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09 de Abril de 2019

El temor que nos hace sabias

Por  Odette Armaza vda Carranza

El temor a Dios que se menciona en la Biblia en diversas ocasiones es una de las expresiones de amor reservadas para quienes somos sus hijos (“Temed a Jehová vosotros sus santos pues nada les falta a aquellos que le temen” Sal 34:9) y sin el cual no solo no podríamos disfrutar de muchas bendiciones, sino que además seríamos incapaces de vivir la vida de la manera como Dios lo ha establecido. Él claramente nos dice que es “Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos” (Sal 128:1RV)

Si somos sinceras cuando leemos la palabra temor lo primero que viene a nuestra mente no es un claro entendimiento de ese propósito divino que nos quiere transmitir las Escrituras y más en los tiempos en que vivimos en los cuales las circunstancias externas nos quieren llevar a vivir una vida de zozobra y angustia muy contraria a la vida de fe que estamos llamadas a tener.

¿Cuál es este tipo de temor? Uno que está representado por la palabra “phobos” del cual viene la palabra fobia y con el cual estamos muy familiarizadas porque es ese miedo que nos limita, que nos acobarda sea por las circunstancias o las personas o nuestra propia incredulidad y el cual es condenado   porque no estamos llamadas a ser cobardes sino valientes. Hace dos años tuve que lidiar con este tipo de temor, cuando luego de un breve tiempo de enfermedad mi esposo partió a la presencia del Señor. De un momento a otro habían tantas decisiones que tomar, tantos cambios que asimilar y situaciones que manejar que el miedo podía hacerse muy real; pero debía recordar que aunque mis circunstancias habían cambiado, Dios seguía siendo el mismo.

Sin embargo, no es necesario que las circunstancias sean tan extremas para dejarnos llevar por ese tipo de miedo. Dar una información falsa en una entrevista de trabajo, por temor a no conseguir ese empleo, hacer trampa en un examen por temor a no conseguir la nota esperada, mentir en cualquier tipo de circunstancia o arreglar los problemas a nuestro modo revelan más un miedo hacia el hombre que un temor reverente hacia Dios.

Luego tenemos el término “yirah” que implica temor, reverencia , una actitud de profundo respeto, que incluye adoración, amor, servicio y obediencia a los mandamientos del Señor, y es ese tipo de temor que estamos llamadas a tener.

No podemos “andar en sus caminos” sino reconocemos a Dios como tal y buscamos su guía para cada circunstancia y decisión que debamos enfrentar. El salmista nos recuerda: ¿Quién es el hombre que teme al Señor? Él le instruirá en el camino que debe escoger. (Sal 25:12).

El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su alabanza permanece para siempre. (Sal 111:10)

Necesitamos de esa sabiduría para vivir en integridad, para elegir aquello que es correcto, para negarnos a nosotras mismas por amor a la verdad de Dios. Como mujeres cristianas debemos recordar que servimos a un Dios tres veces SANTO, digno de ser temido, de ser reverenciado, de ser honrado y de ser obedecido. No podemos acercarnos a Él en nuestros términos, nuestras decisiones y acciones de la vida cotidiana deben pasar siempre por el filtro de saber si eso que hemos decidido hacer trae honra a Dios.

¿Cómo se refleja este temor en nuestra vida diaria?

El temor a Dios nos libra de la idolatría

“Temerás sólo al Señor tu Dios; y a Él adorarás, y jurarás por su nombre“ (Dt 6:13). Dios dejó muy claro que su pueblo debía adorarlo solo a Él y la misma instrucción aplica a nosotras. Debemos ser sabias porque vivimos en un tiempo en que estamos llenos de dioses que nos apartan y nos distraen del Dios verdadero, no son imágenes visibles como lo eran para el pueblo de Israel, pero todo aquello que satisface nuestro corazón que no sea Dios se convierte en un ídolo al que adoramos no solo con nuestro afecto, sino con nuestro tiempo y nuestros recursos. El cuidado por mi cuerpo, las metas personales, los logros profesionales, alcanzar un determinado estándar de vida o aun el esposo o nuestros hijos son algunos de esos ídolos que nuestra sociedad centrada en el hombre nos alienta a adorar y si no estamos atentas a dar a Dios el lugar que se merece, nos veremos envueltas en los mismos deseos.

El temor a Dios nos protege

“He aquí, los ojosdel Señor están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su Misericordia” (Sal 33:18)
“El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los rescata” (Sal 34:7)

Creer que Dios cuida y protege a sus hijos todo el tiempo es lo que nos permite vivir en paz, descansando en su soberanía y su poder. ¿Puedes decir eso de ti? ¿O eres parte de ese grupo que quiere tener todo bajo control como una forma de buscar seguridad?

El temor a Dios implica obediencia

“En pos del Señor vuestro Dios andaréis y a Él temeréis; guardaréis sus mandamientos, escucharéis su voz, le serviréis y a Él os uniréis.” (Dt 13:4)

Poner en práctica lo que Dios dice es la forma de mostrar no solo nuestro amor por Él (Jn 14:15) sino de darle la honra que merece. Él nos dice cómo vivir como esposas, como madres, como hijas, cómo debe ser nuestro hablar y nuestro pensar, cada uno de los aspectos de una vida de piedad están escritos en la Biblia, ¿estamos siendo obedientes a ellos? ¿Son los principios de Dios los que rigen nuestra vida o seguimos pensando que hay áreas que las podemos manejar a nuestra manera?

El temor a Dios nos hace bien

“Y el Señor nos mandó que observáramos todos estos estatutos, y que temiéramos siempre al Señor nuestro Dios para nuestro bien y para preservarnos la vida, como hasta hoy” (Dt 6:24)

Todo lo que Dios determina para sus hijos es bueno, los límites, las instrucciones, las prohibiciones son para nuestro bien. Lastimosamente en la medida que la sociedad y sus valores se alejan de la verdad de Dios, también minimiza Su Palabra y por eso vemos cómo cuántas prácticas que antes ni siquiera podían ser consideradas ahora son aceptadas y defendidas o como instituciones tan sagradas como el matrimonio y la familia están siendo despojadas del valor dado por Dios. ¿Y cómo fue sucediendo todo esto? En la medida que poco a poco dejamos de temer a Dios.

Oremos que podamos llegar a la misma conclusión que llegó Salomón al final de Eclesiastés: “El fin de todo el discurso que has oído es este: Teme a Dios y guarda sus mandamientos porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ecl 12:13-14)

Odette Armaza vda. Carranza

En los caminos del Señor desde su juventud. Sirve a las mujeres siendo parte del Ministerio Ezer, es diaconisa de la IBI, y madre de tres jóvenes: Nahir, Michelle y David.

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