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02 de Mayo de 2019

Teoría y práctica: ¿Estamos aplicando a nuestras vidas lo que aprendemos en nuestro estudio de la Palabra?

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la Palabra de verdad” (2 Timoteo 2: 15).

Muchas de nosotras hemos pasado por la experiencia de aprender a cocinar. En mi caso fue una vivencia bastante particular. Mi mamá fue sometida a una cirugía de trasplante de riñón, por lo cual, sin previo aviso, ella tuvo que partir de la casa, pues cuando aparece un donante compatible, el paciente debe ser intervenido en menos de 24 horas. Para su proceso postoperatorio ella debía permanecer más de un mes fuera de la casa. Ante la situación que teníamos, me vi enfrentada a la necesidad de cocinar para mi hermano y para mí. Entonces se me ocurrió que la mejor forma de resolver este asunto era llamando por teléfono a mi mamá para que me dijera qué preparar y cómo hacerlo. Y así, día a día, recibiendo las instrucciones y practicándolas poco a poco, aprendí a cocinar.

En nuestra vida cristiana también nos enfrentamos a tener que aprender a vivir como verdaderas seguidoras de Cristo. Y para esto el Señor nos ha dejado su preciosa Palabra, por medio de la cual podemos conocer a nuestro Salvador y la manera en que Él quiere que vivamos.

Como bien leímos en 2Timoteo 2:15, se nos hace un fuerte llamado; Vemos en el texto que necesitamos poner todo nuestro esfuerzo, constancia y disposición para aprender las verdades bíblicas, pero además de esto, para llegar a ser obreras que hacen bien su trabajo, que son aprobadas por el Señor, necesitamos vivir lo que aprendemos. Así como cuando estábamos aprendiendo a cocinar, que además de investigar la receta, debíamos poner manos a la obra para lograr tener un plato de comida en la mesa. Así mismo, un carácter formado no se logra a menos que pongamos por obra lo que el Señor nos enseña en su Palabra.

En cierta oportunidad encontraba en una reunión, en la cual una persona empezó a dar su testimonio de cómo estaba pasando por una muy apretada situación económica, y que se dio cuenta en este tiempo, que no estaba honrando al Señor con su diezmo. Testificaba cómo el Señor le ministró sobre su pecado en esta área de su vida. El recibió convicción, empezó a honrar al Señor, y poco a poco el Señor empezó a darle la sabiduría para el manejo de sus finanzas, y los recursos para salir de su situación. Al escuchar su testimonio, yo misma me vi reflejada en lo que estaba escuchando. Esa noche fui a mi casa y empecé a estudiar todo lo que la Biblia dice respecto al diezmo. En ese estudio recibí convicción, y desde ese mismo momento empecé a ser obediente al Señor cumpliendo con este deber, y de igual forma como había escuchado, pude experimentar cómo el Señor fue mostrándome qué debía hacer para ordenar mis finanzas. 

Es al acercarnos a la Palabra del Señor y entender que ella es viva y eficaz para guiarnos en todos los aspectos de nuestra vida, que nos vamos a ir dando cuenta cómo podemos ver con claridad cada uno de los pasos que debemos dar. 

Otro aspecto importante en el cual pude ver al Señor obrando, fue al yo poner en práctica su palabra y rendirle otra área de mi vida que no iba de acuerdo con el carácter cristiano. Tenía la increíble capacidad para airarme en el trabajo. Este conlleva mucha presión, porque todos los días tengo horarios para entregar diferentes tipos de información. Y hay ciertos días que son mucho más demandantes, en los cuales yo me enojaba muy fácilmente si alguien me pedía algo que me sacara de mi programación. En esos momentos siempre estaba muy irritable. Al estudiar la palabra empecé a ver claramente que la ira es pecado. Por ejemplo, podemos leer en Santiago 1: 19-20, que debemos ser prontos para oír, tardos para hablar, tardos para la ira; pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Al darme cuenta de esto empecé a orar al Señor para que me ayudara a controlarme. Y lo que hacía era salir un momento corto al baño a orar y a pedirle paz al Señor. Y he podido ver, poco a poco, cómo el Señor me ha ido ayudando cada día.

La palabra dice que, si le pedimos algo conforme a su voluntad, Él nos oye y nos concede lo que le pedimos (1 Juan 5:14-15). Cuando identificamos en la Palabra cuál es la manera en que a Él le agrada que actuemos, podremos vivir vidas que adornen el evangelio, y ser una luz en medio del mundo en que vivimos (Mt 5: 14-16; Ef 5: 8-10; Fi 2: 15-16).  

El Señor nos llama a renovar nuestra mente como lo vemos en Romanos 12:2, donde se nos dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta."

Nuestra mente es renovada a medida que conocemos su palabra y la ponemos en práctica. Por lo cual te invito a preguntarte: ¿Estoy poniendo en práctica lo que aprendo en mi estudio Bíblico? Y más importante aún: ¿Estoy creyendo que el Dios Todopoderoso que inspiró la Palabra tiene el poder para obrar en mí de acuerdo con su verdad?

 

 

Aurita Gómez

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