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13 de Mayo de 2019

Moisés, un tipo de Cristo

“A los que aman a Dios todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8:28-29).

 

En estos días, vi como un adorador cristiano luego de batallar contra la enfermedad del cáncer partió con el Señor; lo que más me impresionó fue cómo sus tres (3) hijos hablaron de su padre. Uno de ellos dijo: “A pesar del dolor que genera dicha enfermedad y de las altas y bajas que produce, siempre tuvo su confianza y su Fe en Dios”; así también dijo que “en el hogar predicaba con el ejemplo y sus acciones mostraban a Cristo aun sin hablarnos”. Al igual que el testimonio de este adorador, hay hombres de Dios en la Biblia, que son ejemplo de hombres que honraron a Dios en todo y que su único fin era glorificar su nombre por encima de sus deseos, y Moisés es uno de ellos.

Estudiando un poco los versículos mencionados, tomamos en cuenta 3 aspectos importantes:

1. Los que antes conoció

2. Los predestinó

3. Que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo.

La palabra de Dios en Salmos 139:16 establece que “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”. Cuando habla que desde antes nos conoció es que antes de la fundación del mundo ya Dios tenía en su plan nuestra concepción; desde el vientre ya nuestro Padre nos había marcado para Su propósito; Él es nuestro Creador, Formador, Él nos puso nombre; de Él somos (Isaías 43:1). Su Palabra nos dice que también nos predestinó. Predestinar significa “determinar anticipadamente”, “ordenar”. Así también el pequeño Larousse establece en su definición: teolo. “Destinar y elegir a los que por medio de su gracia han de lograr la gloria”. Es por eso que, como hemos sido escogidas, elegidas y predestinadas, nuestra vida está en el perfecto orden y control divino. TODO coopera para bien a las que amamos a Dios y hemos sido llamadas conforme a su propósito; nada FUE, ES O SERÁ CASUALIDAD.

Una parte que me gusta mucho es para que fuésemos hechas conforme a la imagen de su Hijo; Dios ideó un plan para que, a través de Jesucristo fuésemos hechas conforme a su imagen y seamos salvas y perdonadas, libres de toda condenación eterna. Descansamos en la promesa de Filipenses 1:6 que dice: “que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo".

Moisés, elegido por Dios, fue un hombre de Fe que renunció a sus planes para acogerse al plan que Dios había trazado para él. es considerado como un tipo de Cristo; sus acciones y misión fueron muy semejantes en muchas ocasiones. Veamos algunos ejemplos:

- En el tiempo en que Moisés nació, fue ordenado por el Faraón la muerte de todo varón hebreo recién nacido, por temor a los hijos de Israel que se multiplicaban en gran manera (Éxodo 1:15-17). Y después de Jesús nacer, vinieron unos magos del oriente buscando al Rey de los judíos para adorarle, lo cual turbó al rey Herodes, quien después de consultar los envió a Belén a buscar al niño, pero al ver que los magos no cumplieron, se llenó de ira, y decretó también la muerte de todos los niños menores de dos (2) años en Belén (Mateo 2:16)

- Moisés ayunó por cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua (Cuando recibió las nuevas tablas de la ley) (Éxodo 34:28). También el Señor Jesucristo, después de ser bautizado, ayunó cuarenta días y cuarenta noches, cuando fue llevado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado por el diablo (Mateo 4:2-3).

- La piel del rostro de Moisés resplandecía luego de bajar del Monte Sinaí y haber hablado con Dios (Éxodo 34:29). Jesús subiendo a un monte alto con Pedro, Jacobo y Juan se transfiguró delante de ellos, resplandeció su rostro como el sol y sus vestidos se hicieron blancos como la luz (Mateo 17:1-9).

- Moisés fue usado por Dios para milagros y prodigios; Jesús siendo 100% humano y Dios, también hizo muchos milagros, sanidades, liberaciones y prodigios.

Entonces ¿Qué otras características en la vida de Moisés nos apuntan a Cristo?

1. Mediador. Por 40 años Dios usó a Moisés como mediador entre el Pueblo de Israel y Él con el fin de libertarlos de la esclavitud y la servidumbre en Egipto, para así llevarlos a la tierra Prometida. Lo cual se relaciona mucho con la misión de Cristo como mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5); a través de Cristo hemos sido redimidas y salvadas, siendo libres de pecado y de la muerte. La misión de Moisés fue temporal, pero la de Cristo es Eterna.

2. Fe. Moisés fue un ejemplo de fe, su vida modeló una confianza y plenitud en Dios impresionantes. No escatimaba, no preguntaba, no discutía, no dudaba, sino que actuaba creyendo que las promesas de Dios son un Sí y Amén en Cristo. Hebreos 11:6 dice: “y sabemos que sin fe es imposible agradar a Dios”. Su fe estaba puesta en las promesas de Dios e instaba al pueblo a no temer y ver la manifestación de Dios en los momentos difíciles. Se mantenía firme en hacer lo que Dios ordenaba. Asimismo, es por Fe que nosotras debemos seguir perseverando, no en las cosas que se ven, sino en las que no se ven, sabiendo que todo obrará para bien a los que lo aman y creen en Él.

3. Mansedumbre. Dios transformó su corazón tal y como dice Números 12:3 “y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra”. Moisés tenía un corazón tierno y compasivo; no le importó la magnitud de la revelación y el poder que Dios le había depositado para ejercer dominio; aun así, se mantuvo humilde al igual que Jesús, nuestro modelo de mansedumbre, quien también dijo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón,” (Mateo 11:29b). La mansedumbre, fruto del Espíritu, fue modelada grandemente por Moisés y Jesús; nosotras debemos nosotros imitarles y practicarla (Gálatas 5:22-23).

4. Obediencia. La obediencia fue la gran característica de Moisés, era fiel en todo lo que Dios le ordenaba; Éxodo 40:16 dice: “Y Moisés hizo conforme a todo lo que el SEÑOR le había mandado; así lo hizo”. Aunque en un momento de estrés ante la exigencia, queja y murmuración del pueblo no hizo como Dios le había mandado, tuvo que pagar más tarde el precio de esta acción (Números 20:1-13). Su oración era que le mostrara sus caminos para conocerle y hallar gracia ante sus ojos (Éxodo 33:13). El deseo de su corazón era cumplir con la voluntad de Dios. Moisés obedeció creyendo en el que no existe sombra de variación, en el Dios al que había rendido su alma. Jesús obedeció a su Padre en todo (Juan 17:4). Estando en Getsemaní, en agonía, oraba, pero se rindió ante el Padre, pidiéndole que no se hiciera su voluntad sino la suya (Lucas 22:41-42).

5. Su vida de Oración. Moisés se destacó por su oración intercesora por el pueblo; su comunicación con Dios era permanente a través de la oración. TODO, él lo resolvía clamando a su Dios, y esperaba que siempre le respondiera. Desde la libertad del pueblo, el paso del Mar Rojo (Éxodo 14:15-18), pide perdón por los pecados del pueblo (Éxodo 32:30-32), intercede por el pueblo (Números 14:1-5, 11-20; 21:4-9), por sanidad por enfermedad (Números 12:1, 9-13), por su cuidado y dirección en su caminar por el desierto, los problemas y dificultades que se presentaban. Les bendice antes de morir (Deuteronomio 33:1-29). Moisés vivió siendo como Cristo, quien de igual modo reflejó una vida de oración incesante que marcó su prioridad en todo momento. Jesús también intercedió por los suyos antes de partir (Juan 17:1-26).

A pesar de que al final de su jornada Moisés fue amonestado por Dios, por no hacer lo que el Padre le había ordenado, y tuvo como consecuencia no entrar a la tierra prometida (Deuteronomio 32; 48-52; 34:1-6), podemos observar que el secreto de la relación de Dios con Moisés y el crecimiento de su personalidad radicaron en su obediencia, su Fe y oración perseverante, lo que lo convirtió en un gran líder y pastor. Moisés fue un hombre con pasiones y deseos, igual que tú y yo, que glorificó tanto a Dios en su caminar y halló gracia en sus ojos. Procuremos que nuestra vida exalte el nombre de Dios y sea una vitrina del fruto del Espíritu, manteniendo siempre firme la Fe en Cristo, buscándolo incesantemente y obedeciendo su Palabra, que es Fiel y Verdadera.

 

 

Julissa García

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