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10 de Mayo de 2019

¿Es correcto disciplinar con vara?

Por  Odette Armaza vda. Carranza

Hablar sobre temas como la educación de los hijos o la disciplina con vara en una sociedad que tiene tantas corrientes de opinión y en la cual el tema de los derechos de los niños y la violencia intrafamiliar están tan presentes puede resultar confuso incluso para el pueblo cristiano y aún más si su referente está dictado por lo que dice la cultura en lugar de lo que dicen las Escrituras.

Estoy segura que una pregunta como ésta genera emociones y opiniones encontradas, pero gracias a Dios que este es uno de los temas en los cuales podemos acudir a la Biblia porque ella tiene mucho que decir al respecto y a diferencia de las corrientes seculares que cambian de acuerdo a la época y las circunstancias, los principios que encontramos en la Palabra de Dios permanecen y lo que era una verdad para el cristiano de otras épocas lo es también para nosotros porque aunque las circunstancias externas cambien el estado del corazón sigue siendo el mismo. El niño sigue teniendo un corazón pecaminoso que necesita ser instruido y guiado a la verdad del evangelio.

No debería ser nuestra opinión o nuestra experiencia la que determine qué vamos a hacer a la hora de moldear una vida que Dios ha puesto en nuestras manos, por tanto haríamos bien en recapacitar cuáles son las bases sobre las que estamos paradas con relación a este tema. Si estás criando niños pequeños espero que puedas encontrar aliento y ánimo en esta lectura y si todavía no tienes hijos, que ésta te sirva para ir afirmando tus convicciones al respecto.

Aun antes que tuviéramos hijos, mi esposo y yo estábamos de acuerdo en que esta disciplina física sería aplicada en nuestro hogar. A pesar que en ese entonces no había tanta información como existe ahora y de errores que pudimos cometer en algún momento, el haber decidido eso y buscado la sabiduría de Dios para llevarla a cabo fue una de las mejores decisiones que hicimos como padres cuando nuestros hijos eran niños pequeños.

Debemos recordar que cuando Dios nos da una instrucción, es porque también Él nos ha modelado con su ejemplo. Pide a los esposos que amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia, pide a los hijos obediencia a los padres porque Cristo mismo fue un ejemplo de obediencia a su Padre Celestial, por tanto cuando nos habla de la disciplina es porque Dios mismo la ejerce con sus hijos.

Veamos lo que la Biblia nos dice refiriéndose a nosotros como hijos de Dios y saquemos algunas verdades que nos puedan ir aclarando este tema: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor ni desmayes cuando eres reprendido por él, porque el Señor al que ama, disciplina y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos, porque qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?" (Heb 12:5-7RV)

Hay una relación que existe entre disciplina, amor y castigo. De una forma a veces difícil de entender estos tres aspectos deben estar juntos para que el resultado sea de bendición. Si quitamos el amor, nos quedamos solo con una acto de violencia (el cual es condenable), si quitamos la disciplina perdemos la perspectiva que el propósito es construir una vida, formar un carácter piadoso y si eliminamos el castigo, minimizamos la consecuencias que todos sufrimos cuando pecamos.

Como padres tenemos un gran llamado de criar a nuestros hijos en la disciplina y amonestación del Señor (Ef 6:4), y al mismo tiempo no llevarlos a la ira (Ef 6:4) ni desalentarlos (Col 3:21) y para encontrar ese balance necesitamos buscar la sabiduría de Dios en todo momento y tener mucho cuidado de las enseñanzas que encontramos secularmente, que aunque pueden sonar agradables a nuestros oídos son contrarias a la verdad de Dios.

Es bueno que identifiquemos si la razón de mi resistencia ante esta instrucción tiene que ver con mis experiencias o un concepto de amor que evita todo sufrimiento, el cual no es el que encontramos en la Biblia y la verdad es que como padres muchas veces debemos tomar decisiones que desde la perspectiva de nuestros hijos puede lucir injusta o dura, pero nosotros sabemos que es por su bien. ¿Acaso no los llevamos a sus vacunas a pesar del llanto que genera? ¿O les damos sus medicamentos aunque sean desagradables? ¿No somos quienes ponemos horarios aun cuando ellos quieran hacer otra cosa? ¡Pues cuánto más debemos cuidar el cumplir con aquello que es bueno para sus almas!

De acuerdo a Prov 13:24 (este verso estaba inscrito en la vara de la familia y era el primer objeto que se ponía en la maleta al momento de viajar) el uso de la vara es una muestra de amor:

“El que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia” (Pro 13:24), otra versión dice: "El que no aplica el castigo aborrece a su hijo, el que lo ama lo corrige a tiempo” (RV).

¿Alguna vez hemos visto que retener un castigo justo con vara es equivalente a no amar a nuestros hijos? El término aborrecer también implica negligencia, el padre está siendo negligente, de la misma forma que si negara atención a un hijo enfermo, o una educación apropiada son considerados como faltas, esta es la idea de este verso, y la imagen es de alguien parado con actitud de rechazo. Por el contrario, cuando se refiere a “lo ama” es la imagen de una persona con los brazos abiertos dispuesto a abrazar. Eso es lo que significa una buena disciplina, ejercida en el momento y la actitud adecuados, es el mensaje: eres mi hijo, tú me importas, yo te amo.

Habrá momentos en que nuestro amor natural por nuestros hijos quiera ser mayor que ese amor espiritual que no se mueve por emociones sino por convicciones, es ahí donde debemos recordar el valor de este tipo de disciplina.

¿Qué otra cosa aprendemos? Que hay un tiempo para aplicar la disciplina y esto lo podemos entender en dos sentidos. El tiempo que transcurre entre la falta a corregir y el castigo no debe ser prolongado si queremos que se cumpla el propósito, y hay un tiempo en cuanto a la edad cronológica para el uso de la vara. Esta es válida en los primeros años donde las negociaciones, tratos o quitar privilegios no tienen el mismo efecto, sino hasta cuando son más grandes, por eso debemos aprovechar esta ventana que tenemos.

Algunos resultados son:

Limpia sus conciencias: “Los azotes que hieren son medicina para el malo; el castigo purifica el corazón” (Pro 20:30RV). El uso correcto de la vara permite al niño sentir el dolor de su pecado pero también el alivio del perdón.

Los aparta de la necedad: “La necedad está ligada al corazón del niño; la vara de la disciplina la alejará de él”. (Pro 22:15). La principal necedad es no entender que hay un Dios Santo que debe ser honrado y temido, y eso es lo que está arraigado en el corazón de todo pecador incluidos los niños. Cuando los hijos son desobedientes a sus padres, no los honran ni los respetan eso mismo lo están siendo delante de Dios.

Los hace más sabios: “La vara y la reprensión dan sabiduría” (Pro 29:15a), porque lo que buscamos es moldear su carácter de acuerdo a los principios bíblicos.

Traen paz y alegría a sus padres: “Corrige a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma.” (Pro 29:17). Cuanto dolor y angustia genera un hijo que no ha conocido la corrección en las diferentes etapas de su crecimiento. Anhelemos ser de estos padres que se gozan en sus hijos y no de aquellos que son avergonzados: “pero el niño consentido avergüenza a su madre” (Pro 29:15b)

Sin embargo, a pesar de lo dicho, también cabe aclarar que hay razones para no usar la vara y tienen que ver más con nuestra pecaminosidad como padres que con la validez de la instrucción. No se puede disciplinar con ira o por motivos equivocados; no es para calmar mi frustración como padre sino para honrar a Dios; es algo íntimo y no público y no debe ser ejercido más allá de los primeros años.

Que Dios nos dé su gracia para entender y cumplir con lo que Él nos ha instruido y cuando no sepamos cómo hacerlo recordemos que podemos pedir por sabiduría para cada una de las circunstancias que estemos enfrentando.

Odette Armaza vda. Carranza

En los caminos del Señor desde su juventud. Sirve a las mujeres siendo parte del Ministerio Ezer, es diaconisa de la IBI, y madre de tres jóvenes: Nahir, Michelle y David.

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