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25 de Junio de 2019

¿Cómo saber si soy una “compradora compulsiva”?

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Cuando pienso en las mujeres de la Biblia, y en sus retos, no me imagino cómo se enfrentarían a un mundo como el nuestro saturado de ofertas por todas las vías posibles. Hace años que no es necesario salir a la calle para comprar y de esa misma forma, tampoco lo es para ser bombardeadas por vendedores de productos que son, en muchos casos, tan tentadores como innecesarios. Los anuncios comerciales cruzaron los límites de la radio y televisión y han llegado a nuestros teléfonos, donde vivimos, nos guste o no, instaladas la mayor parte del tiempo.

Años atrás impartía la asignatura de psicología del consumidor en la universidad, cada cuatrimestre al finalizar escuchaba el testimonio de uno o dos estudiantes que luego de haber sido confrontados con su forma de comprar habían cambiado sus hábitos y disfrutado los beneficios. Como creyentes estamos llamadas a vivir una vida que honre al Dios que adoramos y, por ende, evaluar con cierta frecuencia si nuestro estilo de vida evidencia que es a Él a quien servimos y no a nosotras mismas, ¿reflejan esto tus compras? Examinemos nuestros corazones con las siguientes preguntas.

¿Dónde están tus riquezas?

19 No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; 20 sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; 21 porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Vamos detrás de aquello que consideramos nos aporta un valor, porque carecemos de él o porque ocupa uno de los primeros lugares en nuestra lista de prioridades. Muchas veces el considerar las riquezas de este mundo como algo valioso nos lleva a ir tras ellas y consumir nuestro tiempo y recursos en obtenerlas. Pero como dice el podcast del pastor Miguel Núñez, no es tan simple como parece. Quizás dirás, “para mí no es tan importante tener esta o aquella cosa”, y es que muchas veces no es la cosa en sí misma sino lo que creemos que nos aporta poseerla, por ejemplo: aceptación, reconocimiento, pertenencia, prestigio, seguridad, relaciones y la lista sigue y sigue. Si estas cosas son los “bienes” que consideramos más importantes entonces hemos comprado el concepto de riqueza de este mundo y posiblemente estas son las que nos esforzaremos en conseguir.

¿Por qué compras?

Cuando vas a las tiendas o compras por internet, ¿qué motiva tu corazón? ¿Qué representa para ti tener cosas de una marca determinada o un clóset lleno? Cuando compras, ¿vas con una lista y te acoges a ella, ¿te mueves por tus necesidades o por tus deseos? Un deseo elevado de comprar surge de un corazón que ve en el poseer bienes materiales un valor elevado.

¿Quién te define?

En ocasiones, no solo compramos el concepto de riqueza que el mundo nos vende sino que además, aceptamos su definición sobre nosotras mismas. Si es el mundo quien te define, será muy simple que sus valores te digan si vales o no, usualmente ese valor viene determinado por tener algo: títulos, posición social, bienes materiales… En este mundo “mientras más tienes, más eres”. Con frecuencia esas reglas se filtran sutilmente al pueblo de Dios donde queremos estar a la “altura” de algunos hermanos con mejor posición económica. Lo que Dios dice de ti, en contraste, está determinado por aspectos muy distintos.

¿Qué anhelas?

Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis? Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; 29 pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos. 30 Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? 31 Por tanto, no os preocupéis, diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿qué beberemos?” o “¿con qué nos vestiremos?” 32 Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis de todas estas cosas.

Demos un viaje a un lugar tenebroso, definido por la Palabra como “engañoso y perverso”; el centro de tu corazón, miremos bien, ¿cuáles son tus deseos más profundos? En un mundo caído como el que vivimos, cuando nuestras almas no están completamente satisfechas en Cristo, buscamos asiduamente que el vacío causado por nuestros anhelos insatisfechos sea llenado por posesiones, cayendo en la trampa engañosa de igualar el tener con el ser.

Otra extraña costumbre de nuestro corazón es su tendencia a “autocomplacerse” a través de adquirir nuevas cosas cuando sus deseos no son satisfechos. Muchos de nuestros centros comerciales están llenos de personas buscando lidiar con sus frustraciones y dolor a través de la obtención de cosas nuevas. ¿Eres tú una de esas personas?

Reconsidera la forma en que compras:

Ninguna de nosotras está libre de caer en estas trampas, de buscar de este lado del sol lo que solo está del otro. A todas nos falta el dominio propio de vez en cuando y todas hemos aunque sea una vez olvidado que solo somos administradoras de los recursos que Dios nos da y los hemos usado sin considerarle o consultarle, como casadas, como solteras, la raíz es la misma.

Después de venir al Señor en arrepentimiento y pedirle que conceda dominio propio y procurar ejercitarlo, te invito a realizarte las siguientes preguntas antes de realizar tu próxima compra:

Al comprar pregúntate: 1. ¿Lo necesito? 2. ¿Lo necesito ahora? 3. Si lo necesito ahora, ¿hay algo igual que pueda conseguir a un menor precio? 4. ¿A quién estoy buscando agradar con esta compra?

 

 

Clara Nathalie Sánchez

Clara Nathalie Sánchez es una pecadora salva por la gracia del Señor, es miembro de la Iglesia Bautista Internacional donde sirve en el ministerio de Escuela Bíblica Dominical. Es psicóloga clínica de profesión e inspira a la mujeres y jóvenes a estudiar la Biblia de manera creativa a través del ministerio Diario Bíblico.

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