dios es Dios, que Él es el centro y no nosotros es clave para aplicar el conocimiento bíblico sabiamente. Este ha sido un error cometido aun por el pueblo de Dios desde la antigüedad (Isaías 47:10)

Que Dios nos ayude a buscarle, y a buscar como se titula un libro “el conocimiento del Santo”. Que todo lo que busquemos nos apunte a Él, nos acerque a Él, nos forme a ser como Él y nos enseñe a amar lo que Él ama, a ser conocidos como Él conoce de manera que traiga gloria a Su ya glorioso Nombre.

Jeanine Martínez

Es misionera y apasionada por hacer discípulos de Cristo, de todas las naciones, a través de la enseñanza bíblica. Tiene una Maestría en Artes en Estudios Teológicos y Liderazgo Intercultural por el Seminario Bautista del Sur (SBTS) y especialista en Ingeniería Sanitaria y Ambiental. Sirvió como misionera transcultural, con enfoque en enseñanza bíblica, entrenamiento misionero y discipulado, en el Sur y el Este de Asia por casi 9 años. Es enviada por la Iglesia Bautista Internacional (IBI), en la República Dominicana. Le gusta cocinar, la música y conocer personas de distintas culturas, apreciando la multiforme gracia. De vez en cuando recuerda detenerse y oler las flores.

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