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26 de Abril de 2019

Guardando nuestro corazón

Por  Mayra Beltrán de Ortiz

“Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de vida”.

Proverbios 4:23

He pasado gran parte de mi vida relacionada con deportes de competencia, gimnasios y clubes atléticos por lo que he estado muy familiarizada con la importancia que siempre se le ha dado, y mucho más en los últimos años, al tema de cuidar nuestra salud especialmente nuestro corazón. Para esto nos recomiendan entre otras cosas, ejercitarnos, comer sano y manejar correctamente la considerada enfermedad del siglo XXI, el estrés.

La Biblia hace cientos de referencia al “corazón” por lo que entendemos que es un tema de importancia para Dios. Sin embargo, cuando la Biblia habla del corazón no se refiere al órgano principal del cuerpo humano, al que los especialistas de la salud nos recomiendan cuidar. Cuando la Biblia habla de “corazón”, lo hace mayormente para referirse a nuestra esencia interna, donde se alojan nuestras ideas, emociones, pensamientos, a todo lo que somos como personas.

“Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de vida”

Proverbios 4:23

¿Qué significa esto? “Guardar” aquí significa “CUIDAR” “PROTEGER”. ¡Debemos poner barandillas alrededor de nuestro corazón y colocar bloqueos y barricadas en su entrada! Nuestro corazón es el control maestro de nuestra vida completa. Si nuestro corazón esta mal, toda nuestra vida estará mal. Si nuestro corazón esta envenenado, toda nuestra vida estará envenenada. Es por eso por lo que este imperativo de Proverbios 4:23 se pudiera entender como “cuida tu mente” “protégela”

Nuestro corazón afecta todo lo que somos – todo lo que decimos – todo lo que hacemos. Las Escrituras nos dicen que todo lo que hacemos va a brotar de ahí. El corazón es la fuente de los pensamientos y las acciones. “Pues como piensa dentro de sí, así es” dice Proverbios 23:7. Lo que pensamos controla el resto de nuestras vidas porque lo que pensamos es lo que somos. Nuestros pensamientos, buenos o malos controlan nuestras actitudes, y nuestras actitudes dirigen nuestras acciones.

Como ilustración piensa cuando llevas o has llevado a tus hijos a un lugar público donde hay mucha gente como a un centro comercial o a un parque de diversiones. ¿Los sueltas para que deambulen y hagan lo que quieran? ¡NO! Es probable que los vigilas con ojo de águila, no los pierdes de vista ni por un minuto; es probable que estés todo el tiempo alerta mirando a tu alrededor para estar segura de que no hay nadie que pueda hacerle daño. De la misma manera que nuestros hijos necesitan ser protegidos celosamente de igual manera tenemos que guardar nuestros corazones constantemente. De la misma manera que un niño siente la inclinación de alejarse de sus padres en un lugar de mucha gente, nuestros corazones tienen la tendencia a alejarse de nuestro Padre celestial: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino…” Isaías 53: 6a

Dios está especialmente preocupado por la condición de nuestro corazón. Cuando Dios decide cambiar a alguien lo hace cambiando la manera en la que piensa, va directamente al corazón. “Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente” Romanos 12:2

Cuando Salomón le dijo a su hijo que guardara su corazón le estaba diciendo que protegiera y fuese cuidadoso con sus pensamientos. La batalla del diablo es por nuestras mentes. De ahí la importancia de que aprendamos a guardar nuestros corazones porque es una batalla muy fuerte que se está librando por su control. Satanás nunca toma un día feriado ni se va de vacaciones. Diariamente Satanás lanza sus anzuelos y coloca sus trampas para atraer a nuestros corazones hacia el pecado. El ha colocado minas terrestres pecaminosas por dondequiera para destruir nuestras reputaciones, nuestros matrimonios, nuestros hijos y nuestra felicidad. Por esta razón no podemos bajar nuestra guardia nunca por el resto de nuestras vidas aquí en la tierra.

¿Cómo cuidamos y protegemos nuestro corazón? Tenemos que leer, meditar, llevar la Palabra de Dios a nuestros corazones y orar regularmente. Es así como vamos a renovar nuestras mentes porque la Palabra de Dios “es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos” (Hebreos 4:12). La Palabra de Dios tiene poder de limpiarnos y guardarnos. Nunca nos podrá ir mal leyéndola y meditando sobre ella una y otra vez.

Todas debemos hacernos esta pregunta a nosotras mismas: ¿Cuan bien estoy guardando mi corazón? ¿Es la condición de mi corazón mi mayor preocupación? Amadas hermanas debería serlo porque es determinante en todos los aspectos de nuestras vidas. A la larga determina nuestro amor por Dios y por otros. Determina quien somos y que hacemos.

Piensa en lo diligentes que somos en guardar y proteger nuestros hogares. Colocamos puertas de seguridad, luces de seguridad en los patios; nos aseguramos siempre de que las puertas y ventanas estén bien cerradas, algunas quizás tenemos cámaras y un sistema de alarma instalado. Hacemos esto porque no queremos que nadie entre en nuestras casas y nos pueda hacer daño.

Como mujeres cristianas debemos ser igual de diligentes en cuanto a GUARDAR NUESTROS CORAZONES. Al ser nuestra mente, nuestros ojos y nuestros oídos el “portal” hacia nuestros corazones, debemos guardar con mucho cuidado lo que pensamos…lo que vemos… y lo que escuchamos. Debemos estar conscientes que lo que permitamos entrar a nuestros corazones tendrán un efecto total sobre nuestras vidas. ¡Que Dios nos ayude!

 

 

Mayra Beltrán de Ortiz

Decidida a honrar el diseño de Dios para la mujer.   Esposa, madre y abuela. Amo servir a la iglesia local. Graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Diaconisa de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde es parte del cuerpo de consejeros. Es Coordinadora del ministerio de mujeres EZER

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