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05 de Abril de 2019

Conociendo a Dios

Por  Anny Mañón de Mirabal

Unos días atrás llegó a nuestra reunión Ezer una joven integrante del grupo de alabanza de nuestra iglesia. Todas habíamos escuchado su hermosa voz, pocas habíamos hablado con ella. Al final de la reunión una dama se dirigió a ella dándole las gracias por su intervención, haciendo el comentario que aunque sabía de ella, ahora ciertamente podía decir que la conocía; habían sido presentadas y había escuchado de su vida. Esto ejemplifica lo que quisiera compartir en este artículo. Muchas decimos que conocemos a Dios Pero ¿Qué significa y qué implica, realmente “conocerle”?

Tendemos a reducir el concepto “conocer a Dios” a una serie de actividades cognitivas, tales como repetir conceptos y memorizar textos bíblicos. Sin ninguna duda este aspecto es de vital importancia. Conocer a Dios es entender la manera comoÉl se revela en Las Escrituras, tanto en el Antiguo Testamento y en particular en el Nuevo Testamento, en el cual se revela a Sí Mismo en la persona de Jesucristo, y de hecho solo podemos conocer plenamente a Dios cuando conocemos a Cristo, Colosenses 1:15

En las Escrituras, la palabra "conocer" tiene a menudo un significado más amplio que el conocimiento intelectual, implica una relación personal e íntima. Debemos conocer los atributos, las obras y las promesas de Dios; y entendiendo lo que La Biblia dice, desarrollar y cultivar una relación con Él. Este conocimiento se obtiene, no por una mera actividad intelectual, sino por la operación del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Mucho conocimiento de Él y poca relación con Él nos puede conducir al orgullo, evidenciando una actitud de juzgar a los demás pensando que el conocimiento y la doctrina es el fin de todo, olvidando que nuestro deseo debe apuntar a ser conformados a la persona de Jesús. Una vida obediente a sus mandatos y llena de amor y compasión para nuestro prójimo. 1 Co 8:1-2 “…sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. 2 Si alguno cree que sabe algo, no ha aprendido todavía como lo debe saber;”

El hombre, por sí mismo, es incapaz de conocer verdaderamente a Dios. La Biblia nos muestra en Romanos 3:11-20 que todos hemos pecado y ninguno puede alcanzar el estándar de santidad requerido para tener comunión con Dios. Nos enseña que la consecuencia del pecado es la muerte Romanos 6:23, y que la humanidad perecerá eternamente sin Dios, a menos que acepte y reciba la promesa del sacrificio de Jesús en la cruz. Así que, el primer paso para conocer realmente a Dios es recibir a Cristo de manera personal (Juan 1:12). Nada es más importante que entender esta verdad cuando se trata de conocer a Dios. Jesús deja en claro que solo Él es el camino al cielo y al conocimiento personal de Dios (Juan 14:6). Este es el punto de partida en la preciosa carrera de conocer a Dios de manera personal.

Es necesario pasar tiempos a solas con Él, de la misma manera que lo hacemos con un amigo para llegar a conocerlo de veras.

Tiempos de oración. No es opcional, es una necesidad. Jesús lo enseñó a sus discípulos y Él mismo disfrutó de esos tiempos a solas con Su Padre (Marcos 1:35).

Tiempos para leer la Biblia. La Biblia es una carta de amor escrita por un Padre a Sus hijos con el propósito de que puedan llegar a conocerle íntimamente. Al Creador y Señor de todo el universo. Nuestro Dios es la realidad más importante de todo el Universo. Conocerle tiene valor eterno, porque conocerle a Él es la vida eterna.

Sé que muchas al igual que yo atesoramos este versículo de la Biblia, “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Juan 17:3.

J. I Packer dice, “estudiar a Dios humilla la mente, porque, ella no logra percibir lo que realmente es Dios. Nadie puede comprender a Dios, sino solo Dios, que conoce todo de sí mismo”.  

Conocer a Dios totalmente es una imposibilidad y esto nos guarda del orgullo, manteniéndonos humildes, sabiendo que se trata de Él y de la manera en que Él se quiera revelar. En la medida que vamos descubriendo más de Dios, vamos siendo transformadas en la medida del conocimiento de Él. Nunca vamos a parar de conocer a Dios en su multiforme e infinitos aspectos.

Hay bendiciones que experimentamos al conocerle íntimamente,

Consuelo en los momentos de tristeza y dolor

Descanso para los cansados Mat 11:28  

Paz en medio de las pruebas 1Co 10:13

La realidad de estos versículos en la vida del Apóstol Pablo es palpable, Jeremías 9:23-24: “No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza;24 mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco —declara el Señor. Pablo exhibía la sabiduría, el poder y las riquezas del mundo en su propia vida pero entendiéndolas como basura las rindió por la excelencia de conocer a Cristo; Filipenses 3:8 Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, y poder llegar al final de su carrera diciendo: “Yo sé en quién he creído”

Pablo conocía Las Escrituras y había desarrollado una relación personal e íntima con Dios. Entendía y conocía que la verdadera sabiduría está escondida en Cristo. Había visto Sus promesas cumplirse en su vida. Conocer a Dios de esta manera le permitió regocijarse en las tribulaciones y experimentar paz en medio de las feroces tormentas.

¿Quieres conocerlo de esa manera íntima y personal en la que Él se ha revelado en Su Palabra?

 

 

Anny Mañón de Mirabal

Hija de Dios por Su Gracia y Misericordia inmerecida por casi 25 años.  Casada por 35 años con Justo Mirabal Díaz.  Mamá de 3 y abuela de 4.   Egresada del Instituto Integridad & Sabiduría. Diaconisa en Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde sirve en el Cuerpo de Consejeros, en el equipo del Ministerio Discipulado Matrimonial y en el Ministerio de Mujeres Ezer

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